
La frustración con Donald Trump y Marco Rubio crece entre sectores del exilio cubano en el sur de Florida, nueve meses después de que fuerzas especiales estadounidenses capturaran a Nicolás Maduro en Caracas y despertaran la esperanza de una acción similar contra la dictadura cubana.
Así lo documenta un reportaje de Kirk C. Nielsen en Florida Bulldog, publicado este jueves, que usa la radio en español de Miami como termómetro del estado de ánimo del exilio a pocas semanas de las elecciones legislativas del 3 de noviembre.
La operación del 3 de enero —en la que murieron 32 soldados cubanos que custodiaban a Maduro— disparó las expectativas de una intervención en Cuba. Trump las alimentó ocho días después con una amenaza en redes sociales: «NO HABRÁ MÁS PETRÓLEO NI DINERO PARA CUBA. CERO. Les sugiero firmemente que lleguen a un acuerdo ANTES DE QUE SEA DEMASIADO TARDE». En junio volvió a la carga diciendo que la isla podría recibir «el mismo tratamiento que Venezuela» y que estaba a «un salto de distancia».
Pero nueve meses después no ha habido ninguna acción militar.
Las razones del estancamiento son varias. Según una investigación de The Atlantic, las conversaciones secretas entre Rubio y Raúl Guillermo Rodríguez Castro, alias «El Cangrejo» —nieto de Raúl Castro—, se bloquearon cuando Washington exigió la salida de Díaz-Canel como condición innegociable.
A eso se sumó el giro de la administración hacia el conflicto con Irán, que comprometió los recursos militares disponibles. En septiembre, Trump descartó públicamente la acción militar y apostó por un acuerdo negociado.
Ese giro ha tenido eco inmediato en las emisoras de habla hispana de Miami —América Radio (1260 AM), La Nueva Poderosa (990 AM) y el programa de Alberto Cutié—, que funcionan como foro político del exilio y llegan a decenas de miles de personas por AM y por transmisión digital.
El reportaje de Nielsen advierte que las voces recogidas son llamadas anónimas, no una encuesta representativa de toda la comunidad.
Omar Moynelo, conductor del mediodía en La Nueva Poderosa, describió en agosto la situación con una metáfora: «Y ella dice: "Ahora sí, vamos a construir algo muy bello". Pero ya no le crees porque te dejó y tardó mucho. Aquí esto le está pasando a mucha gente».
Un oyente anciano y agitado que llamó al mismo programa fue más directo: «¡Diciembre nos va a agarrar todavía en este disparate! ¡Nada va a caer! No van a entrar militarmente, no van a entrar a hacer nada, menos aún con las elecciones. Dos marines mueren y perdemos la Cámara y el Senado. No tienen visión, no tienen nada planeado, y esto es un desastre. ¡Es triste! ¡Es vergonzoso!».
En el programa de Cutié, otro oyente fue aún más tajante: «No voy a votar por nadie más si Cuba no es libre este año».
Frente a ese descontento, voces dentro del propio exilio piden calma. El congresista Mario Díaz-Balart ha argumentado que cualquier acción debe evitar muertes civiles. Cossío, de América Radio, cita la «paciencia y persistencia» que el propio Rubio reivindicó en agosto como argumento para mantener la confianza. El mismo Moynelo ha salido en defensa de Trump ante sus oyentes más críticos.
A la frustración por Cuba se suma el malestar por las deportaciones: la administración ha enviado a casi 6,000 cubanos a México y a otros a países africanos, lo que ha generado críticas desde Actualidad Radio.
La congresista María Elvira Salazar, aliada histórica de Trump, lanzó en septiembre un anuncio bilingüe advirtiendo que los hispanos que lo eligieron «ahora se sienten traicionados», y las encuestas la sitúan empatada al 45% con su rival demócrata en el Distrito 27 de Florida.
El analista Guillermo Grenier, del Cuba Poll de la Universidad Internacional de Florida, advierte que el descontento no se traducirá en votos demócratas sino en abstención —el verdadero riesgo electoral para los republicanos el 3 de noviembre—, en una comunidad que en 2024 respaldó a Trump con el 68% de sus votos en Miami-Dade.
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