El escritor, poeta y babalawo cubano Axel Presas sostiene que las políticas estadounidenses para forzar un cambio en Cuba llevan más de seis décadas sin dar resultado y que algo fundamental debe transformarse en ese enfoque de «políticas fallidas». Lo dijo en una entrevista con Tania Costa, donde analizó con prudencia y distancia crítica el papel de Washington en el destino de la isla.
Presas, profesor asistente de español en Eckerd College (Florida) y sacerdote de Ifá, cuida sus palabras al abordar el tema. «No quiero entrar en ese tema desde el punto de vista de los Estados Unidos porque puedo ser irrespetuoso con gente que ha decidido escoger una plataforma política aquí». Aun así, no elude su valoración de fondo.
«Pienso que esos cambios no están verdaderamente ayudando al pueblo de Cuba porque lo estamos viendo. Pienso que son cambios que no están dando fruto, que están fundamentados en cierta idea que es completamente obsoleta», afirma.
El escritor y babalawo distingue con precisión entre opinión y apreciación. Para él, una opinión carece de sustento en el conocimiento, mientras que una apreciación se construye sobre hechos verificables. Desde esa base, concluye: «Si estudiamos la historia política de este país y su relación con Cuba y vemos que todas estas políticas de quizás tratar de forzar un cambio no han funcionado por 67 años. O sea, algo tiene que hacerse, algo tiene que cambiarse».
Esa historia, a su juicio, acumula fracasos de distinto signo. Desde el embargo establecido por Kennedy en 1962 hasta la Ley Helms-Burton de 1996, pasando por el deshielo impulsado por Obama entre 2014 y 2017, ninguna estrategia ha producido un cambio de régimen en la isla. El debate sigue abierto en Washington. El secretario de Estado Marco Rubio declaró en septiembre que el régimen cubano «ha fracasado» y defiende una transición con libertades políticas y económicas simultáneas, aunque negó que exista un calendario fijo para producirla.
Presas no ataca a quienes dentro de la comunidad cubana en Estados Unidos apoyan las políticas de presión. Reconoce que cada persona tiene sus razones y que estas merecen ser escuchadas. Pero insiste en que cualquier proceso de cambio real debe construirse «desde una posición de integridad y desde una posición de entendimiento mutuo entre quiénes somos y quiénes queremos ser como nación».
En el contexto más amplio de la entrevista, el babalawo advierte que las emociones no pueden guiar ese proceso: «No podemos involucrar nuestras emociones en el proceso de definir lo que va a hacer Cuba o en el proceso de esa futura reconstrucción o esa futura reconciliación, porque entonces ahí estaríamos fallando».
Sobre si existe espacio para la esperanza, Presas es categórico: «Por supuesto, por supuesto. Pero la esperanza es para lo bueno. La esperanza siempre tiene que estar ligada a lo bueno».
La pregunta que subyace a toda su reflexión —por qué Cuba lleva 67 años sin cambiar— no tiene para él una respuesta sencilla, pero sí una condición de partida: que quienes participen en ese futuro proceso lo hagan bien intencionadamente, con integridad, solidaridad y lo que él llama «buena naturaleza».
Archivado en:
