
El Tercer Cuerpo de Ejército de Ucrania marcó un hito sin precedentes en la guerra moderna al desplegar robots terrestres kamikaze detrás de las líneas rusas mediante drones bombarderos pesados, en el marco de la Operación Vivaldi en el norte del óblast de Donetsk.
El comandante del cuerpo, el teniente general Andrii Biletskyi, describió la maniobra como una primicia mundial: «El Tercer Cuerpo de Ejército fue el primero en el mundo en comenzar a desembarcar sistemas robóticos terrestres. Nuestros drones bombarderos pesados entregan drones terrestres suicidas a más de 10 kilómetros en la retaguardia del enemigo».
El medio ucraniano RBC Ukraine matizó que la entrega aérea de robots terrestres no era completamente nueva para las fuerzas ucranianas, pero precisó que sí era «la primera vez que se ha utilizado para sistemas robóticos terrestres kamikaze no tripulados a esa distancia».
Acorde al reporte de Newsweek, la táctica consistió en lanzar una oleada de vehículos terrestres no tripulados (UGV) y drones por delante de la infantería, a más de diez kilómetros dentro de la retaguardia táctica rusa, para golpear puestos de mando, centros de comunicaciones, logística, cruces y reservas enemigas antes de que avanzaran las tropas de asalto.
Mientras los robots sembraban el caos en la retaguardia rusa, los sistemas de defensa antiaérea y guerra electrónica ucranianos crearon lo que el propio Cuerpo denominó una «cúpula protectora» que suprimió los drones enemigos e impidió que Moscú detectara el plan de operaciones.
«El enemigo cegado no pudo revelar el plan de la operación, y nuestras unidades se atrincheraron en las fronteras liberadas», señaló el Tercer Cuerpo en un comunicado en Telegram.
La filosofía detrás del despliegue quedó resumida en otra declaración del Cuerpo: «Las guerras las gana la infantería, pero protegemos a nuestros infantes, así que los robots van primero al enemigo».
Esta segunda fase de la Operación Vivaldi, confirmada el domingo, también arrojó resultados territoriales concretos: tres localidades al noroeste de Lyman —Shandryholove, Derylove y Drobysheve— quedaron bajo control ucraniano, sumando unas 19 millas cuadradas adicionales liberadas.
Biletskyi cifró en más de 800 los soldados rusos eliminados durante esta fase, con pérdidas totales —muertos, heridos y capturados— superiores a 3,000 efectivos.
Desde el inicio de la Operación Vivaldi, el Instituto para el Estudio de la Guerra (ISW) confirmó la liberación de 125 kilómetros cuadrados de territorio ucraniano, de los cuales 50 km² fueron desocupados. Biletskyi añadió que sus fuerzas están desgastando simultáneamente a tres ejércitos rusos: el 20.º, el 25.º y el Primero de Tanques.
El objetivo estratégico de la operación, desarrollada durante el verano de 2026, fue detener el saliente ruso al norte de Lyman que amenazaba con rodear el llamado «Cinturón Fortaleza», el conjunto de ciudades fuertemente defendidas —Sloviansk, Kramatorsk, Druzhkivka y Kostiantynivka— que constituyen el eje central de la defensa ucraniana en el Donbás.
Este despliegue se inscribe en una tendencia más amplia: Ucrania ha convertido los robots terrestres en un pilar de su doctrina de combate, con más de 22,000 misiones ejecutadas en los primeros tres meses de 2026 y el Ministerio de Defensa adquiriendo 25,000 sistemas robóticos terrestres en la primera mitad del año.
En abril, el presidente Volodimir Zelenski ya había anunciado que por primera vez en la guerra una posición enemiga fue tomada exclusivamente con plataformas no tripuladas, sin infantería y sin bajas propias.
El analista militar Giorgi Revishvili advirtió, sin embargo, que los éxitos locales ucranianos no modificarán las exigencias maximalistas del Kremlin. «Consecuentemente, hay pocas perspectivas de negociaciones reales, al menos hasta la próxima primavera», señaló a Newsweek.
El general retirado australiano Mick Ryan fue más amplio en su valoración: «Podríamos estar acercándonos, o en medio de, un cambio hacia una nueva fase de esta guerra».
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