
Una encuesta del LAPOP Lab de la Universidad de Vanderbilt revela que tres de cada cuatro cubanos con acceso a internet responsabilizan a su propio gobierno de la crisis que atraviesa la isla, y que casi seis de cada diez prefieren alguna forma de vínculo con Estados Unidos antes que una república independiente, según un análisis publicado en Americas Quarterly el 1 de octubre por el politólogo Orlando J. Pérez, de la Universidad del Norte de Texas en Dallas.
El estudio, realizado entre el 19 de junio y el 6 de julio a 1,095 cubanos de las 16 provincias mediante un panel en línea de Cubadata, es la primera vez que Cuba queda incluida en el AmericasBarometer, el proyecto comparativo de opinión pública más sistemático de las Américas. Los propios autores advierten que la muestra no es probabilística ni representativa de toda la población adulta cubana —está sesgada hacia personas más jóvenes y urbanas con acceso a internet— y que sus resultados no pueden extrapolarse como sondeo nacional.
Con esa cautela sobre la mesa, los datos desmontan el discurso soberanista del régimen con una contundencia difícil de ignorar.
Ante la pregunta sobre el mejor futuro institucional para Cuba, solo el 34% eligió una república independiente. El 30% se inclinó por un estatus similar al de Puerto Rico —Estado Libre Asociado con EE.UU.— y el 29% optó por la anexión directa. Sumados, el 59% de los encuestados prefirió alguna forma de integración con Washington sobre la independencia plena.
En una pregunta binaria separada, el 73% antepuso el desarrollo económico con participación extranjera a la independencia nacional sin ella, y el 77% exigió cambios económicos inmediatos antes que reformas institucionales.
Pérez subraya que estos resultados emergen mientras Washington y La Habana protagonizan un enfrentamiento diplomático en la ONU que ignora lo que los cubanos realmente quieren. El 22 de septiembre, el presidente Donald Trump calificó a Cuba de «Estado fallido» ante la Asamblea General; la delegación cubana abandonó la sala. Cuatro días después, el canciller Bruno Rodríguez Parrilla respondió desde el mismo podio calificando el embargo de «asedio despiadado» y «castigo colectivo», y afirmando que La Habana está abierta al diálogo. Ninguno de los dos bandos, señala el autor, ha precisado qué contendría un eventual acuerdo.
Uno de los hallazgos con mayor peso político es la percepción del poder real: el 46% de los encuestados señaló a la familia Castro como quien toma las decisiones más importantes en Cuba, pese a que ningún Castro ocupa cargos ejecutivos formales desde que Raúl Castro cedió la secretaría general del Partido Comunista a Miguel Díaz-Canel en abril de 2021. Solo el 14% identificó a Díaz-Canel como el verdadero centro de poder, y aproximadamente uno de cada seis mencionó al Partido Comunista.
El 31% señaló que los principales beneficiarios de las medidas económicas del gobierno son empresas y personas vinculadas al Estado —una descripción que apunta directamente a GAESA, el conglomerado militar que controla entre el 40% y el 70% de la economía formal cubana—, mientras que apenas el 4% dijo que los beneficiados son los cubanos de a pie.
El telón de fondo de todo el estudio es la catástrofe energética: el 86% de los encuestados sufrió cortes eléctricos diarios durante el mes previo al sondeo. El 18 de septiembre, el Sistema Electroenergético Nacional registró su octavo colapso total del año, con apagones de hasta 20 horas diarias.
Estos resultados coinciden en lo esencial con los de la encuesta independiente de mayo de 2026, impulsada por más de 20 medios cubanos independientes, que reunió más de 42,000 respuestas: el 94% se declaró muy insatisfecho con el sistema político y el 95% consideró que los ciudadanos no tienen voz real en las decisiones del país. Aunque ambas encuestas coinciden en el rechazo masivo al régimen, sus metodologías son distintas y no son directamente comparables.
Pérez concluye que tanto Washington como La Habana están debatiendo «la Cuba equivocada»: el régimen defiende una soberanía que apenas un tercio de los cubanos conectados elegiría, mientras EE.UU. exige elecciones a un gobierno que menos de un tercio de los encuestados ve como el verdadero centro de poder, «en nombre de una población que, ante todo, quiere que vuelva la luz».
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