
El mundo del periodismo espirituano despidió esta semana a Pedro Larralde Machado, figura veterana de la prensa cubana que dedicó más de cinco décadas al oficio y fue considerado por sus colegas un maestro del gremio.
La noticia de su muerte trascendió el miércoles, cuando la periodista Delia Rosa Proenza Barzaga la compartió en redes sociales y el periódico Escambray reprodujo en su homenaje una entrevista que le había realizado a comienzos de 2021.
Proenza lo definió como «una pieza imprescindible en la historia de Escambray y del periodismo espirituano». Natural de Santa Clara, Larralde transitó por la prensa escrita, la radio y la televisión en Sancti Spíritus, y en 2020 recibió el Premio Provincial Tomás Álvarez de los Ríos por la obra de la vida, el máximo reconocimiento del gremio periodístico de esa provincia.
Su entrada al periodismo fue fortuita: siendo corresponsal voluntario en la fábrica Inpud de Santa Clara, comenzó a escribir notas para el periódico Vanguardia sin imaginar que aquellas breves colaboraciones marcarían el rumbo de su vida, relató en aquella entrevista.
La trayectoria de Larralde acumuló episodios de notable intensidad. Fue corresponsal de guerra en Angola durante 12 meses en la segunda mitad de los años 70, reportando para la revista Verde Olivo, y cubrió el XXI Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes en La Habana en 1978.
En 1981 se incorporó al periódico Escambray, donde ejerció como reportero y jefe de Información durante años. El periodista Juan Antonio Borrego habló siempre con admiración del «ojo clínico» que Larralde tenía tanto para los contenidos como para la visualidad de las páginas, apuntó Proenza Barzaga en la referida entrevista. Sobre esa etapa, el propio Larralde le comentó entonces: «Escambray me enseñó bastante, una de las mejores cosas que hallé allí fue la comprensión, la familiaridad de los compañeros». Posteriormente pasó a la radio y luego al telecentro Centrovisión, donde trabajó como reportero y guionista del noticiero hasta sus últimos años.
Larralde no rehuía la crítica al periodismo oficial de la isla. En la entrevista reproducida por Escambray sostuvo: «Insisto siempre en que, salvo honrosas excepciones, estamos haciendo un periodismo muy monótono, falto de atractivo y de pensamiento crítico; urgido de moverse más hacia lo que el lector necesita saber y ponerse al nivel de la vida del cubano».
Esa postura resulta especialmente significativa en el contexto actual: desde marzo de 2026, Escambray dejó de imprimirse y migró al formato digital por la escasez de papel y recursos que afecta a toda la prensa provincial cubana.
La noticia desató una amplia ola de condolencias entre colegas y excompañeros, quienes lo recordaron con el apodo cariñoso de «Larra». Una excompañera del noticiero de Centrovisión escribió que Larralde «no hubiese querido nunca jubilarse» y que «era de las personas que hasta que el noticiero no estuviera listo no le gustaba irse a su casa». Otro colega que lo tuvo como referente confesó: «Se me han ido el Rafa y el Larra, las dos razones que inspiraron mi amor por el periodismo durante una década… y quizás nunca les dije suficientemente 'gracias'».
La crisis material que atraviesa la prensa cubana en 2026 —con periódicos nacionales reducidos a una edición semanal y medios provinciales sin papel—, junto a la otra crisis de fondo, de su abrumadora función propagandística, más que periodística, hacen singularmente resonante la voz de quienes, como Larralde, reclamaron en vida un periodismo más cercano a la realidad del cubano.
«Su conducta y ética quedarán en el recuerdo de los que en el gremio aprendimos a quererlo», escribió uno de sus colegas al conocer la noticia.
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