
El Centro de Estudios Ambientales de Cienfuegos (CEAC) ejecutará un contrato de investigación aprobado por el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) para estudiar la presencia de microplásticos en las aguas subterráneas cubanas, según informó la Agencia Cubana de Noticias el miércoles pasado, citando a la Red de Comunicadores de Cuba (RECNUC).
El contrato se inscribe en el Proyecto de Investigación Coordinado F33032 del OIEA, cuyo arranque oficial se produjo a comienzos de octubre de 2026 y cuya duración prevista se extiende hasta 2030. Cuba participa junto a otros ocho países: Argentina, Brasil, Camerún, Francia, India, Marruecos, Suecia y Túnez.
La denominación completa del convenio cubano es «Desarrollo de un Marco Metodológico Integrado que Combina Hidrología Isotópica, Trazadores Ambientales, Hidrogeoquímica y Análisis de Microplásticos para Evaluar Fuentes de Contaminación, Vías de Transporte y Destino Ambiental en Sistemas de Aguas Subterráneas Cubanas», según precisó la nota de la Agencia Cubana de Noticias.
La ingeniera Anamary Acosta Valladares, identificada como Aspirante a Investigador, asumirá la responsabilidad científica principal por parte del CEAC.
«El proyecto nos permitirá integrar la hidrología isotópica, los trazadores ambientales, la hidrogeoquímica y el análisis de microplásticos para evaluar de dónde provienen estos contaminantes en las aguas subterráneas cubanas, cómo se transportan y cuál es su destino», explicó Acosta Valladares.
El trabajo arrancará con la recopilación de información existente sobre la calidad del agua subterránea y la presencia de microplásticos y otros contaminantes.
Después se definirán los puntos de muestreo y se establecerá un programa de vigilancia.
Las muestras serán procesadas con control de calidad en el Laboratorio de Ensayos Ambientales del CEAC para determinar la composición de los contaminantes y el origen del agua.
Los resultados también permitirán analizar los procesos de degradación de los microplásticos y su relación con la recarga y el movimiento del agua bajo tierra, con miras a publicaciones científicas y guías técnicas.
Importa subrayar que el proyecto no parte de una contaminación demostrada de los acuíferos cubanos ni de un riesgo sanitario identificado: se trata de una iniciativa de vigilancia e investigación científica en un campo donde, según el propio OIEA, las fuentes, los mecanismos de transporte y los impactos de los microplásticos en acuíferos «siguen siendo poco comprendidos por limitaciones metodológicas y falta de enfoques estandarizados».
El CEAC acumula experiencia previa en este campo. El centro detectó microplásticos en la bahía de Cienfuegos y registró 49,562 partículas por metro cúbico durante la época seca de 2020.
En mayo de 2026 anunció además un proyecto para estudiar microplásticos en organismos marinos mediante técnicas nucleares, y participó en un estudio sobre sedimentos del río Almendares y la bahía de La Habana publicado en Marine Pollution Bulletin.
El nuevo contrato F33032 se centra en las aguas subterráneas, un entorno distinto y menos explorado que los sistemas marinos o superficiales.
A escala nacional, Cuba tiene documentadas más de 2,200 fuentes contaminantes de aguas —industriales, agropecuarias y urbanas—, lo que subraya la relevancia de contar con datos de vigilancia sobre los acuíferos del país.
Entre los resultados previstos del proyecto internacional figuran protocolos armonizados de muestreo y análisis, una base de datos global sobre microplásticos e isótopos, y estudios de caso de sitios piloto que fortalezcan las capacidades técnicas de los países participantes.
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