
El cantautor y diputado oficialista Raúl Torres publicó esta semana en su perfil de Facebook (Raulito Torres Candil) un extenso texto en el que culpa a los críticos del régimen —a quienes llama «odiadores»— de ser los artífices de la debacle cubana, sin mencionar al Partido Comunista ni al gobierno ni una sola vez como factores de la crisis.
Torres, autor de «Cabalgando con Fidel» y de «Patria o Muerte por la Vida» —la canción-respuesta oficialista a «Patria y Vida» que en 2021 acumuló más de 48,000 dislikes frente a unos 4,500 likes en YouTube—, dirige su diatriba contra quienes «han desdeñado el suelo donde nacieron, que han pedido invasiones contra su patria, que tienen en vez de un corazón un monolito frío en el pecho».
El veredicto del trovador es contundente: «aquí está su premio: una Cuba anciana, débil, depauperada y con grandes dolores».
La tesis de Torres es tan sencilla como conveniente para el régimen que lo alimenta: los culpables de que Cuba esté en ruinas son los «odiadores» de la diáspora, no los 67 años de dictadura comunista. Según él, a esa Cuba enferma «le duelen sus hijos enfermos por la falta de medicamentos y recursos, por la falta de alimentos, por la falta de empatía de buena parte del mundo, a quienes ustedes, los odiadores, han ayudado a engendrar desprecios».
El embargo, la mentira y el desdén ajeno: esa es la trinidad causal que maneja el diputado. El Partido Comunista, los ministros, los generales: ni una mención.
Para redondear la épica, Torres traza una distinción filosófica entre el que «denuncia injusticias para que el pueblo sane» —ese ama— y el que «pide cadenas para que el pueblo calle» —ese odia—, y remata con una de sus máximas de autor: «No se puede besar el fruto y maldecir la raíz; no se puede llamar libertad al incendio que devora la casa». Hermoso. Lástima que la casa lleve décadas ardiendo por dentro, con o sin incendiarios externos.
La realidad que Torres omite con tanta elegancia poética es la siguiente: en 2026, cientos de medicamentos esenciales están fuera de stock en Cuba; alrededor de 1,3 millones de jubilados cobran una pensión mínima de 4,000 pesos cubanos o menos —cifra inferior a 6 dólares al cambio informal— mientras hacen largas colas en los bancos, muchas veces sin haber desayunado. Esa es la «Cuba anciana» que Torres describe, aunque en su relato los responsables no visten uniforme verde olivo.
Los internautas no se dejaron llevar por la prosa meliflua del trovador. Uno le espetó sin anestesia: «Usted lo único que ha hecho en su sumisa vida es hacer canciones para alegrarle los oídos a los dirigentes, nunca le has cantado a tu pueblo […] Trabaja y deja la muela que ya no engañan a nadie». Otro le lanzó una pregunta que ningún poema puede esquivar: «los ancianos cobrando una miserable chequera y haciendo colas en los bancos sin desayunar, desfalleciendo de hambre y agotamiento... Dime... ¿de quién es la culpa?».
Un tercer comentario, más escueto y más urgente que toda la publicación de Torres, pedía simplemente: «Libertad para Ana Sofía y su mamá Caridad Silvente», en referencia a la joven influencer cristiana Anna Bensi y su madre, Caridad Silvente, condenadas el jueves último por el Tribunal Municipal Popular de La Habana del Este a dos años de limitación de libertad.
No es la primera vez que Torres oscila entre la defensa del régimen y el reconocimiento a medias de la crisis. En agosto de 2026 propuso las jicoteas como solución al hambre y admitió que «el pueblo está ahí echando su último fuelle», aunque sin señalar jamás al gobierno como responsable.
Ahora, con su post sobre los «odiadores», el diputado-trovador ha dado un paso más: no solo exonera al régimen, sino que convierte a sus críticos en los verdaderos verdugos de Cuba. La patria, según Torres, «es la casa que sigue oliendo a pan aunque le falte harina». Lo que no dice es quién vació la despensa.
Vídeos relacionados:
Archivado en: