Un funcionario del Ministerio de Salud Pública (MINSAP) compareció en el programa «Buenos Días», de Canal Caribe, para advertir a la población sobre los riesgos de consumir alimentos que han permanecido demasiado tiempo fuera de refrigeración.
El mensaje, técnicamente correcto, choca de frente con una realidad que el propio funcionario reconoció en cámara: en Cuba casi no hay electricidad para mantener la cadena de frío.
Osvaldo Vladimir Puñales Sosa, máster en ciencias y funcionario de la Dirección Nacional de Salud Ambiental, fue el invitado del espacio televisivo para explicar la importancia de la inocuidad alimentaria ante el deterioro de las condiciones sanitarias del país.
Su intervención combinó consejos de higiene básica con una admisión implícita del colapso que vive la isla.
«Lo más importante es sobre todo mantener la higiene, haciendo especial énfasis en el lavado de las manos. Se dice que con solo lavarse las manos cuatro veces al día se evita el 50% de las enfermedades transmitidas por los alimentos y el 35% de las enfermedades respiratorias», afirmó el funcionario.
El peligro de mantener los alimentos a temperatura ambiente
Puñales Sosa advirtió además sobre lo que la ciencia alimentaria denomina «zona de peligro»: el rango de temperaturas en el que las bacterias se multiplican con rapidez.
«Los alimentos no deben permanecer a temperatura ambiente por más de cuatro horas y en países tan cálidos como nosotros menos de dos horas, porque ya ahí el alimento puede perder la inocuidad y causarnos una enfermedad», señaló.
Lo que convierte esta advertencia en una paradoja es que el propio funcionario reconoció la contradicción sin rodeos.
«¿Qué pasa? En estos momentos ponen la corriente, no sé, a la madrugada. Entonces nuestras amas de casa y nuestras mamás se levantan a hacer los alimentos y a veces nos consumimos a las 3, las 4 de la tarde, a la hora que sea. Ha transcurrido mucho tiempo entre la elaboración del alimento y el consumo, lo que hace que pierden inocuidad, porque eso se llama en alimento la zona de peligro».
En otras palabras: el régimen le pide a su población que cumpla normas de seguridad alimentaria que solo son posibles con electricidad, agua potable y gas doméstico funcionando, tres servicios que lleva años sin garantizar.
Los apagones ponen en riesgo la conservación de los alimentos
La crisis energética tiene cifras concretas.
El martes, la generación eléctrica disponible en Cuba era de apenas 1,223 MW frente a una demanda de 3,050 MW, con un déficit de 1,827 MW.
En La Habana se registraron jornadas con apenas tres horas de luz al día. Cuba acumuló ocho apagones generales en lo que va de 2026, el último de los cuales dejó la interconexión nacional rota durante unas 32 horas.
El impacto sobre los alimentos es devastador.
Una encuesta del Food Monitor Program con más de 2,500 respuestas de las 16 provincias reveló que el 47,59% de los hogares cubanos perdió alimentos refrigerados por los apagones, cifra que superó el 80% en Granma, Matanzas, Pinar del Río y Sancti Spíritus.
Falta de agua y problemas de saneamiento agravan la crisis
A eso se suma el colapso del saneamiento.
Más de 500,000 consumidores en La Habana carecen de abastecimiento estable de agua potable.
El 81,3% de los hogares debe hervir o clorar el agua antes de consumirla. En Guantánamo, algunos poblados pasan hasta 25 días sin recibir agua.
Las calles de La Habana acumulan basura sin recoger y aguas albañales que multiplican los criaderos del mosquito Aedes aegypti.
Brotes de intoxicación alimentaria en varias provincias
En ese escenario, los brotes de intoxicación alimentaria se han multiplicado. En agosto, 52 personas fueron atendidas en Santiago de Cuba, 18 hospitalizadas.
En septiembre, un brote en Pedro Betancourt, Matanzas, afectó a 29 personas, 22 de ellas menores. En Holguín, dos personas perdieron la vida por intoxicación con sal de nitro.
El MINSAP reconoce un deterioro de la situación epidemiológica
La situación epidemiológica es igualmente alarmante.
El Minsap reconoció en septiembre un aumento simultáneo de infecciones respiratorias, diarreas, hepatitis y arbovirosis, atribuido a «limitaciones en los sistemas de saneamiento ambiental, tratamiento de las aguas y recogida de residuales», según la viceministra Carilda Peña García. Cuba acumulaba 7,133 casos de dengue en 2026, una cifra 7,4 veces superior al nivel esperado para esa época del año.
El cuadro es el de un Estado que no puede garantizar electricidad, agua ni gas, pero envía a sus funcionarios a la televisión a pedir que la población cumpla normas de inocuidad que dependen exactamente de esos tres servicios.
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