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Hay una pregunta que todo cubano debería hacerse: si Cuba es un país socialista donde los medios de producción pertenecen al pueblo, ¿cómo es posible que una empresa militar llegara a controlar el 40% de la economía nacional, acumulara $14.500 millones en depósitos bancarios, no publicara balances financieros, no pagara impuestos en divisas y no rindiera cuentas ante la Asamblea Nacional?
GAESA es una empresa mercantil capitalista que permite opacidad total sobre la propiedad, las ganancias y el destino de los fondos.
Esa empresa se llama GAESA (Grupo de Administración Empresarial S.A.). Las dos últimas letras son clave: S.A., Sociedad Anónima. Es la forma jurídica que en el mundo capitalista adoptan las grandes corporaciones privadas — de Coca-Cola a Samsung —, diseñada para que una empresa tenga personalidad legal propia, separada de sus dueños, con accionistas cuya identidad puede permanecer oculta. "Anónima" significa exactamente eso: no se conoce públicamente quiénes son los titulares reales ni qué porcentaje posee cada uno. En cualquier economía de mercado, una S.A. es un instrumento legítimo de organización empresarial. En un país que se proclama socialista, donde supuestamente los medios de producción pertenecen al pueblo y la propiedad privada sobre sectores estratégicos está prohibida, es una aberración ideológica.Y sin embargo, ahí está: el ejército cubano organizó el mayor conglomerado económico del país — turismo, banca, comercio, puertos, telecomunicaciones, combustibles — no como empresa estatal sujeta a control público, sino como sociedad anónima. Una figura mercantil capitalista que permite opacidad total sobre la propiedad, las ganancias y el destino de los fondos. GAESA no rinde cuentas al pueblo cubano porque su forma jurídica fue diseñada precisamente para no hacerlo. Los cubanos no son accionistas, no tienen representación en su directiva, no reciben dividendos y ni siquiera pueden auditar sus libros. Son, en la práctica, los trabajadores explotados de una corporación privada cuyos beneficios van a parar a una casta militar.
GAESA fue creada por Raúl Castro, dirigida durante 26 años por su yerno y es custodiada hoy por su nieto. Operó durante décadas dentro de un Estado que se dice socialista, aglutinando bajo esa forma de gestión completamente ajena al socialismo al menos el 40% del PIB cubano. Hoy, con la crisis de 2026, su imperio se resquebraja — pero su estructura jurídica sigue intacta y sus cuentas offshore, hasta donde se sabe, también.
Los documentos internos de GAESA filtrados en 2025 — analizados por el Miami Herald y el economista Pavel Vidal del Cuba Capacity Building Project de la Universidad de Columbia — pusieron números concretos a lo que muchos sospechaban: GAESA controlaba el 95% de las transacciones financieras en divisas del país. Sus ingresos totales eran 3,2 veces mayores que los ingresos anuales del Presupuesto del Estado. Y las reservas internacionales de Cuba no estaban en el Banco Central — estaban en las cuentas de GAESA.
Vidal lo resumió así: "No he podido encontrar un ejemplo similar de un conglomerado con una participación tan grande en la economía de un país. Supera incluso el peso de Ecopetrol en Colombia, Petrobras en Brasil o PDVSA en Venezuela."
Cómo nació el monstruo
GAESA no surgió de la nada. Nació del Período Especial de los años 90, cuando el colapso de la Unión Soviética eliminó entre $4.000 y $6.000 millones anuales en subsidios. Cuba se quedó sin dinero, sin petróleo, sin comida. El pueblo pasó hambre. Pero Raúl Castro, entonces ministro de las FAR, no diseñó un plan para alimentar a la población: diseñó un plan para que el ejército se alimentara a sí mismo.
Encargó al general Julio Casas Regueiro — un contador de formación que había combatido junto a él en la Sierra Cristal — la creación de un holding empresarial que generara divisas para las Fuerzas Armadas. Gaviota, que existía desde 1988 como centro vacacional para militares cubanos y soviéticos, se transformó en empresa comercial. Para finales de los 90, las empresas de GAESA ya cubrían el 80% del presupuesto operativo de las FAR. El ejército había dejado de depender del Estado. Pronto sería el Estado el que dependiera del ejército.
