
Las llamadas solineras han pasado en pocos meses de ser instalaciones aisladas para recargar vehículos eléctricos a convertirse en pequeños centros energéticos donde los cubanos intentan resolver necesidades tan básicas como cargar un teléfono, encender un ventilador o cocinar durante los prolongados apagones.
Pero no existe una red nacional uniforme ni un tarifario único. Las instalaciones tienen capacidades, propietarios y precios diferentes, y las propias estadísticas oficiales mezclan en ocasiones solineras, estaciones solares de carga y centros comunitarios de servicios.
Una revisión de reportes oficiales, publicaciones locales y proyectos que ya están funcionando permite, sin embargo, dibujar un mapa aproximado de dónde se concentra este nuevo modelo energético y cuánto cuesta utilizarlo.
Villa Clara: la mayor concentración conocida
Villa Clara es el territorio donde la expansión está más documentada. En septiembre, autoridades provinciales reportaron 50 solineras y estaciones de carga distribuidas por los 13 municipios, con unas 5,000 familias beneficiadas diariamente.
La cifra debe leerse con una precisión: el reporte agrupa bajo un mismo balance diferentes tipos de estaciones solares, por lo que no necesariamente todas tienen las mismas prestaciones.
Según datos de la Oficina Nacional para el Control del Uso Racional de la Energía (ONURE), una instalación típica en la provincia dispone de unos 10 kilovatios de potencia y 20 kilovatios-hora de almacenamiento, aunque existen centros de mayor capacidad.
Los servicios comunitarios de carga de teléfonos, lámparas y ventiladores, además de la cocción de alimentos, se ofrecen generalmente gratis, mientras que la recarga de motorinas, triciclos y automóviles es de pago.
El modelo comunitario comenzó a crecer con la apertura en abril de la primera solinera de Villa Clara para uso colectivo, instalada en el consejo popular Virginia, en Santa Clara.
El reporte oficial de Granma sobre aquella instalación detalló que podía cargar seis vehículos simultáneamente y conectar hasta 52 equipos de cocción. La preparación de alimentos se ofrecía gratuitamente.
Desde entonces aparecieron instalaciones privadas y comunitarias en distintos puntos de Santa Clara y otros municipios.
Entre ellas destaca Solguara, en la salida de Santa Clara hacia la Autopista Nacional, presentada como la primera estación cubana con carga rápida y ultrarrápida para vehículos eléctricos. En agosto se reportaron precios de 1,000 CUP cuando el usuario utiliza su propio cargador y una tarifa anunciada por el establecimiento para utilizar sus equipos, mientras la carga de celulares, ventiladores y lámparas permanecía gratuita.
Holguín: tarifas entre 50 y 500 CUP por hora
Holguín ofrece uno de los ejemplos más claros de cómo funciona el negocio privado de las solineras.
La estación El Girasol, operada por la mipyme Frenas Conmigo en el consejo popular Alcides Pino, abrió en junio con unos 30 kilovatios en inversores y 60 kilovatios-hora de respaldo en baterías.
Su lista de precios permitió conocer uno de los primeros tarifarios públicos detallados de este tipo de instalaciones.
La carga de una motorina cuesta 250 CUP por hora y la de un triciclo eléctrico 300 CUP por hora. Para otros equipos las tarifas conocidas oscilan entre 50 CUP por hora para dispositivos pequeños y 500 CUP por hora para estaciones portátiles de más de 2,000 vatios.
En cambio, cargar teléfonos celulares, pequeños ventiladores recargables y determinadas lámparas se ofrece gratuitamente.
Los precios generaron debate entre residentes porque el sistema cobra por tiempo de conexión y no necesariamente por la cantidad real de energía suministrada.
CiberCuba documentó anteriormente la polémica por las tarifas de El Girasol, donde usuarios cuestionaron cuánto puede costar completar la batería de determinados equipos en comparación con los ingresos de un trabajador estatal.
Guantánamo: de cargar una motorina a cocinar durante el apagón
Guantánamo está desarrollando un modelo diferente, basado en centros comunitarios de carga y servicios que funcionan con paneles solares y baterías.
El plan inicial contemplaba una veintena de centros en la ciudad cabecera. Un reporte oficial publicado en mayo explicó que tendrían alrededor de 30 kW de capacidad fotovoltaica y unos 60 kWh de respaldo, con espacios para motorinas, triciclos, teléfonos, lámparas, ventiladores y equipos de cocina.
Para comienzos de septiembre ya se habían confirmado al menos seis centros operativos entre la ciudad de Guantánamo, Maisí e Imías.
En uno de los centros privados de la capital provincial se reportó una tarifa de 300 CUP por hora para una motorina y 200 CUP para cargar una estación portátil tipo EcoFlow.
La carga de lámparas y ventiladores puede ser gratuita, especialmente para personas vulnerables. Algunas instalaciones añaden servicios que van más allá de la energía: cocción de alimentos, refrigeración temporal de productos, cafetería e incluso prestaciones comunitarias vinculadas al cobro de pensiones.
