
Tener empleo en España ya no garantiza escapar de la pobreza cuando se paga un alquiler a precio de mercado.
Así lo concluye un informe publicado este martes por Oxfam Intermón que estima que el gasto en vivienda empuja a 770.000 personas trabajadoras adicionales por debajo del umbral de pobreza en España, elevando el total a cerca de tres millones.
El estudio, elaborado por Alejandro García-Gil, responsable de vivienda, empleo y políticas sociales de la organización, se basa en la Encuesta de Condiciones de Vida 2025 del INE, con datos de renta de 2024.
La metodología no aplica un umbral fijo: resta el alquiler, la hipoteca y los impuestos de propiedad de los ingresos de cada hogar y recalcula la mediana para reflejar la capacidad económica real tras afrontar los gastos habitacionales.
Antes de descontar esos costes, el 11,48% de las personas con empleo —unos 2,2 millones— se encontraba ya en situación de pobreza laboral en 2024. Una vez incorporados los gastos de vivienda, la tasa sube al 15,49%, más de cuatro puntos porcentuales.
El alquiler, el factor más devastador
El impacto es especialmente severo entre quienes arriendan a precio de mercado. Según las estimaciones de Oxfam Intermón, su tasa de pobreza laboral pasa del 19,35% antes de pagar la renta al 34,08% después: una de cada tres personas trabajadoras inquilinas queda por debajo del umbral de pobreza tras abonar el alquiler, un incremento relativo del 76%.
La brecha con otros regímenes de tenencia es enorme: entre quienes aún pagan hipoteca, la tasa posterior al gasto residencial es del 10,22%; entre quienes ya tienen la vivienda pagada, cae al 7,95%.
«Los desahucios son la cara más extrema de la crisis habitacional, pero no la única. Hay otra realidad menos visible: personas que trabajan y consiguen pagar a duras penas su casa cada mes, pero que después de hacerlo no disponen de ingresos suficientes para sostener una vida digna», señala García-Gil.
Familias con hijos y territorios más afectados
Las familias con menores concentran los peores datos: la pobreza laboral roza el 40% en hogares con tres o más hijos y alcanza el 29,6% en los monoparentales, ya descontados los costes de vivienda.
Por comunidades autónomas, Madrid encabeza el aumento al incorporar el gasto habitacional: pasa del 7,29% al 12,73%, un salto de 5,44 puntos. Le siguen Cataluña (del 7,90% al 12,86%) y Murcia (del 15,37% al 20,23%). Andalucía registra la tasa más elevada del país: 17,65% antes de vivienda y 20,98% después.
El informe también subraya que la pobreza laboral apenas se redujo entre 2022 y 2024 —del 11,64% al 11,48%— pese a que el PIB creció más de un 6% en ese periodo, lo que evidencia que el crecimiento económico no se traslada automáticamente a los trabajadores más vulnerables.
Qué significa esto para los cubanos en España
Para los cubanos que trabajan o valoran emigrar a España —comunidad que alcanzó unos 287.490 empadronados a comienzos de 2026—, los datos son especialmente pertinentes. Aunque el estudio no ofrece cifras desagregadas por nacionalidad, el perfil del trabajador más afectado coincide con el de muchos recién llegados: inmigrante, inquilino a precio de mercado y empleado en sectores de baja cualificación.
Más del 68% de las personas extracomunitarias en España viven de alquiler, frente al 13,1% de los españoles, y los trabajadores latinoamericanos cobran de media al menos un 31% menos que sus pares españoles.
El alquiler medio nacional alcanzó 15,1 euros por metro cuadrado en mayo de 2026, máximo histórico, con Madrid en 23,4 euros por metro cuadrado.
El informe se publica en plena movilización social por la vivienda en España. El Gobierno aprobó dos reales decretos-ley en respuesta a las protestas recientes, que Oxfam Intermón valora como avance parcial.
Según las nuevas medidas de alquiler aprobadas en España, uno de los decretos ya está en vigor desde el 1 de octubre, mientras el segundo aguarda publicación en el Boletín Oficial del Estado y convalidación parlamentaria.
«Una política de vivienda efectiva debe permitir no solo conservar un techo, sino vivir dignamente debajo de él», concluye García-Gil.
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