
La ONU incluyó a Cuba entre las doce crisis humanitarias con menor financiación del planeta y anunciará el envío de cuatro millones de dólares en concepto de asistencia vital, según una investigación de Diario de Cuba difundida esta semana.
El anuncio forma parte de un paquete global de 160 millones de dólares que el Fondo Central para la Acción en Casos de Emergencia (CERF) de Naciones Unidas liberó el 2 de octubre para atender esas doce situaciones de emergencia, explicó el medio independiente.
La asignación destinada a Cuba es la más baja del conjunto, muy por debajo de los 18 millones que recibirán Afganistán, Yemen o el Territorio Palestino Ocupado, y de los 16 millones para Somalia y Sudán, detalla.
La inclusión de la isla en esa lista supone un reconocimiento institucional de que existe una brecha significativa entre las necesidades humanitarias del país y los recursos disponibles para cubrirlas. Con este desembolso, el CERF acumula 483 millones de dólares asignados a lo largo de 2026.
La nueva partida se suma a un plan humanitario más amplio que la ONU lanzó en marzo de 2026 por 94,1 millones de dólares, orientado a asistir a cerca de dos millones de personas en 63 municipios de ocho provincias cubanas. Sin embargo, a mediados de septiembre ese plan solo había recibido 42 millones, menos de la mitad de lo requerido, con un déficit superior a 52 millones de dólares.
El trasfondo de la crisis es fundamentalmente energético. El Sistema Electroenergético Nacional sufrió al menos siete colapsos masivos durante 2026, con apagones de hasta 48 horas consecutivas en provincias como Santiago, Holguín y Matanzas, y de entre 15 y 20 horas en La Habana. En agosto, la generación eléctrica cubrió menos de un tercio de la demanda nacional.
Los efectos en cascada son devastadores. La Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA) estimó que la escasez de agua afecta a unos 3,5 millones de personas, mientras que UNICEF advirtió que los cortes eléctricos ponen en riesgo la vacunación de unos 70,000 niños.
El coordinador residente de la ONU en Cuba, Francisco Pichón, describió la situación como un «shock energético sistémico» y «el principal multiplicador de riesgos humanitarios». En abril, Pichón alertó que «la crisis energética tiene un impacto sistémico y cada vez mayor sobre la salud, el agua y el saneamiento, los sistemas alimentarios, la educación, el transporte y las telecomunicaciones».
El propio régimen cubano reconoció que en abril de 2026 solo llegó un buque de combustible de los ocho necesarios mensualmente, una cifra que ilustra la magnitud del desabastecimiento. A esa situación se sumaron los daños estructurales del huracán Melissa, que atravesó la isla como tormenta de categoría tres en octubre de 2025 y afectó a más de dos millones de personas.
Pichón llegó a pedir que se negociara con Estados Unidos una excepción humanitaria para el petróleo y la ayuda destinada a Cuba, una solicitud que evidencia hasta qué punto la escasez de combustible está en el centro de la emergencia.
Desde octubre de 2025 hasta mediados de septiembre de 2026, unos 1,6 millones de personas habían recibido algún tipo de asistencia en el marco del plan humanitario de la ONU, una cifra que contrasta con los más de 52 millones de dólares que aún faltan para financiar completamente ese esfuerzo.
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