La familia de Leonardo Orué Calderín, vecino de la localidad de Nuevo Bamba, en el municipio de Palma Soriano, Santiago de Cuba, denunció que su muerte pudo haberse evitado si el sistema de salud cubano hubiera respondido con la urgencia que exige una peritonitis, según un reportaje de Martí Noticias publicado este domingo.
Orué Calderín, conocido en su comunidad por su labor como donante voluntario de sangre, llegó de madrugada a un policlínico de Palma Soriano con dolores abdominales agudos. Desde ese primer momento, la cadena de fallos comenzó: retrasos en la decisión de remitirlo y demoras en el traslado en ambulancia hasta el Hospital Clínico Quirúrgico Juan Bruno Zayas Alfonso de Santiago de Cuba.
En el hospital, el calvario se prolongó durante días. Su hija, Danieyis Orué, residente en Estados Unidos, describió la secuencia de negligencias: «Lo vestían de verde, se lo llevaban hasta la puerta del salón, lo volvían a sacar, pues llegaban personas más complicadas que él. El jueves deciden entrarlo al salón y entonces cuando lo van a operar, no hay el grupo de sangre de él».
La familia tuvo que conseguir las bolsas de sangre por sus propios medios. Un camillero se ofreció a vender una bolsa, pero el paciente necesitaba al menos dos. «A las 6:00 de la tarde lo meten por fin al salón, y, efectivamente, lo que siempre se pensó, una peritonitis ¡de cuántos días!», relató Danieyis.
La indignación de la hija apunta directamente a la falta de previsión del centro: «¿Cómo vas a planificar una cirugía que tienes desde el martes, el miércoles vas a llevar la persona, vas a querer ya ponerle anestesia y te vas a dar cuenta que no está el grupo de sangre de esa persona? Eso es algo inhumano».
El doctor Yonardo Fonseca, especialista consultado por Martí Noticias, coincidió en señalar que la demora más grave no fue en el traslado sino dentro del propio hospital: «Lo que sí llama la atención es en el hospital, esa demora tan grande desde que se hizo el diagnóstico hasta que se decidió operarlo».
Tras la cirugía, los médicos informaron a la familia que la operación había sido «un éxito». Pocas horas después, el paciente sufrió un nuevo colapso orgánico y falleció en la madrugada. El medicamento metronidazol, indispensable para el tratamiento, también tuvo que ser conseguido de urgencia por allegados ante la ausencia del fármaco en el hospital.
El médico tratante, en videollamada con Danieyis, se limitó a señalar que había hecho «lo que estaba en sus manos» y que el traslado en ambulancia «ya no dependía de él». Martí Noticias intentó obtener la versión del hospital, pero nadie contestó el teléfono.
El caso de Orué Calderín no es el primero que sacude al Juan Bruno Zayas en 2026. En septiembre murió Aniari Barrientos Vázquez, de 26 años, tras una inducción del parto; en abril, Alexis Rosales Aldama falleció tras esperar más de cuatro horas una ambulancia; y en enero, Yordanis Beltrán Beltrán, de 42 años, murió tras más de dos horas sin transporte sanitario.
El deterioro del hospital es estructural: aguas albañales bajo las camas, ratas en la sala de Perinatología, baños en estado crítico e interrupción del servicio de hemodiálisis por falta de sal. A nivel nacional, Díaz-Canel ha admitido el déficit de medicamentos mientras más de 98,500 pacientes, incluidos 12,000 niños, aguardan cirugías aplazadas por apagones y escasez de suministros en toda la isla.
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