A 50 años del atentado contra el vuelo de Cubana en Barbados: documentos desclasificados de la CIA y el FBI señalan a Posada Carriles y Orlando Bosch

DC-8 arrendado por Cubana de Aviación © Ecured
DC-8 arrendado por Cubana de Aviación Foto © Ecured

Medio siglo después de que una bomba destruyera un avión de Cubana de Aviación frente a las costas de Barbados, el National Security Archive de la Universidad George Washington publicó una colección de diez documentos desclasificados que identifican a los responsables del atentado.

El Briefing Book n.º 932, editado por Peter Kornbluh, director del Cuba Documentation Project, reúne cables del FBI y la CIA, informes del Departamento de Estado, registros de la policía de Trinidad y Tobago y el interrogatorio del fiscal independiente Lawrence Walsh.

El vuelo 455 fue destruido el 6 de octubre de 1976, poco después de despegar de Bridgetown con destino a La Habana. Las 73 personas a bordo murieron: 57 cubanos, 11 guyaneses y cinco norcoreanos.

Entre las víctimas estaban los 24 miembros de la delegación cubana de esgrima —16 atletas, cuatro entrenadores, dos técnicos y dos responsables— que volvían de Caracas tras ganar todas las medallas de oro en el IV Campeonato Centroamericano y del Caribe de la disciplina.

El artefacto era una pequeña carga de explosivo plástico oculta en un tubo de pasta dental Colgate. Los autores materiales fueron los venezolanos Hernán Ricardo Lozano y Freddy Lugo, empleados de la agencia de seguridad privada de Luis Posada Carriles en Caracas, quienes bajaron del avión en Barbados tras dejar el explosivo a bordo.

Apenas un día después del ataque, el FBI ya tenía elementos que apuntaban a los cubanos Luis Posada Carriles y Orlando Bosch como los cerebros de la operación. El cable del 7 de octubre de 1976 recoge que fuentes en Caracas informaban que ambos preparaban su huida de Venezuela: «La fuente prácticamente admitió que Posada y Bosch habían organizado el atentado contra el avión».

Un informe de la CIA del 12 de octubre añade que una fuente había escuchado a Posada decir «Vamos a atacar un avión cubano» y que «Bosch tiene los detalles». Más perturbador aún resulta un cable de la CIA del 22 de junio de 1976 —cuatro meses antes del ataque— que ya advertía sobre planes para colocar una bomba en un vuelo de Cubana. Ese aviso no fue actuado a tiempo.

Según un informante del FBI, tras la caída del aparato, Ricardo llamó a Bosch con un mensaje cifrado: «Un autobús con 73 perros cayó por un precipicio y todos murieron».

Los documentos también revelan que el agregado jurídico del FBI en Caracas concedió una visa estadounidense a Ricardo Lozano seis días antes del atentado, pese a conocer sus sospechas sobre el sujeto. Para el juicio en El Paso de 2011, la CIA reconoció además que Posada había sido agente pagado de la agencia entre 1965 y 1974, bajo el nombre en clave «AMCLEVE/15».

Lo que siguió fue un largo historial de impunidad. Posada escapó de la cárcel venezolana en 1985 con fondos de benefactores cubanoamericanos y se incorporó a las operaciones clandestinas de la administración Reagan en El Salvador, para abastecer a la Contra nicaragüense. Bosch fue liberado en Venezuela en 1987 y en 1990 el presidente George H.W. Bush le concedió la residencia permanente en EE.UU., ignorando la recomendación de su propio fiscal general, quien lo había calificado de «terrorista».

En 1998, Posada admitió ante The New York Times haber organizado atentados en hoteles de La Habana en 1997, en los que murió el turista italiano Fabio di Celmo. «Ese italiano estaba en el lugar equivocado en el momento equivocado, pero yo duermo como un bebé», declaró.

Posada fue arrestado en EE.UU. en 2005, pero las autoridades lo acusaron únicamente de perjurio y fraude migratorio, nunca de terrorismo. Un jurado en El Paso lo absolvió de todos los cargos en 2011 tras tres horas de deliberación.

El caso divide aún hoy a la comunidad cubanoamericana, donde algunos los consideraban combatientes de la libertad y otros, terroristas que mataron a civiles inocentes. Las incógnitas sobre la autoría intelectual tampoco han desaparecido: testimonios recogidos a lo largo de los años apuntan a posibles complicidades dentro de la inteligencia venezolana.

Bosch murió en Miami en 2011, a los 84 años. Posada falleció en Florida en 2018, a los 90. Ambos vivieron y murieron como hombres libres. Kornbluh concluye que, ante lo que califica como «la parodia de justicia para las 73 víctimas», los documentos desclasificados ofrecen «el único veredicto posible: el veredicto de la historia».

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