El salto decisivo lo dio el general Luis Alberto Rodríguez López-Calleja, yerno de Raúl Castro, casado con Deborah Castro Espín. López-Calleja dirigió GAESA desde aproximadamente 1996 hasta su muerte el 1 de julio de 2022, a los 62 años. En ese cuarto de siglo, el conglomerado pasó de una modesta operación de divisas a devorar sectores enteros de la economía: turismo, comercio minorista, banca, logística portuaria, telecomunicaciones, construcción, importación/exportación y remesas. Bloomberg lo describió en 2015 como el hombre al mando del "mayor imperio empresarial de Cuba, un conglomerado de al menos 57 empresas".
Lo que GAESA llegó a controlar: todo
El mapa corporativo de GAESA es — o fue, hasta la crisis de 2026 — el mapa de la economía cubana. Operaba bajo la supervisión exclusiva del Departamento V de las FAR, una unidad secreta cuya existencia fue revelada por las filtraciones de 2025. Tenía su propia oficina tributaria paralela — la OATFAR (Oficina de Administración Tributaria de las FAR) — que gestionaba sus impuestos fuera del sistema nacional. Es decir: GAESA ni siquiera tributaba por los mismos canales que el resto del país.
Gaviota S.A. fue la joya de la corona: 121 hoteles, 20 marinas, la aerolínea Aerogaviota, la rentadora Transgaviota, la agencia Gaviota Tours y la abastecedora AT Comercial. En el primer trimestre de 2024, Gaviota representó el 72% de los ingresos totales de GAESA, con un margen de beneficio neto del 42% — casi cuatro veces el promedio mundial del sector. ¿Cómo se lograban esos márgenes? Pagando a los trabajadores hoteleros cubanos 11 dólares mensuales. Eso no es socialismo. Eso es explotación laboral a escala industrial.
Inmobiliaria Almest, el brazo inversor hotelero, posee 56.500 millones de pesos en activos pero recibió 668 millones del presupuesto estatal pagando apenas 2 millones en impuestos. En 2016, GAESA absorbió Habaguanex, la empresa que gestionaba más de 300 instalaciones turísticas en La Habana Vieja, arrebatándosela a la Oficina del Historiador de la Ciudad. Lo que Eusebio Leal construyó durante décadas, los generales se lo apropiaron de un plumazo.
CIMEX (Corporación CIMEX S.A., registrada en Panamá desde 1979) es la mayor corporación comercial de Cuba: más de 41 empresas que operaban supermercados, 668 gasolineras Servicupet, tiendas de divisas y marcas de café como Cubita y Caracolillo a través de Kave Coffee S.A., también panameña. Los documentos filtrados revelaron cifras asombrosas: $3.400 millones en ingresos y $1.200 millones de ganancia en un solo trimestre de 2024. TRD Caribe, la otra cadena de tiendas en moneda dura, reportó depósitos de $3.400 millones.
En 2016, GAESA dio el golpe definitivo: tomó el control del Banco Financiero Internacional (BFI), que procesaba el 95% de los flujos de importación/exportación del país. El think tank Cuba Siglo XXI lo calificó como "el golpe más duro contra la economía estatal cubana". Con el BFI, GAESA no solo vendía y compraba: controlaba el dinero mismo.
A esto se sumaban Almacenes Universales (puertos, Zona del Mariel), Tecnotex y Tecnoimport (tecnología de uso dual civil-militar), Corporación Antex (contratación de médicos en el exterior y presunta cobertura de inteligencia), DATYS (tecnología), GEOCUBA (cartografía), y la participación accionaria en ETECSA, el monopolio de telecomunicaciones. Cuando un cubano recargaba su teléfono, compraba en una tienda MLC, llenaba el tanque de gasolina o se conectaba a internet, una parte de ese dinero iba a parar a GAESA.
GAESA es un instrumento de poder dinástico diseñado por Raúl Castro para garantizar que su familia controle la riqueza de Cuba
La dinastía: del yerno al nieto
GAESA no es solo un conglomerado militar. Es un instrumento de poder dinástico diseñado por Raúl Castro para garantizar que su familia controle la riqueza de Cuba independientemente de quién ocupe la presidencia. Díaz-Canel puede sentarse en el escritorio de Palacio de la Revolución. El dinero real está en otra parte.
Tras la muerte de López-Calleja, la presidencia ejecutiva recayó en la general de brigada Ania Guillermina Lastres Morera, nacida en 1968 en Marianao. Su nombramiento nunca fue anunciado oficialmente — solo se conoció en febrero de 2023 cuando la lista de candidatos a la Asamblea Nacional la identificó como "Presidenta Ejecutiva, Grupo Administración Empresarial". Investigaciones de La Prensa de Panamá y Martí Noticias revelaron que Lastres aparece como directora o secretaria en al menos seis empresas registradas en Panamá desde los años 80, vinculadas a entidades del hermano de López-Calleja.
