
El secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, declaró este miércoles desde Mumbai que las decisiones sobre el acceso de Ucrania a la red satelital Starlink corresponden exclusivamente a SpaceX y a Elon Musk, y no a la Casa Blanca, según informó Reuters.
Rubio sostuvo que el servicio está regulado por un contrato comercial privado que determina cómo puede utilizarse la tecnología y qué velocidades permite SpaceX, y negó categóricamente que el presidente Trump o cualquier otro funcionario del Gobierno hubiera ordenado modificar el acceso ucraniano.
Añadió que, según su entendimiento, el servicio ya había sido restaurado, aunque reconoció no saber si la administración conocía de antemano la decisión de ralentizarlo.
La controversia estalló el martes cuando el Wall Street Journal reveló que Musk ordenó personalmente limitar la velocidad de Starshield —la variante militar de SpaceX— utilizada por Ucrania, según funcionarios estadounidenses y personas familiarizadas con el asunto.
La restricción, aplicada alrededor del 13 y 14 de octubre, habría dejado prácticamente inutilizables algunos drones de ataque e interceptores ucranianos. El umbral de velocidad impuesto, de aproximadamente 161 km/h, impide operar a drones interceptores que deben alcanzar aparatos rusos Shahed que viajan a unos 370 km/h.
El contexto político agrava la situación: tanto Trump como Musk habían expresado su enojo por los ataques ucranianos contra refinerías rusas de diésel, que Trump vinculó directamente con el alza de precios energéticos en Estados Unidos.
Las versiones sobre la responsabilidad son contradictorias. Musk sostuvo que los límites de velocidad de Starshield los decide el ejército estadounidense y, en última instancia, el propio presidente. Trump, por su parte, negó haber ordenado la medida y afirmó no saber si Musk estaba implicado.
El secretario de Defensa, Pete Hegseth, atribuyó el problema a las condiciones de uso del servicio y descartó que EE.UU. hubiera retirado el acceso.
El presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, confirmó el 17 de octubre que la limitación continuaba activa. Este miércoles señaló que Rubio le comunicó durante una llamada que trabajaría para «desbloquear» la ralentización.
Esa conversación, de 45 minutos y celebrada el martes, también abordó la escasez de interceptores de misiles y el intercambio de inteligencia, dos asuntos igualmente tensos en la relación bilateral.
Rubio fue enfático al negar que Washington estuviera reteniendo información cuya ausencia pudiera costar vidas ucranianas, calificando esas acusaciones de «escandalosas».
Starshield, a diferencia del Starlink comercial, usa cifrado reforzado y terminales especializados diseñados para misiones de seguridad nacional bajo contratos con el Gobierno de EE.UU., lo que complica la distinción entre una decisión corporativa de SpaceX y una política de Estado.
El doble rol de Musk —empresario privado y asesor cercano a Trump— es precisamente el núcleo del debate. En palabras del propio Rubio ante la prensa, según el Departamento de Estado: «No se le está negando nada deliberadamente a Ucrania. Es simplemente un equilibrio entre nuestras obligaciones con otros socios y, francamente, nuestros propios estándares y requisitos para nuestras propias instalaciones».
Ucrania enfrenta este invierno una creciente escasez de interceptores ante la presión aérea rusa, que en abril de 2026 alcanzó un récord histórico con más de 6,700 drones y misiles lanzados en un solo mes.
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