
El canciller cubano Bruno Rodríguez Parrilla publicó este miércoles que solo el 17% de los estadounidenses apoya el uso de la fuerza militar para «tomar el control de Cuba», según una encuesta de Economist/YouGov, y presentó ese dato como prueba de que la política de Washington carece de respaldo popular.
«Es evidencia de la oposición mayoritaria de los ciudadanos de EE.UU. a la política agresiva de ese gobierno contra el pueblo cubano», escribió el ministro de Relaciones Exteriores en la red social X, acusando al secretario de Estado Marco Rubio de haber escogido la narrativa de que Cuba representa una amenaza como «pretexto» para justificar lo que llamó una agresión contra la isla.
Lo que Rodríguez no mencionó es que eligió el dato más bajo de toda la serie de mediciones de YouGov disponibles en 2026.
La encuesta de Economist/YouGov de agosto, realizada entre el 14 y el 17 de ese mes con 1,611 adultos estadounidenses, registró que el 58% se opuso al uso de la fuerza y el 17% lo apoyó. Sin embargo, entre los republicanos las opiniones estuvieron divididas: 33% a favor y 30% en contra. Entre los identificados con MAGA, el apoyo llegó al 44%.
Además, otras mediciones de la misma serie YouGov muestran una tendencia diferente a la que el canciller sugiere: en julio el apoyo fue del 18%, en septiembre subió al 20% y en marzo era del 22-23%. Rodríguez tomó el piso de la serie y lo presentó como si fuera el panorama completo.
Este patrón de selección conveniente de datos contrasta de forma llamativa con el silencio absoluto del régimen ante la encuesta más amplia realizada sobre opinión política en Cuba en años recientes.
En abril y mayo de 2026, más de 20 medios independientes cubanos —con participación de CiberCuba, elTOQUE, 14ymedio, Rialta, Alas Tensas y otros— impulsaron una consulta digital que recibió 42,263 respuestas válidas, el 58% procedentes de Cuba según geolocalización anónima.
Los resultados fueron contundentes: el 60,9% apoyó una intervención militar directa de EE.UU. y el 64,9% respaldó derrocar al gobierno cubano «por cualquier medio necesario, incluyendo la vía armada». La confianza media en el gobierno fue de 1,09 sobre cinco, y el 94% seleccionó el nivel mínimo de confianza.
La respuesta del régimen no fue debatir esos números, sino bloquear el enlace dentro de Cuba y atacar a sus organizadores a través de los medios estatales.
Granma la describió como «mentiras». El sitio oficialista Razones de Cuba la calificó de «fraude estadístico» y «montaje propagandístico». Juventud Rebelde acusó a los organizadores de manipulación con inteligencia artificial financiada por EE.UU. —la misma acusación que el régimen lanza sistemáticamente contra cualquier fuente que contradiga su narrativa.
Por las mismas fechas, una encuesta realizada para el Miami Herald por Bendixen & Amandi International y The Tarrance Group arrojó que el 79% de los cubanos y cubanoamericanos en el sur de Florida apoyaban una intervención militar de Estados Unidos en Cuba.
El contraste es difícil de ignorar: el canciller cubano amplifica encuestas estadounidenses que le convienen, pero el régimen bloqueó y atacó activamente la única consulta masiva que recogió la opinión de decenas de miles de cubanos sobre su propio futuro.
La pregunta que el régimen no responde es evidente: si la opinión pública estadounidense merece ser citada y amplificada, ¿por qué la de los propios cubanos debe ser bloqueada, descalificada y silenciada?
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