Pero el verdadero custodio de los intereses familiares dentro de GAESA es Raúl Guillermo Rodríguez Castro, "El Cangrejo": 41 años, teniente coronel, jefe de la Dirección General de Seguridad Personal, nieto de Raúl Castro e hijo del fundador del imperio. El hombre que decide quién accede al general de ejército de 94 años es el mismo que custodia el engranaje financiero familiar. Fuentes internas lo describen como "la niña de los ojos" de Raúl Castro.
Un dato que no puede ser coincidencia: Cuba eliminó recientemente el límite de edad de 60 años para ser presidente. El cambio ocurre justo cuando se especula sobre un relevo generacional dentro de la élite — posiblemente liderado por miembros de la familia Castro. La revolución que prometió acabar con las dinastías construyó la suya propia.
Entre los directivos de subsidiarias, el patrón se repite: el general Luis Pérez Rospide preside Gaviota; el coronel Héctor Oroza Busutil dirige CIMEX. Y Manuel Marrero Cruz, expresidente de Gaviota y exministro de Turismo, ocupa hoy el cargo de primer ministro de Cuba. El hombre que dirigió el brazo turístico de GAESA ahora dirige el gobierno. La fusión entre el conglomerado y el Estado es completa.
Panamá: la caja fuerte del castrismo
Si alguien quiere entender cómo funciona realmente el "socialismo" cubano, no debe mirar a La Habana. Debe mirar a Panamá.
Una investigación conjunta de La Prensa de Panamá, elTOQUE, Martí Noticias y la organización venezolana Armando.Info documentó que "El Cangrejo" realizó al menos 25 vuelos a Panamá entre 2024 y 2025 en jets privados vinculados a la cúpula militar. Los aviones incluyen un Dassault Falcon 900EX cuya matrícula fue cambiada de Venezuela a San Marino — un microestado sin aeropuerto que alquila su registro aeronáutico — para dificultar el rastreo internacional.
En varios de esos vuelos, "El Cangrejo" estuvo acompañado por la propia presidenta de GAESA, la general Lastres Morera. De muchos viajes no existen registros migratorios en Panamá, solo los manifiestos de vuelo. La presencia conjunta de la presidenta ejecutiva del conglomerado y el custodio de los intereses familiares en estos vuelos indica que no se trata de turismo personal sino de operaciones corporativas de GAESA canalizadas a través de Panamá.
Panamá no es un destino casual. Desde los años 80, GAESA ha registrado allí sociedades clave: CIMEX (1979), FINCIMEX (1984), Kave Coffee. La general Lastres Morera aparece en varias sociedades panameñas, algunas propietarias de inmuebles. Guillermo Faustino Rodríguez López-Calleja, hermano del difunto presidente de GAESA, posee casi una docena de empresas panameñas conectadas al conglomerado. La ruta La Habana–Caracas–Panamá funciona como un corredor logístico y financiero que permite mover capital, bienes y servicios fuera del alcance de la supervisión internacional.
La red de contactos de "El Cangrejo" en Panamá incluye figuras vinculadas directamente al poder cubano en el exterior, como Jorge Javier Rodríguez Cabrera, exfuncionario de relaciones exteriores cubano, posteriormente arrestado por ICE en Estados Unidos y vinculado con Gran Azul LLC, una empresa de envíos, logística y turismo orientada a Cuba.
Un detalle que revela la naturaleza del sistema: "El Cangrejo" viaja con pasaporte diplomático que le otorga inmunidad internacional. "Tiene inmunidad, y eso complica que se conozcan sus movimientos o actividades en el exterior", explicó a Martí Noticias Luis Domínguez, investigador de la Fundación para los Derechos Humanos en Cuba. Entre 2012 y 2016, entró varias veces a Nueva York bajo cobertura de la misión cubana ante la ONU. Los viajes del heredero de GAESA no son caprichos personales: son operaciones del conglomerado canalizadas a través de la estructura familiar.
Mientras los directivos de GAESA mueven capital por Panamá con inmunidad diplomática, el cubano promedio no tiene acceso ni a un pasaporte asequible.
