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La Cámara de Comercio de la República de Cuba y la Asociación de Importadores de la República de Corea (KOIMA) firmaron un acuerdo de colaboración comercial en Seúl, según publicó la propia Cámara de Comercio cubana en su perfil de Facebook.
La institución cubana describió el hecho como «un importante paso en las relaciones bilaterales», cuya «meta fundamental» es «la promoción de la oferta exportable cubana en el país asiático, abriendo las puertas a una colaboración mutua y más estrecha».
Quiénes firmaron el acuerdo
La firma estuvo protagonizada por Antonio Carricarte Corona, presidente de la Cámara de Comercio de Cuba, y Youn Young-mi, presidenta de KOIMA, en las instalaciones de la asociación surcoreana.
También estuvo presente el embajador cubano en Corea del Sur, Claudio Monzón, quien días antes había declarado en el foro «Oportunidades de Negocio en Cuba», celebrado en Seúl el pasado miércoles: «Cuba sigue siendo una tierra de oportunidades y posibilidades».
KOIMA, fundada en 1970, es descrita por la Cámara de Comercio cubana como «la principal organización que conecta a los proveedores extranjeros con los compradores de la República de Corea».
Los tres sectores estratégicos del acuerdo
Durante el encuentro, Carricarte y Youn Young-mi dialogaron sobre las «transformaciones económicas de la Isla» y las oportunidades de negocios en tres sectores priorizados:
- Sector agroalimentario.
- Energías renovables.
- Industria biofarmacéutica.
En materia biofarmacéutica, Cuba cuenta con capacidad para comercializar más de 300 productos en 43 países y alrededor de 750 registros sanitarios internacionales, según un estudio de ICEX de 2025.
En energías renovables, la meta oficial del régimen es alcanzar entre el 24% y el 25% de generación eléctrica a partir de fuentes renovables para 2030, aunque la realidad cotidiana de la isla sigue marcada por infernales apagones.
El entusiasmo surcoreano y las advertencias de riesgo
La presidenta de KOIMA destacó «el gran atractivo y la simpatía que Cuba despierta en la sociedad surcoreana» y mostró «un fuerte compromiso para incrementar el flujo comercial entre ambas naciones».
Sin embargo, el acuerdo llega apenas cuatro días después de que el propio Carricarte encabezara en Seúl el foro «Oportunidades de Negocio en Cuba», donde la contraparte surcoreana lanzó advertencias significativas.
Lee Myung-joon, director de la Agencia de Promoción del Comercio e Inversión de Corea (KOTRA) en La Habana, alertó que «las empresas coreanas con activos o vínculos financieros en Estados Unidos deben ejercer un alto grado de cautela».
Funcionarios de KOTRA fueron aún más directos: «Cuba no es un mercado donde las empresas puedan simplemente aplicar los estándares que utilizan para el comercio ordinario con otros países. Las finanzas y la logística son las áreas que requieren especial precaución».
Un vínculo diplomático aún muy reciente
Cuba y Corea del Sur restablecieron sus relaciones diplomáticas el 14 de febrero de 2024, tras más de seis décadas de ruptura provocada por Fidel Castro, quien cortó los vínculos en 1960 al establecer relaciones con Corea del Norte.
El volumen comercial entre ambos países era mínimo antes del acercamiento: apenas 21 millones de dólares en 2022, según datos de KOTRA.
Desde entonces, los contactos se han intensificado. En diciembre de 2025, el gobierno surcoreano donó 24,600 toneladas de arroz a Cuba a través del Programa Mundial de Alimentos, destinadas principalmente a poblaciones vulnerables del oriente de la isla.
Carricarte resumió la apuesta del régimen en el foro de Seúl con una frase que sintetiza la estrategia diplomática cubana: «Corea del Sur es un país que esperamos añadir a nuestra red de socios económicos».
Entre las promesas de negocios y la realidad económica
Más allá del optimismo expresado por las autoridades cubanas, la capacidad real de la Isla para atraer inversiones y ampliar su comercio exterior sigue condicionada por problemas estructurales que llevan años afectando el clima de negocios.
La escasez de divisas, los retrasos en los pagos a proveedores extranjeros, las dificultades logísticas y la limitada capacidad productiva interna han sido señalados repetidamente por empresarios e instituciones internacionales como obstáculos para el desarrollo de relaciones comerciales sostenibles.
A ello se suma la contradicción entre el discurso oficial sobre las oportunidades económicas y la situación que enfrentan diariamente los ciudadanos y las propias empresas estatales.
Mientras el gobierno promueve proyectos en sectores estratégicos como las energías renovables y la producción de alimentos, el país continúa registrando frecuentes apagones, desabastecimiento de productos básicos y bajos niveles de producción agrícola.
Este contexto plantea interrogantes sobre la velocidad y el alcance con que los acuerdos anunciados podrán traducirse en beneficios tangibles para la economía cubana y para una población que enfrenta una de las crisis más profundas de las últimas décadas.
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