
El gobierno venezolano encabezado por Delcy Rodríguez fue invitado como país especial a las reuniones ministeriales del G20 sobre «abundancia energética» que arrancaron este lunes en Houston, Texas, según confirmó la Casa Blanca.
Venezuela no es miembro del grupo, pero su presencia refleja el nuevo eje energético que Washington busca construir en el hemisferio occidental tras la captura de Nicolás Maduro.
La cita, que se extiende hasta el miércoles, reúne a delegaciones de las 20 mayores economías del mundo —entre ellas China, India, Japón, Alemania, Canadá y Arabia Saudita— y fue convocada en el marco de la presidencia estadounidense del G20, cuya cumbre principal está programada para Miami en diciembre.
Venezuela fue invitada al foro energético en Houston pese a no integrar el bloque, en lo que la agencia EFE interpreta como una señal del giro diplomático que ha protagonizado Caracas desde principios de año.
El secretario del Interior de EE.UU., Doug Burgum, explicó el objetivo estratégico del encuentro en una entrevista con Fox Business: «Tenemos aquí a todos los países del G20, además de Venezuela. Se trata de que el centro geopolítico del petróleo se traslade fuera de Oriente Medio —con todas estas dudas sobre las perturbaciones en Oriente Medio— al hemisferio occidental».
Según un reporte de Bloomberg, la delegación venezolana está encabezada por la ministra de Hidrocarburos Paula Henao y el vicepresidente ejecutivo de PDVSA, Jovanny Martínez. Ambos no participarán en las sesiones ministeriales formales cerradas, sino en reuniones bilaterales, eventos paralelos y foros industriales.
El acercamiento entre Washington y Caracas se aceleró tras la captura de Maduro por fuerzas estadounidenses el 3 de enero de 2026.
A finales de agosto, Trump anunció un histórico acuerdo petrolero con Venezuela que otorga concesiones por 100 años sobre 17 yacimientos venezolanos a la empresa North American Blue Energy Partners (NABEP), con reservas estimadas en 65,000 millones de barriles.
Bajo ese pacto, la Oficina de Capital Estratégico del Pentágono obtuvo una participación accionaria del 35% en la matriz de NABEP, y EE.UU. se aseguró el derecho a comprar el 20% de la producción a precio de costo. Rodríguez calificó el convenio de «hito histórico».
La reunión de Houston ocurre en un momento de alta tensión en los mercados energéticos globales. Desde que EE.UU. e Israel atacaron a Irán en febrero de 2026, el barril Brent superó los 100 dólares y el galón de diésel en EE.UU. llegó a un promedio récord de 6,2 dólares, según la Asociación Estadounidense del Automóvil, frente a los 3,70 dólares registrados antes del conflicto.
Esa presión sobre los precios complica el abastecimiento en Europa y genera un costo político creciente para Trump, cuyo Partido Republicano teme una derrota en las elecciones legislativas de noviembre de 2026. Burgum subrayó que el debate en Houston «girará en torno a aumentar la producción y la refinación, no a su cierre, como ocurrió durante la presidencia de Biden».
La presencia de funcionarios rusos en el evento también generó malestar entre los aliados europeos de Ucrania, quienes ya habían expresado su decepción cuando el ministro de Finanzas ruso, Antón Siluánov, apareció en una reunión del G20 dos semanas atrás.
La estrategia de Washington de priorizar el acceso a recursos energéticos por encima de las consideraciones geopolíticas tradicionales profundiza las tensiones con sus socios del bloque atlántico.
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