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El presidente Donald Trump firmó este viernes una nueva orden ejecutiva que amplía y refuerza las sanciones contra el Gobierno de Cuba, al considerar que sus acciones continúan representando “una amenaza inusual y extraordinaria” para la seguridad nacional y la política exterior estadounidense, según informó La Casa Blanca.
La medida se basa en la emergencia nacional previamente declarada en enero de este año y apunta directamente a sectores clave de la economía cubana, como energía, defensa, minería, servicios financieros y seguridad.
La orden permite bloquear todos los bienes e intereses en territorio estadounidense de personas y entidades vinculadas al Gobierno cubano o que le brinden apoyo material, financiero o tecnológico.
Entre los objetivos de las sanciones se incluyen funcionarios actuales y pasados del régimen, entidades estatales, así como individuos implicados en violaciones graves de derechos humanos o en actos de corrupción relacionados con la isla.
Además, la normativa prohíbe la entrada a Estados Unidos de las personas señaladas, salvo excepciones por interés nacional, y autoriza sanciones contra instituciones financieras extranjeras que faciliten transacciones con los sancionados.
El documento también refuerza la prohibición de realizar transacciones o donaciones a favor de los individuos o entidades designados, y establece que no será necesaria una notificación previa para aplicar estas medidas, con el fin de evitar la transferencia inmediata de activos.
El Departamento del Tesoro y el Departamento de Estado serán los encargados de implementar y supervisar las disposiciones, así como de presentar informes periódicos al Congreso sobre su ejecución.
La administración estadounidense sostiene que estas acciones responden tanto a amenazas contra sus intereses como a la defensa de los valores democráticos y los derechos humanos.
Un funcionario de la Casa Blanca advirtió a Reuters que «Cuba provee un entorno permisivo para operaciones hostiles de inteligencia extranjera, militares y terroristas a menos de 100 millas del territorio estadounidense».
Desde enero de 2025, la administración Trump ha acumulado más de 240 sanciones contra el régimen cubano e interceptado al menos siete tanqueros con destino a la isla.
El impacto sobre la economía cubana ha sido devastador: apagones de hasta 25 horas diarias en más del 55% del territorio y una contracción económica proyectada del 7,2% para 2026, según la Unidad de Inteligencia de The Economist.
Trump ha declarado en múltiples ocasiones que «Cuba es la próxima» tras Venezuela e Irán, aunque sin precisar qué acciones concretas planea tomar contra la isla.
El pasado 30 de marzo, el presidente afirmó que Cuba «en poco tiempo va a fracasar» y que Estados Unidos «estará allí para ayudarla».
El secretario de Estado Marco Rubio también ha advertido que Washington no permitirá que ningún aparato de seguridad extranjero opere con impunidad a 90 millas de territorio estadounidense.
Estados Unidos exige históricamente que Cuba abra su economía, pague reparaciones por propiedades expropiadas bajo Fidel Castro y celebre elecciones libres y justas; el régimen ha respondido que su sistema socialista no está sujeto a negociación.
La Casa Blanca ha insistido en que el régimen cubano está destinado al fracaso y que la nueva orden ejecutiva firmada este viernes representa una vuelta de tuerca más en esa estrategia de presión máxima.
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