
El criminal régimen comunista que oprime y reprime al pueblo cubano ha intensificado en estos días sus acciones represivas e intimidatorias. Busca paralizar las crecientes manifestaciones de un pueblo cansado de la opresión y de la miseria. Un pueblo que quiere vivir con derechos, en libertad, en democracia y con bienestar. Un pueblo harto de los apagones, de la crisis sanitaria, de la insalubridad, de la escasez de alimentos y de agua, del colapso del transporte, del deterioro de la vivienda y de las carencias de todo tipo.
Ayer, el "Tribunal Municipal Popular" de La Habana del Este condenó a dos años de limitación de libertad a Ana Sofía Benítez Silvente, conocida como Anna Bensi, y a su madre, Caridad Silvente Laffita. Las declaró culpables de "actos contra la intimidad personal y familiar" por grabar y difundir la visita de un agente del Ministerio del Interior que llegó a su vivienda, en Alamar, a entregar una citación de la Seguridad del Estado. No empuñaron un arma. Empuñaron un teléfono para defender del acoso por pensar y opinar diferente a quienes tiranizan a la nación.
La condena buscaba intimidar a quienes se expresan con valor. Pero les salió contraproducente. Decenas de cristianos de distintas denominaciones se dieron cita junto al tribunal. La fuerza represiva detuvo con violencia al pastor Rolando Pérez Lora, el Pregonero de Cristo, cuando iba a acompañarlas y retuvo a otros para impedir que muchos llegaran. No lo logró. Fue un símbolo de dignidad ver a esos cristianos orar en la calle por Anna Sofía, por su madre y por Cuba, y oír que Cuba es para Cristo. Decir eso es decir que Cuba no es para la diabólica obra de la familia Castro.
El mismo día, el régimen dio a conocer la petición fiscal contra los jóvenes holguineros del proyecto El4tico. La Fiscalía Provincial de Holguín pide ocho años de privación de libertad para Ernesto Ricardo Medina y diez para Kamil Zayas Pérez, por propaganda contra el orden constitucional, difamación de las instituciones y de los llamados héroes y mártires, e instigación a delinquir. El Tribunal Provincial ordenó el juicio oral. Llevan ocho meses en prisión provisional, detenidos desde el 6 de febrero, por decir desde una habitación lo que millones piensan, pero callan.
El mensaje es claro: o se callan y sufren en silencio, o terminan en prisión. Y las cárceles cubanas son un infierno, campos de concentración estilo nazi en pleno siglo XXI. También esto le va a resultar en fracaso. Arrestan a uno y alzan la voz diez. Arrestan a diez y alzan la voz cien. No se puede vivir con dignidad en silencio cuando el régimen deja morir de hambre y de falta de atención médica a nuestros ancianos, y encarcela a quien pide corriente, alimentos o agua. Vivir de rodillas ante la injusticia es inmoral. Es indecoroso.
El régimen lo sabe. En el capítulo quinto de "El arte de la guerra", Sun Tzu enseña que cuando un ejército posee la fuerza del ímpetu, incluso el tímido se vuelve valiente, y que cuando la pierde, incluso el valiente se convierte en tímido. Por eso no le basta con reprimir, condenar y someter a hambre extrema y todo tipo de torturas. Para matar el ímpetu mueve a sus agentes en las redes para que confundan, critiquen, difamen, calumnien y desanimen. Restan mérito a cada acción digna y valiente. Ya ponen en duda la legitimidad y la dignidad de Ana Sofía Benítez Silvente, como si alzar la voz fuera un defecto y no una virtud.
Ayer, mientras unos oraban en La Habana, un número considerable de cubanos hizo un esfuerzo enorme y viajó hasta Washington. Se manifestaron a favor de la política de máxima presión de la administración estadounidense contra el régimen castrista y pidieron al presidente de los Estados Unidos que actúe para liberar a Cuba, bajo la consigna Do it, Trump, do it: hazlo, Trump, hazlo. Vinieron desde muy lejos, en un día laborable, a pesar de la distancia y de los compromisos. Yo deseaba grandemente estar allí, pero me encontraba en México, y mientras la manifestación ocurría volaba hacia Nueva Jersey. Por eso no pude estar. Cientos, miles, hubieran querido estar y no pudieron. Estuvimos de corazón, y apoyamos en las redes a los centenares que sí llegaron.
Los encargados de matar el ímpetu ya dicen que fue un fracaso: que si fueron cuatro, que si fueron diez, que si fueron cien. No importa si fueron cien, doscientos o quinientos. Lo que importa es que fueron. Lo que importa es que hay cubanos patriotas preocupados por la crisis que el castrocomunismo le ha impuesto al pueblo, una crisis que mata ancianos, mujeres, niños y personas de toda edad: hambre extrema, enfermedades infecciosas, escasez de medicamentos, pésima atención médica, agua no potable y carencias de todo tipo, más la falta de derechos y la represión brutal. Eso es un crimen.
Quienes se dedican a ver faltas y fracasos en todo, consciente o inconscientemente, trabajan para la tiranía. Le hacen el juego. Es bochornoso que, cuando tantos mueren y tantos se han visto obligados a abandonar su país, haya quienes desanimen y traten de matar el ímpetu necesario para la victoria. Más infame resulta ver a cubanos que salieron en busca de libertad y de una vida mejor dedicarse a criticar de manera malintencionada toda labor por la libertad, la democracia y el bienestar de los que sobreviven en la Isla.
Hay que apoyar a todos los que luchan y se sacrifican en primera fila. A los más de ochocientos cuarenta presos políticos que están en las cárceles y a todos los sancionados por motivos políticos, que suman más de mil trescientos, a los de El4tico, a Anna Sofía y a su madre, a los cristianos que fueron a acompañarlas. A Alexander Verdecia Rodríguez, por cuarta ocasión en prisión por su activismo. A Roilán Álvarez Rensoler, preso de nuevo en Holguín. A Lizandra Góngora Espinosa, madre de cinco hijos, condenada a catorce años por el 11J. A Félix Navarro, símbolo de la resistencia cubana, y a su hija Saylí Navarro. No se trata de apoyar a unos más que a otros. Se trata de apoyarlos a todos, con el mayor ímpetu, porque la solidaridad es vital para que cualquier causa justa triunfe.
Hay que apoyar a quienes siguen en las calles de Cuba, a los opositores pacíficos, a los disidentes, a los periodistas independientes, a las madres que protestan y cierran calles valientemente, a los ciudadanos que se manifiestan y publican en las redes. La cuestión es cerrar filas en un solo frente, fuerte y dinámico, que con ímpetu enfrente a la tiranía en todos los terrenos.
Dedicarse a desanimar, desacreditar, desinformar y confundir a los cubanos que quieren una Cuba libre, democrática, justa y próspera es cobarde, infame y bochornoso. Hay que combatirlo. No podemos permitir que esas campañas maten el entusiasmo y terminen convirtiendo al valiente en tímido. Unos animan. Otros desaniman. El régimen apuesta al miedo y a la confusión. El pueblo apuesta a no callar. Por eso avanzamos y triunfaremos.
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