
El canciller cubano, Bruno Rodríguez Parrilla, arremetió este sábado contra la administración Trump por su intento de imponer el término «superinteligencia» en lugar de «inteligencia artificial».
En su mensaje acumuló acusaciones contra Washington, pero omitió el acuerdo anunciado horas antes entre Donald Trump y Vladimir Putin para comercializar millones de toneladas de diésel ruso.
La omisión contrasta con sus reiterados elogios a Moscú: el aliado que La Habana presenta como respaldo frente a la presión estadounidense acaba de pactar con el presidente estadounidense al que Rodríguez acusa de agresiones y chantajes.
«Al gobierno de #EEUU ya no le bastan las agresiones militares, ni usurpar territorios y recursos ajenos, ni los asesinatos extrajudiciales en alta mar, ni bloqueos energéticos y navales, ni castigar una población entera amenazando al resto del mundo, ni cambiar nombres geográficos por caprichos políticos. Ahora intentan imponer un nuevo nombre técnico a la #InteligenciaArtificial a golpe de nuevas amenazas y chantajes, buscando un legado que será recordado por la barbarie, la incultura y el caos», escribió el ministro de Relaciones Exteriores en X.
Rodríguez cuestionó la orden ejecutiva firmada por Trump el 29 de septiembre para sustituir el término «inteligencia artificial» por «superinteligencia» en las comunicaciones del Gobierno federal. El mandatario había defendido esa denominación ante la ONU el 22 de septiembre y el 8 de octubre advirtió que la Casa Blanca consideraría «enemigo» a quien siguiera utilizando el término anterior.
La amenaza ofrece un motivo concreto de crítica. Lo revelador es que Rodríguez la acompañó de un catálogo de reproches a Washington sin abordar el negocio energético acordado este viernes entre Trump y el principal aliado político del régimen cubano.
Moscú negocia con el adversario de La Habana
El acuerdo anunciado por Trump contempla más de 300.000 toneladas de diésel de forma inmediata, otras 500.000 toneladas en noviembre y un millón poco después. Podrían sumarse tres millones adicionales, condicionados al estado de las refinerías rusas. El suministro tendría como destino los mercados estadounidense e internacional.
El Departamento del Tesoro emitió la Licencia General 135 para autorizar temporalmente determinadas operaciones de venta, entrega, descarga e importación de diésel ruso, incluida su entrada a Estados Unidos, hasta el 7 de abril de 2027. La autorización no elimina de manera general las sanciones contra Rusia.
El pacto introduce un elemento incómodo en el contraste que sostiene el discurso del canciller: Moscú como aliado fraterno y Washington como potencia agresora. Rusia puede mantener sus relaciones con Cuba y negociar con Estados Unidos, pero esa autonomía de intereses queda fuera del mensaje de Rodríguez.
La fraternidad que Bruno sí celebra
En febrero, Putin recibió a Rodríguez en el Kremlin y prometió que Rusia «siempre» estaría del lado de Cuba frente a las sanciones estadounidenses. El canciller definió entonces los vínculos bilaterales como «históricos, fraternos, especiales y estratégicos».
En abril, Rodríguez agradeció públicamente a Moscú un envío de petróleo durante una reunión en La Habana con el viceministro ruso Serguéi Riabkov. En septiembre, Rodríguez y el canciller Serguéi Lavrov se reunieron en Nueva York y reafirmaron el «excelente estado» de las relaciones estratégicas.
También Miguel Díaz-Canel felicitó a Putin por sus 74 años mientras Cuba atravesaba una grave crisis energética.
Rodríguez puede denunciar los excesos verbales de Trump sin cuestionar a Moscú. El reciente acuerdo petrolero exige una respuesta menos cómoda: explicar cómo encaja en su discurso que el aliado presentado como defensor de Cuba facilite combustible al país cuyo Gobierno acusa de imponer bloqueos energéticos.
Su mensaje no aborda esa tensión: reserva los reproches para Washington y deja fuera de examen la decisión del Kremlin.
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