
Un testimonio publicado por el medio independiente elTOQUE expuso desde adentro el sistema de vigilancia que la Contrainteligencia Militar (CIM) ejercía sobre trabajadores y turistas en los hoteles de Cayo Santa María, donde el conglomerado castrense GAESA controla un monopolio turístico que hoy acumula más de 20 instalaciones cerradas.
Según el relato de Jenny Mirabal Gómez —un extrabajador que se desempeñó como animador y luego como guía de Gaviota Tours entre 2009 y 2016—, la CIM tenía una oficina instalada junto a las habitaciones de los animadores en el hotel donde trabajaba.
Sus agentes no vestían uniformes militares, pero eran identificables por sus motos Suzuki y los típicos polos a rayas o camisas a cuadros. «No se olviden de que a pesar de no estar vestidos de uniforme militar, somos trabajadores civiles del ejército», era una frase que, según el testimonio de Mirabal Gómez, se repetía de forma incontable en las reuniones internas de Gaviota.
La CIM no solo monitoreaba a turistas considerados sospechosos: su principal objetivo eran los propios empleados. Cualquier relación entre trabajadores y visitantes extranjeros era vigilada de forma estricta, y las infracciones podían derivar en expulsión o en causas ante la Fiscalía militar.
Antes de incorporarse oficialmente como guía de Gaviota Tours, el autor fue sometido a una investigación exhaustiva que incluyó consultas en su barrio y en centros de estudio anteriores para verificar su «actitud revolucionaria».
Mirabal Gómez estuvo a punto de ser rechazado porque su padre había cumplido prisión, y solo tras un extenso alegato personal logró ser admitido. «No puedo imaginar cuántos casos fueron denegados sin tener derecho a esclarecimiento alguno», escribió.
El relato también expuso la arbitrariedad con que GAESA tomaba sus decisiones de inversión.
En 2009, el presidente de Gaviota S.A. visitó Cayo Santa María para «debatir» la construcción de llamados «pueblos turísticos» extrahoteleros, ignoró la opinión mayoritaria de los trabajadores y zanjó el debate con una frase que resume la lógica del conglomerado: «No queremos el dinero de los cubanos, el dinero que queremos es el de los turistas internacionales». Los pueblos se construyeron para 2011 y fracasaron.
Las brechas salariales que describió el testimonio ilustran otra contradicción del sistema: un director general extranjero de Meliá Hoteles podía cobrar entre 5,000 y 6,000 dólares mensuales, mientras su homólogo cubano recibía poco más de 1,000 pesos cubanos —unos 40 dólares—. Los empleados ganaban entre 10 y 30 dólares al mes y dependían de las propinas para sobrevivir, sin ninguna red de protección ante una enfermedad o un accidente.
El desbalance entre inversión hotelera y bienestar social —también denunciado por el extrabajador— tiene cifras concretas: en 2023, la Oficina Nacional de Estadísticas e Información registró 2,325 millones de pesos destinados a hoteles y restaurantes frente a apenas 583 millones para salud y asistencia social, una diferencia de casi cuatro a uno que el régimen nunca ha explicado públicamente.
El colapso del sector es hoy visible: en febrero de 2026, Gaviota cerró 20 hoteles en Cayo Santa María, dejando a más de 7,000 trabajadores cesantes.
Entre los hoteles paralizados está The One Gallery, un establecimiento de cinco estrellas inaugurado en 2023 y vinculado al empresario cubanoamericano Boris Arencibia, condenado a 57 meses de prisión por tráfico de medicamentos adulterados y lavado de dinero.
Para disimular su origen militar ante ese proyecto proveniente de Estados Unidos, Gaviota llegó a borrar temporalmente toda identificación gráfica con GAESA: cambió uniformes, calcomanías de autobuses y dejó de llamarse Gaviota.
Las sanciones de Washington aceleraron el derrumbe: el primero de mayo, el presidente Donald Trump firmó la Orden Ejecutiva 14404 con sanciones secundarias para empresas extranjeras con vínculos comerciales con GAESA, y el Departamento de Estado designó al conglomerado y a su presidenta Ania Lastres Morera.
Cadenas como Meliá e Iberostar comenzaron a retirarse antes de que venciera el plazo del 5 de junio.
El resultado es un polo turístico fantasma: en los primeros siete meses de 2026, Cuba recibió apenas 420,000 visitantes extranjeros, un 63 % menos que en el mismo período del año anterior.
«Miles de millones de dólares en inversiones en total desuso, mientras el pueblo agoniza entre apagones y escasez de todo producto básico», concluyó el testimonio publicado por elTOQUE.
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