El modelo guantanamero muestra también una combinación de propiedad privada y estatal. Los primeros centros de la ciudad fueron gestionados por mipymes, mientras que posteriormente abrió al menos uno administrado por una empresa estatal.
La Habana: solineras privadas y proyectos todavía incompletos
En La Habana también existen proyectos de características muy distintas.
Uno de los casos operativos mejor documentados se encuentra en Playa Mégano, al este de la capital, donde un emprendimiento privado instaló 24 paneles solares, baterías e inversores para cargar automóviles pequeños, motorinas y triciclos.
La instalación podía atender hasta unos 60 vehículos diarios y cobraba, según el tipo y consumo del vehículo, entre 2 y 5 dólares por completar una carga, de acuerdo con un reporte de la agencia EFE realizado a finales de agosto.
La estación también recibe pequeños electrodomésticos y equipos de vecinos de la zona durante los apagones.
Distinto es el caso de la solinera proyectada en 23 y J, en El Vedado, para respaldar los triciclos eléctricos utilizados en el proyecto de recogida de basura El Rampeño.
A finales de agosto todavía no estaba completamente terminada y, semanas después, reportes sobre el proyecto indicaban que contaba con paneles pero seguía dependiendo parcialmente de la red eléctrica por falta de parte del equipamiento de conversión.
Por ello, no resulta correcto incluirla todavía como una estación solar comunitaria plenamente operativa equivalente a las de Villa Clara, Holguín o Playa Mégano.
Las Tunas: la primera está todavía en construcción
Las Tunas es una de las provincias que acaba de incorporarse al mapa.
La terminal Ferro-Ómnibus de la ciudad acoge actualmente la construcción de la primera solinera anunciada en ese territorio, mediante un proyecto conjunto de la Empresa Provincial de Transporte Cardinal y la mipyme privada Vitalcons.
Como informó CiberCuba este sábado, la instalación forma parte de la recuperación de una terminal que arrastra años de deterioro.
Hasta ahora no se ha publicado un tarifario verificable ni un desglose definitivo de los servicios que ofrecerá, por lo que no puede compararse todavía con las estaciones ya abiertas de otras provincias.
Matanzas: nueve fueron anunciadas, pero falta confirmar cuántas funcionan
En mayo, autoridades de Matanzas anunciaron la instalación de nueve puntos solares colectivos para cargar equipos y facilitar la cocción de alimentos durante los apagones.
Sin embargo, la revisión de fuentes públicas realizada para este artículo no permitió comprobar con suficiente precisión cuántos de aquellos nueve proyectos están actualmente terminados y prestando servicio.
Por esa razón, no se incluyen en el conteo de instalaciones operativas verificadas.
No existe una tarifa nacional para las solineras
Los precios disponibles muestran que cada proyecto aplica su propia estructura tarifaria.
Una motorina puede costar 250 CUP por hora en Holguín y 300 CUP por hora en uno de los centros de Guantánamo, mientras una estación privada de La Habana cobra entre 2 y 5 dólares por completar la carga de un vehículo.
En Villa Clara, por otra parte, buena parte de los servicios comunitarios de bajo consumo son gratuitos y los precios de los vehículos dependen del operador.
Tampoco existe públicamente un listado nacional actualizado donde el ciudadano pueda consultar en un solo lugar ubicación, horario, capacidad, tipo de conector y tarifa de todas las estaciones.
Esto dificulta hablar todavía de una auténtica red nacional de recarga. Lo que existe es una constelación de proyectos locales con tecnologías, propietarios y modelos comerciales diferentes.
El Gobierno quiere convertirlas en parte del nuevo modelo energético
Aunque muchas de las instalaciones que más han crecido son impulsadas por mipymes y proyectos privados, el Gobierno cubano incorporó formalmente las solineras a sus transformaciones económicas y energéticas de 2026.
Entre las medidas presentadas ante la Asamblea Nacional figura estimular la instalación de solineras para comercializar la carga de vehículos eléctricos, así como exigir sistemas fotovoltaicos con acumulación en servicentros gestionados por distintos actores económicos.
La expansión actual, por tanto, combina una política oficial de promoción con inversiones privadas que han llenado espacios donde el deteriorado Sistema Eléctrico Nacional no consigue garantizar electricidad continua.
Una solución útil, pero no una respuesta a la crisis eléctrica nacional
Las solineras pueden resolver problemas concretos: mantener un teléfono cargado, cocinar una comida, mover una motorina o permitir que un triciclo continúe trabajando.
Su impacto es visible precisamente porque aparecen en comunidades donde los apagones duran muchas horas y la electricidad doméstica ha dejado de ser un servicio predecible.
Pero incluso decenas de instalaciones comunitarias tienen una escala mínima frente a las necesidades energéticas de millones de personas.
Más que demostrar que la crisis eléctrica está resuelta, el auge de las solineras evidencia hasta qué punto familias y pequeños negocios han tenido que buscar fuentes descentralizadas de electricidad para actividades cotidianas que antes dependían de la red nacional.
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