
El diario económico surcoreano Seoul Economic Daily reveló en una exclusiva que la mitad del personal diplomático cubano en Seúl regresó a Cuba por orden directa de La Habana, sin que mediara una rotación ordinaria ni se ofreciera una explicación específica a las autoridades surcoreanas.
Dos de los cuatro diplomáticos asignados a la misión abandonaron sus puestos de forma abrupta.
Los únicos funcionarios cubanos que permanecen en Seúl son el embajador Claudio Raúl Monzón Baeza y la consejera Patricia Flechilla Prometa.
La Cancillería surcoreana confirmó que no recibió ninguna explicación específica de la parte cubana sobre las dos salidas.
Una embajada que apenas cumplía un año
La misión diplomática cubana en Seúl había abierto sus puertas el 10 de junio de 2025, un año y cuatro meses después del restablecimiento de relaciones entre ambos países, anunciado el 14 de febrero de 2024 tras más de seis décadas sin vínculos formales.
La apertura de las embajadas en La Habana y Seúl puso fin a una larga ruptura diplomática que se remonta a 1959, cuando el Gobierno de Fidel Castro interrumpió sus relaciones con Corea del Sur y reforzó sus vínculos con Corea del Norte.
Durante décadas, ambos países mantuvieron contactos muy limitados, aunque a partir de 2015 comenzaron algunos acercamientos en áreas económicas, tecnológicas, energéticas y culturales, en paralelo con el proceso de deshielo entre Washington y La Habana.
Aquel acercamiento tuvo una enorme carga simbólica: Cuba había mantenido relaciones con Corea del Norte desde agosto de 1960 y nunca había reconocido formalmente a Seúl.
El Gobierno surcoreano interpretó el restablecimiento de relaciones como un éxito diplomático frente a Pyongyang, que reaccionó guardando silencio y reduciendo las referencias públicas a Cuba en sus medios estatales, según documentó el Korea Economic Institute of America.
Durante meses, la prensa norcoreana redujo de manera inusual sus referencias a la isla. Incluso la agencia estatal KCNA omitió en algunos mensajes oficiales las habituales menciones al carácter «hermano» de las relaciones entre Cuba y Corea del Norte.
En la inauguración de la embajada, el director general de Asuntos Asiáticos y Oceánicos del Ministerio de Relaciones Exteriores cubano, Ariel Lorenzo Rodríguez, declaró que «nuestros dos países están entrando en una nueva etapa en la que promoveremos nuestros intereses comunes y fortaleceremos nuestras relaciones».
El silencio oficial y las hipótesis sin confirmar
Ante las preguntas del Seoul Economic Daily, la embajada cubana respondió por escrito que «todas las decisiones administrativas de la embajada son de naturaleza interna y no tienen ningún significado político ni conexión con las relaciones bilaterales».
Fuentes diplomáticas citadas por el diario surcoreano barajan dos hipótesis, ninguna confirmada: que el recorte podría constituir una «protesta tácita» hacia Seúl por alguna fricción no revelada, o que responda a los ajustes de personal en el exterior que el régimen ejecuta en medio de la grave crisis económica que atraviesa la isla.
El posible deterioro de los vínculos resulta especialmente llamativo porque Seúl ha realizado durante los últimos años un esfuerzo sostenido para acercarse a países tradicionalmente vinculados con Corea del Norte, entre ellos Cuba.
Corea del Sur, por su parte, mantiene cinco funcionarios en su embajada en La Habana y no tiene previsto ningún cambio en su representación.
El espejismo de la cooperación económica
Apenas tres meses antes del recorte, en junio de 2026, la embajada cubana en Seúl organizó un foro para atraer inversores surcoreanos y el propio embajador Monzón Baeza proclamó ante empresarios coreanos que «Cuba sigue siendo una tierra de oportunidades y posibilidades».
El 15 de junio, la Cámara de Comercio de Cuba y la Asociación de Importadores de Corea (KOIMA) firmaron un acuerdo de colaboración comercial en sectores como el agroalimentario, las energías renovables y la biofarmacéutica.
Los vínculos económicos, sin embargo, siguen siendo modestos.
En 2022, Corea del Sur exportó a Cuba bienes por unos 14 millones de dólares e importó mercancías cubanas por aproximadamente 7 millones de dólares.
En 2023, el intercambio bilateral rondó los 43 millones de dólares, con un claro superávit a favor de Corea del Sur.
Entre los principales productos enviados desde Corea del Sur figuran tecnología, vehículos, maquinaria pesada y productos plásticos, mientras Cuba exporta tabaco, bebidas alcohólicas, chatarra metálica y productos biotecnológicos.
La relación también tiene una dimensión consular. Antes de la pandemia, alrededor de 14,000 ciudadanos surcoreanos viajaban anualmente a Cuba y en la isla residía aproximadamente un millar de descendientes de coreanos llegados al Caribe durante la ocupación japonesa de la península.
La propia Cancillería surcoreana había subrayado la necesidad de ofrecer asistencia consular estable a sus ciudadanos residentes o de visita en Cuba, uno de los argumentos utilizados para justificar la apertura de su embajada en La Habana.
Sin embargo, los propios representantes de la agencia estatal surcoreana KOTRA advirtieron que «Cuba no es un mercado donde las empresas puedan simplemente aplicar los estándares que usan para el comercio ordinario con otros países».
Representantes surcoreanos también han recomendado a sus empresas analizar cada operación de forma individual debido a las sanciones estadounidenses y a los riesgos financieros vinculados a negocios con entidades cubanas.
Un patrón de repliegue diplomático
El recorte en Seúl no es un hecho aislado. En agosto de 2026, la República Dominicana expulsó a nueve diplomáticos cubanos acusados de actividades de inteligencia.
Costa Rica cerró su embajada en La Habana en marzo de 2026 y Ecuador expulsó a personal diplomático cubano ese mismo mes.
El 3 de septiembre, el canciller Bruno Rodríguez Parrilla presidió una reunión virtual con jefes de misiones para insistir en que la diplomacia del régimen seguía activa, en una señal de que La Habana es consciente del deterioro de su red exterior.
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