Sacerdote cubano Alberto Reyes: «Un pueblo comienza a recuperar su libertad cuando deja de tener miedo»

Alberto Reyes llamó a los cubanos a no conformarse con «sobrevivir» © Collage Cibercuba y captura YouTube/Telemundo
Alberto Reyes llamó a los cubanos a no conformarse con «sobrevivir» Foto © Collage Cibercuba y captura YouTube/Telemundo

El sacerdote cubano Alberto Reyes Pías afirmó este viernes que Cuba necesita superar una vida reducida a la supervivencia y llamó a los ciudadanos a no aceptar como normales la precariedad, el miedo y la pérdida de derechos.

En su mensaje, publicado en su perfil de Facebook, el párroco de Esmeralda, en Camagüey, reflexionó sobre la diferencia entre simplemente sobrevivir y poder desarrollar una vida con dignidad, prosperidad, libertad y proyectos de futuro.

«No hemos nacido para sobrevivir. Hemos nacido para vivir con dignidad, para tener una existencia próspera, para vivir en libertad y sin miedos», escribió Reyes.

Para el sacerdote, sobrevivir se ha convertido en la rutina diaria de muchos cubanos: levantarse pensando cómo conseguir lo indispensable para llegar al día siguiente, pasar «de cola en cola» y de «resolvedera en resolvedera», buscar medicamentos que no aparecen, afrontar alimentos cada vez más caros, combustible escaso y apagones constantes.

A esa acumulación de dificultades añadió lo que describió como una incertidumbre permanente que termina planteando una misma pregunta: «¿Hasta cuándo?».

Reyes advirtió, sin embargo, que uno de los mayores peligros aparece cuando esa realidad deja de percibirse como excepcional y comienza a asumirse como inevitable.

«Sobrevivir es acostumbrarse a esta vida agónica hasta el punto de considerarla 'normal', es permitirle a la necesidad que nos convenza de que vivir así es nuestro destino. Porque no lo es, no tiene por qué serlo», señaló.

Según el sacerdote, cuando la supervivencia se convierte en la única aspiración de una sociedad empiezan a desaparecer el deseo de construir, la capacidad de soñar y la esperanza.

«Empezamos a celebrar lo que debería estar garantizado, agradecemos como un privilegio lo que debería ser un derecho, nos conformamos con migajas porque hemos olvidado nuestro valor, nuestra dignidad», escribió.

Reyes insistió en que una vida digna no puede reducirse a encontrar alimentos, conseguir algunas horas de electricidad o localizar un medicamento.

A su juicio, también requiere libertad, seguridad, oportunidades, educación de calidad, empleo capaz de cubrir los costos de vida y posibilidades reales de desarrollar proyectos personales.

En otro de los pasajes más directos de su reflexión afirmó que «Cuba no necesita solamente un cambio de sistema», sino también ciudadanos convencidos de que el país puede tener un futuro diferente.

«Cuba necesita hijos que crean profundamente que esta isla no está condenada a ser siempre lo que hoy es», expresó.

El sacerdote planteó que el cambio comienza cuando una sociedad deja de considerar normal aquello que la perjudica y recupera la conciencia de sus propios derechos.

También enumeró algunas acciones que, según él, pueden emprenderse desde ahora: «No mentir, no aplaudir lo que nos encadena, no dejar solo al que alza la voz, no abandonar al que junto a nosotros sufre».

Reyes cerró su reflexión vinculando directamente la recuperación de la libertad con la pérdida del miedo y la defensa de los derechos individuales.

«Tal vez no podamos cambiarlo todo de la noche a la mañana, pero podemos comenzar hoy, porque un pueblo comienza a recuperar su libertad cuando comprende que ninguna ideología, gobierno o poder está por encima de sus derechos, y deja de tener miedo a decir en alta voz lo que todos susurran en silencio», concluyó.

El miedo, la resignación y la normalización de la crisis han aparecido reiteradamente en los mensajes públicos del sacerdote durante los últimos meses.

En junio, Reyes cuestionó que vivir «en modo supervivencia», entre agotamiento y proyectos permanentemente aplazados, pudiera considerarse normal.

En aquella reflexión vinculó esa realidad con los apagones, la precariedad económica y el deterioro de los servicios públicos.

Un mes después volvió sobre el miedo como mecanismo de control y reflexionó sobre el temor de los propios cubanos a imaginar una vida «sin cadenas», señalando que el miedo al cambio puede terminar funcionando como uno de los soportes del sistema.

A finales de julio, Reyes cambió el foco hacia quienes ejercen el poder y afirmó que quienes «se adueñaron del país» también tienen miedo al pueblo, al que, según sostuvo, han ignorado durante décadas.

En agosto endureció nuevamente su mensaje al sostener que el reclamo de los cubanos no debía limitarse a resolver necesidades materiales, sino aspirar a un «cambio radical» y al «fin de las cadenas».

Días después dirigió una reflexión directamente a militares, policías, agentes de la Seguridad del Estado y otras personas vinculadas con los mecanismos de control, a quienes recordó que «a un pueblo no se le puede encadenar para siempre».

En septiembre, con motivo de la cercanía de la festividad de la Virgen de la Caridad del Cobre, pidió conservar «el valor de decir la verdad» en medio de la represión.

Más recientemente, definió a la Iglesia Católica en Cuba como un «vecino incómodo» que el régimen no ha conseguido silenciar.

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