El sector privado cubano, presentado por el régimen como alternativa al empleo estatal, no consigue trabajadores porque los salarios que ofrece han sido devorados por la inflación.
Un reportaje de Amado Viera en Havana Times documenta el fenómeno en Camagüey y Ciego de Ávila, dos provincias donde hasta hace poco sobraban los solicitantes de empleo.
El caso más ilustrativo es el del restaurante Dichín, en Camagüey, que reabrió bajo gestión privada el 10 de octubre con la ambición de recuperar su lugar como referente de la cocina china en la ciudad.
Apenas tres días después, sus propietarios publicaban anuncios buscando camareros, ayudantes de cocina y cocineros, con un salario base de 900 pesos diarios, poco más de 1,10 dólares al tipo de cambio informal, que esta semana superó la barrera histórica de los 800 pesos por dólar.
Los comentarios en Facebook fueron demoledores. «Ningún cocinero con dignidad aceptaría esa miseria. Quizás alguien desesperado o algún chico recién salido de los cursos de la Asociación Culinaria. De lo contrario, veo a los propios dueños teniendo que lidiar con las ollas», ironizó un usuario identificado como «Participante Anónimo».
El fenómeno no se limita a Dichín. El bar-restaurante Nü House, también en Camagüey, anunció igualmente la búsqueda de pizzero y ayudantes.
Un extrabajador del local, citado de forma anónima, resumió la contradicción: «Saben que se han quedado atrás en salarios. Los ayudantes ganan 1,250 pesos por turno y los pizzeros entre 2,000 y 3,000. Esos sueldos no han cambiado en meses y dejaron de ser competitivos hace mucho tiempo. Sin dar aumentos, han subido los precios del menú: la mayoría de los platos cuesta ahora el doble que hace un año».
Una cena para dos en Nü House rara vez baja de 20,000 pesos, casi siete veces el salario mínimo mensual legal de 3,210 pesos, que al cambio informal equivale a menos de cuatro dólares.
La escasez alcanza incluso puestos de baja cualificación. Leandro, propietario de una imprenta en Camagüey, se queja de «tener que formar constantemente a nuevos empleados que se marchan poco después».
Iván Ortiz, dueño de una cuadrilla de construcción de tejados, dice haber rechazado trabajos por la inestabilidad de su plantilla y lo sintetiza así: «La gente no quiere trabajar», comentó al Havana Times.
Una encuesta informal —sin autor ni metodología identificados— a 25 trabajadores privados en ambas provincias reveló que solo tres tenían contrato fijo, que las subidas salariales no superaron el 20% en doce meses y que más de la mitad compagina dos o más empleos.
El economista Omar Everleny Pérez calculó en abril que mantener un hogar de dos personas en Cuba requería 61.710 pesos mensuales para cubrir necesidades básicas. En septiembre actualizó solo la partida alimentaria y la situó en 47.135 pesos para dos personas en La Habana, casi 60% más que un año antes.
Entre 2025 y 2026, la canasta básica subió un 26,7% y los alimentos más del 37%, porcentajes que superan con creces los aumentos salariales del sector privado. El salario medio estatal en agosto fue de 7.354 pesos, menos de diez dólares al cambio actual.
El nuevo Código de Trabajo, en vigor desde el 25 de septiembre, declara entre sus objetivos acabar con el empleo informal y equiparar derechos laborales, pero no aborda el problema central: los salarios.
Este mismo sábado, Miguel Díaz-Canel afirmó que las 176 Transformaciones Económicas y Sociales buscan «reducir desigualdades» y proteger a los más vulnerables, un discurso que contrasta con la realidad documentada en Camagüey y Ciego de Ávila.
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