
Las negociaciones entre Washington y La Habana, canalizadas a través de Raúl Guillermo Rodríguez Castro, apodado «El Cangrejo» y nieto de Raúl Castro, se encuentran paralizadas porque Estados Unidos exigió la salida del poder de Miguel Díaz-Canel como condición para avanzar en cualquier acuerdo, según una extensa investigación de The Atlantic publicada este lunes.
El reportaje, firmado por Kevin Sieff, describe cómo las expectativas de la comunidad cubanoamericana en Miami —que tras la captura de Nicolás Maduro el 3 de enero creyó que Cuba sería «la siguiente»— se han ido desvaneciendo en nueve meses de promesas incumplidas y diplomacia estancada.
El punto de quiebre fue preciso: cuando Washington planteó la salida de Díaz-Canel como condición innegociable, el régimen se negó y el proceso quedó en punto muerto.
El propio Marco Rubio había marcado el tono en enero, cuando advirtió en una conferencia de prensa en Mar-a-Lago: «Si viviera en La Habana y estuviera en el gobierno, estaría preocupado, al menos un poco».
Nueve meses después, ese lenguaje ha cambiado radicalmente. En la Asamblea General de la ONU a finales de septiembre, Rubio declaró que «Cuba tiene una oportunidad de oro para colocarse en un camino irreversible hacia un futuro mejor» y que EE.UU. está «preparado para ser de ayuda si están abiertos a ello», una formulación notablemente más cautelosa.
La razón principal del freno, según The Atlantic, es que la decisión de Trump de ir a la guerra con Irán comprometió portaaviones y aviones de guerra en el Medio Oriente, dejando recursos limitados para una operación al estilo venezolano en Cuba.
El régimen, por su parte, ha insistido en que no existen negociaciones formales. La encargada de negocios cubana en Washington, Lianys Torres Rivera, declaró este martes a Reuters: «Lo que tenemos con Estados Unidos son canales de comunicación».
El canciller Bruno Rodríguez Parrilla reconoció a finales de septiembre que habían ocurrido «algunos episodios de conversación» con funcionarios estadounidenses, pero sin resultados.
Mientras tanto, la administración Trump ofreció combustible y asistencia humanitaria a Cuba a cambio de privatizar la industria energética, oferta que el régimen rechazó formalmente.
En Miami, la frustración crece entre los aproximadamente un millón de cubanos y cubanoamericanos que residen en Miami-Dade County.
La Cámara de Comercio Cubanoamericana, fundada en los días posteriores a la captura de Maduro cuando el cambio de régimen parecía inminente, formó 14 comités y llegó a planificar una futura bolsa de valores cubana.
Una encuesta del Miami Herald de abril reveló que más de la mitad de los cubanos y cubanoamericanos en Florida desaprobaban las negociaciones de la administración Trump con el gobierno cubano.
Sin embargo, la confianza en Rubio se mantiene casi intacta en el exilio. «No confío en Trump sobre Cuba», dijo un asistente anónimo a un evento de la Cámara de Comercio Cubanoamericana. «Pero Marco Rubio es nuestro salvador».
La opositora cubana Rosa María Payá, quien afirma haber discutido política cubana directamente con Rubio, ofreció una lectura más sobria al reportaje: «No creo que él tenga la posición de poder para tomar la decisión final».
Rubio le dijo al presentador Sean Hannity de Fox News que «la verdad es que Cuba ya ha caído», pero reconocer la crisis humanitaria no equivale a tener un plan para derribar al régimen.
Con cerca de 2 millones de cubanos que han abandonado la isla desde 2020 —aproximadamente una quinta parte de la población— y apagones que superan las 20 horas diarias, la situación en Cuba se agrava mientras la diplomacia permanece congelada.
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