La nueva Ley 187 «De la Vivienda», publicada este miércoles en la Gaceta Oficial y con entrada en vigor prevista para el 21 de octubre, genera expectativas entre cubanos de la isla y la diáspora, pero el economista Elías Amor advierte que la norma está diseñada para fracasar: mientras el Estado siga controlando el mercado inmobiliario, ninguna reforma legal cambiará el desastre habitacional que vive Cuba.
Amor, que analizó la ley en una entrevista con Tania Costa, resume su veredicto sin rodeos: «Esta ley, con todos mis respetos, no sirve para nada, porque aunque los precios de las viviendas en Cuba sean muy baratos y estimulen sobre todo a los extranjeros a tomar posesión en Cuba de viviendas, hay una ley... que dice que no puedes tener más de dos viviendas».
Ese tope —dos inmuebles en propiedad más uno adicional de descanso o veraneo— es, según el economista, el talón de Aquiles de toda la normativa. Para un inversor que busca rentabilidad a escala, el límite lo excluye de entrada. «Si tú te planteabas la inversión en vivienda, olvídate de Cuba, porque en Cuba solo vas a tener dos y una más para veraneo», señala Amor. Y añade con un ejemplo concreto: «Un español, por ejemplo, que quiera comprar 20 o 30 casas... ese tipo en Cuba no tiene ningún interés de comprar nada».
Son precisamente los grandes fondos inmobiliarios y los inversores con capacidad de comprar decenas de propiedades los que podrían movilizar capital suficiente para reactivar un sector en ruinas. Al excluirlos, la ley cierra la puerta a la única fuente de financiación privada capaz de hacer mella en el déficit habitacional de más de 929,000 viviendas que acumula Cuba.
El deterioro del parque habitacional que esa inversión debería atender es, en palabras del propio Amor, catastrófico. «Ya no están las bañeras, ya no están los baños. Lo que hay es un agujero en el suelo para que la gente haga ahí su necesidad», describe al referirse al estado de muchas viviendas cubanas. Y advierte que sin un giro radical de política, esa imagen no cambiará: «Ese desastre, si no cambian las cosas, si no hay un empuje real de 180 grados, va a continuar».
Las cifras respaldan el diagnóstico. En La Habana colapsan aproximadamente 1,000 edificaciones al año, el 35% del parque habitacional del país está en estado regular o malo, y en 2025 solo se construyeron 2,382 viviendas de las 10,795 planificadas, apenas el 22% del plan.
La nueva ley, aprobada por la Asamblea Nacional el 30 de julio e impulsada como la reforma habitacional más importante en casi cuatro décadas, introduce novedades como la eliminación de la confiscación por emigrar, el reconocimiento del derecho a la herencia y la creación de cooperativas de vivienda. Pero Amor insiste en que esos avances son cosméticos si el Estado no cede el control al sector privado: «Mientras que la vivienda esté controlada, dirigida, ordenada por el Estado y no por el sector privado, la vivienda no va a ser un sector de desarrollo suficiente en la economía cubana».
El contexto macroeconómico agrava aún más el panorama. La inflación interanual en Cuba llegó al 28,5% en septiembre de 2026 según la Oficina Nacional de Estadísticas e Información, y Amor pronostica que cerrará el año entre el 35% y el 40%, una tasa que, en sus palabras, «destruye los ahorros, las pensiones, el salario mínimo». Esa hiperinflación hace inviables los subsidios y créditos prometidos por la ley a jóvenes y familias vulnerables, dado el déficit crónico del presupuesto cubano.
«En Estados Unidos, en España, en Europa, nos alarmamos con tasas de inflación de un 4% y en Cuba los cubanos están pagando siete veces más el incremento de los precios. Yo no sé cómo pueden vivir», concluye el economista.
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