
Un análisis publicado por el Miami Herald señala que las recientes filtraciones sobre planificación militar estadounidense en torno a Cuba responden a una estrategia deliberada de presión, no a una operación inminente.
Así lo sostiene Brian Fonseca, Vicerrector de Investigación en Defensa y Seguridad Nacional de la Universidad Internacional de Florida (FIU), en declaraciones recogidas por la periodista Nora Gámez Torres en un reportaje publicado el lunes.
El detonante inmediato fue un reporte de CBS News publicado el viernes que reveló un mensaje interno de la Reserva del Ejército de EE.UU. en el que se evaluaba si podía proveer al Comando Sur unidades de policía militar, personal médico, ingenieros y apoyo logístico en un plazo de 90 a 120 días.
El documento no menciona a Cuba por nombre, pero múltiples funcionarios estadounidenses, hablando en anonimato, confirmaron a CBS que la solicitud forma parte de la planificación militar continua vinculada a la isla.
Fonseca es categórico sobre el perfil de esas unidades: «Lo que parece ser el caso es que la planificación gira en torno a activos militares que apoyarían algún tipo de respuesta humanitaria o intervención».
En efecto, las formaciones mencionadas —policía militar, médicos, ingenieros, logística— corresponden funcionalmente a misiones de estabilización, asistencia humanitaria y reconstrucción, no a unidades de combate ofensivo.
Pero el experto va más allá del análisis operativo. Para Fonseca, las filtraciones cumplen un doble propósito político: «También buscan enviar un mensaje a la base electoral doméstica que tiene expectativas de cambio justo antes de las elecciones de mitad de período».
Esta lectura encaja con la estrategia que el propio Fonseca atribuye al secretario de Estado Marco Rubio: «Rubio busca una estrategia negociada. Tampoco busca un cambio rápido y disruptivo. Dijo durante el verano que no esperen que el cambio ocurra ahora; va a ser hacia el final de la administración».
«Está tratando de gestionar expectativas. Creo que eso es parte del asunto doméstico en juego: fijar expectativas entre la base del sur de Florida, que es ardientemente republicana, antes de las elecciones», añadió el especialista.
El presidente Donald Trump restó importancia a la posibilidad de una acción militar el sábado, al declarar a periodistas: «Diría que Cuba y nosotros haremos un trato. No creo que necesitemos el ejército». Añadió que «Cuba está fallando muy mal» y que Washington quiere «abrir Cuba» a los cubanoamericanos que desean regresar.
La respuesta del régimen cubano llegó al día siguiente. El viceministro de Relaciones Exteriores, Carlos Fernández de Cossío, calificó ante C-SPAN cualquier uso de fuerza militar como «un crimen internacional atroz» y reconoció, en una admisión inusualmente franca, que Cuba podría enfrentar sola un ataque, en referencia a la tibia respuesta de sus aliados tradicionales, Rusia y China, ante la presión estadounidense.
Las filtraciones de septiembre se suman a un reporte previo de julio en el que CBS informó que planificadores del Pentágono habían examinado opciones que incluían un asalto aéreo liderado por la 101.ª División Aerotransportada, sin que hubiera decisión final.
En mayo, según reveló Axios, el Comando Sur ya había realizado un ejercicio de mesa multiagencial con planes de acción sobre Cuba, aclarando en ese momento que no había invasión planeada ni inminente.
En la semana de la Asamblea General de la ONU, Trump calificó a Cuba de «estado absolutamente fallido» y predijo que el país «caerá», mientras Rubio ofreció al régimen una «oportunidad de oro» para avanzar hacia la libertad política y económica, con la promesa de que Washington podría trabajar con actores cubanos cuyas manos no estuvieran «manchadas de sangre».
Fonseca había advertido en abril que una intervención militar en Cuba sería relativamente sencilla desde el punto de vista operativo, dado el deterioro del equipamiento militar cubano, pero que el verdadero desafío vendría después, en la transición política post-intervención.
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