Cómo GAESA capturaba cada dólar que enviabas a tu familia
Si eres cubano en el exterior y enviaste dinero a tu familia en los últimos años, necesitas saber esto: GAESA diseñó un sistema para quedarse con tus dólares.
Antes de 2020, FINCIMEX operaba 407 puntos de pago y procesaba el 93% de los $794,6 millones transferidos por Western Union. El mecanismo era extractivo: las remesas se enviaban en dólares, pero los destinatarios recibían MLC (Moneda Libremente Convertible). Los dólares reales quedaban en manos de GAESA. Cuando Estados Unidos sancionó a FINCIMEX en 2020, el régimen creó Orbit S.A., presentándola como entidad civil independiente. Pero investigaciones del Miami Herald demostraron que Orbit compartía servidores, oficinas y supervisión directa con CIMEX. Orbit fue sancionada también en enero de 2025.
Con las remesas formales colapsadas un 70% respecto a 2019, GAESA encontró una solución más directa: abrió más de 85 tiendas que aceptan exclusivamente dólares en efectivo en todas las provincias, con márgenes de ganancia superiores al 240% y precios hasta cuatro veces más altos que un Walmart en Estados Unidos. La Tarjeta Clásica, emitida por FINCIMEX sin asociación bancaria, canaliza los depósitos directamente al sistema financiero de GAESA.
El diseño era brillante en su perversidad: cada dólar que la diáspora cubana enviaba a sus familias terminaba, por una vía u otra, en las cuentas de GAESA. No importaba si era por remesa formal, por tarjeta o en efectivo en una tienda MLC. El destino final era el mismo. Y mientras tanto, el régimen pedía en foros internacionales que se levantara el embargo porque "el pueblo cubano sufre". El pueblo sí sufre. Pero no por falta de dinero entrando al país, sino porque ese dinero lo capturaba un conglomerado militar que no rendía cuentas a nadie.
Los socios internacionales: quién hace negocios con los generales
GAESA no operaba sola. Contaba con socios extranjeros que le daban legitimidad, infraestructura y acceso a mercados internacionales.
Meliá Hotels International (España) es la mayor operadora extranjera en Cuba, con entre 33 y 38 hoteles de Gaviota bajo contratos de gestión de 25-30 años. Su CEO Gabriel Escarrer tiene prohibida la entrada a EE.UU. bajo el Título IV de la Ley Helms-Burton, junto a unos 20 ejecutivos. Iberostar opera 20 hoteles e impulsa el proyecto de la Torre K en el Vedado: un rascacielos de 42 pisos y €200 millones. Blue Diamond Resorts (Canadá) gestiona 36 propiedades y más de 10.000 habitaciones. Estas cadenas pagan a GAESA por operar hoteles construidos con recursos del Estado cubano, en terrenos confiscados, con trabajadores que ganan $11 mensuales. Los turistas que se alojan en esos hoteles financian directamente al aparato militar.
Sherritt International (Canadá) es el mayor inversor extranjero directo: opera la joint venture de níquel de Moa y Energas S.A. (506 MW), suministrando el 10-15% de la electricidad nacional. Utiliza subsidiarias en Barbados para evadir sanciones y tiene entre $100 y $154 millones en cuentas por cobrar vencidas de Cuba.
Pero el caso más turbio es el de Habanos S.A. Cuando Imperial Brands vendió su negocio de cigarros por $1.400 millones en 2020, el empresario chino Chen Zhi adquirió secretamente el 28,55% de Habanos a través de sociedades pantalla en España, Hong Kong, Islas Vírgenes y las Caimán. Chen fue imputado por el Departamento de Justicia de EE.UU. en octubre de 2025 por fraude cripto masivo y lavado de dinero, con $15.000 millones en Bitcoin decomisados. Fue arrestado en Camboya y deportado a China. La dictadura cubana no dijo una palabra.
Y luego está la Zona Especial de Desarrollo Mariel: $862 millones del banco brasileño BNDES, construida por Odebrecht, y un fracaso absoluto. Solo 44 de 64 empresas aprobadas están operativas, el puerto funciona al 40% de capacidad y Cuba rechaza más del 90% de las propuestas de inversión. Los generales prefieren el control total al desarrollo económico.
Hoteles vacíos, hospitales sin medicinas
Los números de la inversión pública cubana cuentan la historia de un país cuyas prioridades las decide una corporación militar, no las necesidades de la población.
