
La encargada de negocios de la Embajada de Estados Unidos en Barbados, el Caribe Oriental y la OECO, Karin Sullivan, publicó el jueves un artículo de opinión dirigido explícitamente a los gobiernos del Caribe oriental para pedirles que rechacen la resolución anual de Cuba contra el embargo en la ONU, cuya votación está prevista para el próximo miércoles 28 de octubre.
El texto, titulado «La verdad detrás de la oscuridad de La Habana», es la pieza más reciente de una ofensiva diplomática que Washington ha desplegado en las últimas semanas y que según Miguel Díaz-Canel, llevará a que algunos países cambien su voto porque «están intimidados por las presiones de Estados Unidos».
Sullivan apunta directamente al argumento central del régimen: que los apagones y la crisis sanitaria son consecuencia del embargo estadounidense.
«¿Por qué se apagan las luces? Porque el régimen incompetente se pone a sí mismo primero», señala, y respalda esa afirmación con una batería de cifras que el gobierno cubano nunca difunde.
La primera de ellas desmonta el relato del «bloqueo total»: en 2025, Estados Unidos exportó a Cuba productos por valor de más de 810 millones de dólares. La legislación estadounidense permite expresamente la exportación de alimentos, medicinas y equipos médicos a la isla.
La segunda cifra apunta a las prioridades del régimen: en 2024, el régimen cubano gastó 11 veces más en sostener su industria turística —controlada por el conglomerado militar GAESA— que en salud y educación combinadas, mientras los hospitales permanecen a oscuras y los niños esperan atención médica.
La tercera revela el destino del petróleo venezolano: entre finales de 2024 y finales de 2025, Venezuela suministró a Cuba unos 70,000 barriles diarios, pero el régimen revendió alrededor del 60 % de ese crudo a Asia a cambio de divisas, en lugar de destinarlo al consumo interno.
El artículo también pone en el punto de mira las brigadas médicas cubanas en el Caribe, presentadas por La Habana como cooperación humanitaria y utilizadas históricamente como palanca diplomática con los pequeños Estados de la región.
Sullivan las describe sin ambages como trabajo forzoso: los países anfitriones pagan grandes sumas por cada médico, pero el régimen confisca entre el 50 % y el 95 % de sus salarios, retiene sus documentos de identidad y restringe su libertad de movimiento. «Eso no es trabajo humanitario. Es trabajo forzoso», subraya.
La diplomática recuerda una frase del secretario de Estado Marco Rubio: «El sufrimiento en las zonas rurales de Cuba es agudo y profundo. No es por el embargo. Es porque no saben cómo dirigir una economía».
Sullivan también contrasta la represión del régimen —más de 800 presos políticos—con la ayuda humanitaria estadounidense: nueve millones de dólares a través de la Iglesia Católica tras el huracán Melissa y otros 100 millones destinados a un programa de asistencia mediante Catholic Relief Services y Samaritan's Purse, sin intermediación del gobierno cubano.
El mensaje final va dirigido sin rodeos a los aliados caribeños del régimen: «Los socios o aliados que voten a favor de la resolución del régimen respaldan a una dictadura que reprime violentamente a su propio pueblo, exporta violencia y radicalismo, y amenaza la estabilidad de nuestro hemisferio».
Y les insta a oponerse de manera pública a la dictadura cubana y «le exijan cambios reales, en lugar de seguir culpando a otros por sus propios fracasos. El pueblo cubano merece un futuro libre del régimen que le ha fallado, no otro año de excusas».
El gobierno de Donald Trump también ha intensificado sus gestiones para reducir los apoyos a la resolución cubana contra el embargo.
Recientemente se conoció que Alemania evalúa romper 24 años de votos favorables a La Habana, por primera vez en 24 años.
En 2024, la iniciativa cubana obtuvo 187 votos favorables. Sin embargo, en 2025 el apoyo cayó a 165 países, con siete votos en contra y 12 abstenciones. Hungría se convirtió entonces en el primer miembro de la Unión Europea en votar en contra, mientras Polonia, República Checa y los tres países bálticos optaron por abstenerse.
En julio pasado, una votación diferente, destinada a autorizar un debate extraordinario sobre Cuba, reunió apenas 136 votos favorables, nueve en contra y 30 abstenciones.
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