Entre 2021 y 2023, el 36% de toda la inversión gubernamental se destinó a la construcción hotelera. Agricultura recibió un 2,9%. Salud, un 1,9%. Educación, un 1,3%. En 15 años, GAESA invirtió $24.200 millones en hoteles — 13,8 veces más que los $1.750 millones destinados a salud pública. Gaviota reporta $4.261 millones en activos hoteleros — una cifra que triplica el presupuesto anual de salud.
Pero la inversión hotelera no es solo una cuestión de prioridades distorsionadas. Como han señalado analistas cubanos, la construcción de hoteles funciona también como mecanismo de lavado de dinero: los contratos se inflan, los recursos públicos se desvían y el capital del pueblo queda "lavado" en propiedades inmobiliarias que solo pertenecen a los militares. Cada hotel vacío — y Cuba está llena de ellos — representa una operación completada. El dinero ya se movió, los contratos ya se pagaron. Que el hotel tenga o no huéspedes es irrelevante para el propósito real de la inversión.
Los documentos filtrados revelaron que GAESA no paga impuesto alguno en divisas. En agosto de 2024 adeudaba apenas 920 millones de pesos en impuestos nacionales — menos del 1% de sus ventas domésticas de 100.000 millones de pesos —, mientras simultáneamente recibía 9.260 millones de pesos del presupuesto estatal como "inversión". Diez veces lo que tributó. La contralora Gladys Bejerano fue destituida tras declarar públicamente que no tenía jurisdicción sobre GAESA.
El Programa de Gobierno presentado por las autoridades cubanas en octubre de 2025 propone un ajuste fiscal y monetario para reducir la inflación y el déficit. Pero como señala Pavel Vidal, el programa no menciona a GAESA ni considera su rol en la economía nacional. Eso significa que el peso del ajuste cae sobre las empresas estatales, las mipymes y los hogares — que sí pagan impuestos — mientras el conglomerado que controla el 40% del PIB queda fuera de toda obligación fiscal. Los cubanos pagan el ajuste. GAESA, no.
A esto se suma un dato revelador del economista Emilio Morales y confirmado por el análisis de Juan Antonio Blanco para el Real Instituto Elcano: el 60% del petróleo que Cuba recibía de Venezuela entre 2024 y 2025 no se usó para generar electricidad ni mover transporte. Fue reexportado a mercados asiáticos por Cubametales, la corporación de GAESA, y el producto de esas ventas fue a parar a cuentas bancarias en paraísos fiscales. Solo el 40% restante se quedaba en Cuba, y priorizaba las necesidades del aparato represivo y el sector turístico de GAESA.
Para transportar ese petróleo, GAESA operó durante más de una década una flota oscura de al menos nueve petroleros, registrados bajo empresas fantasma en Chipre, Panamá y Liberia — Caroil Transport Marine Ltd., Trocana World Inc., Tovase Development Corp., Bluelane Overseas — diseñadas para evadir las sanciones internacionales. La misma estructura de sociedades opacas que GAESA usaba para sus negocios en tierra la replicó en el mar. Esa flota yace hoy anclada en la bahía de Matanzas, vacía, convertida en almacén flotante de las últimas reservas del régimen. El sistema circulatorio del imperio se detuvo.
Febrero 2026: el imperio se agrieta
En febrero de 2026, el modelo GAESA chocó con la realidad. Los nueve aeropuertos internacionales de Cuba cerraron por falta de combustible Jet A-1 tras el corte del suministro petrolero venezolano, consecuencia directa de la caída de Maduro. El turismo — columna vertebral de Gaviota — quedó paralizado. Meliá cerró tres hoteles y sus acciones cayeron un 8,5% en la Bolsa de Madrid, evaporando unos €130 millones. La principal aerolínea canadiense suspendió vuelos a Cuba hasta mayo. Canadá es el primer mercado turístico de la isla.
Los documentos filtrados ya mostraban el deterioro: Gaviota había perdido $5.800 millones en depósitos entre marzo y agosto de 2024, pasando de $8.500 millones a $2.700 millones. Cuba recibió apenas 2,2 millones de turistas en 2024 — la peor cifra en 17 años.
El economista Emilio Morales fue directo en una entrevista con CubaNet: "No creo que llegue al verano. Estamos en la etapa final del régimen." La firma Kpler estimó a inicios de febrero que Cuba disponía de entre 15 y 20 días de reservas de petróleo. Un país apagado no puede producir ni exportar. No puede generar ingresos.
Mientras tanto, según Axios, el secretario de Estado Marco Rubio mantiene conversaciones secretas con "El Cangrejo" sobre una posible transición en Cuba, eludiendo los canales oficiales con Díaz-Canel. La administración Trump lo percibe como representante de "cubanos jóvenes con mentalidad empresarial". Como advierte CiberCuba: lo que Washington llama "mentalidad empresarial" podría ser simplemente la capacidad de la élite militar para apropiarse de negocios mientras la mayoría de los cubanos no tiene acceso a las mismas oportunidades. El régimen cubano negó cualquier contacto entre Rubio y la familia Castro.
Un análisis del Real Instituto Elcano, publicado en febrero de 2026 por el analista Juan Antonio Blanco, sitúa a GAESA en el centro de la ecuación: "El holding empresarial GAESA, teóricamente controlado por las FAR pero en realidad en manos de la familia Castro, ha permitido un drenaje constante de recursos fuera del área de las políticas públicas." Blanco apunta que las FAR podrían desempeñar un papel esencial en una transición — pero sin la presencia de la familia Castro. La fragilidad geopolítica de Rusia y la debilidad económica de China limitan severamente su capacidad para respaldar a Cuba. Moscú y Pekín no movieron un dedo por Maduro. No lo harán por Díaz-Canel.
En las calles cubanas, la basura se acumula porque los camiones recolectores no tienen combustible. Los hospitales funcionan a media capacidad. Nueve virus circulan simultáneamente sin medicamentos para tratarlos. Nicaragua canceló los viajes sin visa para cubanos — una de las últimas rutas de escape —, probablemente por presión de Washington. Y GAESA, el conglomerado que acumuló más dinero que el Estado, no ha aportado un solo centavo de sus reservas para aliviar la crisis de la población que supuestamente justificaba su existencia.
El cerco de las sanciones
Estados Unidos ha construido un andamiaje progresivo de sanciones contra GAESA. En 2017, Trump creó la Lista Restringida de Cuba. En 2019, activó por primera vez el Título III de la Ley Helms-Burton, permitiendo demandas por propiedades confiscadas — se presentaron 25 contra más de 51 empresas. En 2020, GAESA, FINCIMEX y Kave Coffee fueron añadidas a la Lista SDN de OFAC. Biden mantuvo la mayoría de las restricciones. Al asumir su segundo mandato, Trump publicó una lista ampliada de 237 entidades que incluye ministerios, subsidiarias, hoteles por nombre, marinas y centros de buceo.
La Unión Europea, por su parte, no impone sanciones contra Cuba y ha invocado su Estatuto de Bloqueo para proteger a empresas europeas como Meliá e Iberostar.
Socialismo para el pueblo, capitalismo para la casta militar
Esta es la historia que la dictadura cubana no quiere que conozcas. No la de un país socialista bloqueado por Estados Unidos que lucha heroicamente por su pueblo. Sino la de un conglomerado militar que capturó la economía de una nación entera, que no pagaba impuestos, que invirtió 13 veces más en hoteles vacíos que en hospitales, que canalizó sus operaciones financieras a través de sociedades en Panamá, que reexportaba el petróleo que debería haber dado luz a los hogares cubanos y que enviaba a sus directivos a operar negocios offshore con inmunidad diplomática mientras la población sobrevivía con apagones de 18 horas.
El discurso oficial sigue culpando al embargo estadounidense de todos los males de Cuba. El embargo existe y tiene un impacto real. Pero ningún embargo obligó a GAESA a invertir $24.200 millones en hoteles y $1.750 millones en salud. Ningún embargo obligó a reexportar el 60% del petróleo venezolano a mercados asiáticos mientras los cubanos vivían a oscuras. Ningún embargo obligó al conglomerado a canalizar sus operaciones financieras a través de sociedades offshore en Panamá mientras en Cuba no había medicinas ni comida. Esas fueron decisiones tomadas por los dueños de GAESA. Decisiones capitalistas tomadas por una élite que se decía socialista.
GAESA no es un secreto de Estado. Es — o era — el Estado mismo. Y la pregunta que queda sobre la mesa en febrero de 2026, con los aeropuertos cerrados, la economía paralizada y el régimen negociando en secreto con Washington, ya no es si este modelo puede sobrevivir. Ya no puede. La pregunta es si lo que venga después será diferente, o si los mismos generales que construyeron GAESA simplemente cambiarán la etiqueta del frasco.
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