Miguel Ángel Rosales llegó a Estados Unidos en 1971 con residencia permanente, crió allí toda su vida y nunca imaginó terminar varado en Tapachula, México, a los 55 años de haber abandonado Cuba. Su historia fue recogida en dos entrevistas publicadas en Instagram por Raúl Hernández, un joven cubano también deportado a México que administra la cuenta «Cubano Deportado» y documenta testimonios de compatriotas en esa misma situación.
Rosales salió de Cuba legalmente junto a su familia y obtuvo residencia permanente desde su llegada. Solo regresó a la isla una vez, en 1980, para sacar a familiares que vivían bajo la dictadura. Décadas después tuvo un problema con la ley en Estados Unidos, cumplió condena y en 2021 obtuvo un perdón del gobernador de su estado, quien estudió el caso y le concedió clemencia ejecutiva. Desde entonces trabajaba, pagaba impuestos y cumplía con la supervisión migratoria de ICE.
Sin embargo, el 27 de febrero de 2026, agentes de Inmigración lo detuvieron sin que mediara ningún arresto nuevo. «Nada de eso. Yo tenía mi trabajo, estaba pagando mis impuestos. Desde que salí de prisión, todo ha sido un proceso legal», declaró Rosales.
El caso de Miguel Ángel Rosales refleja una realidad que afecta a miles de cubanos con años de vida en EE.UU. Sigue todos los detalles sobre deportaciones, residencia permanente y políticas migratorias en nuestra sección de Inmigración en EE.UU.
La razón por la que terminó en México y no en Cuba es la misma que afecta a miles de cubanos deportados: el régimen cubano se niega a recibir a quienes salieron del país antes de 2017 o tienen antecedentes penales. Ante esa negativa, las autoridades estadounidenses los envían a México como tercer país de destino bajo un acuerdo no escrito entre ambos gobiernos, cuya legalidad la Corte Suprema de Estados Unidos analiza desde que permitió temporalmente continuar con las deportaciones en septiembre de 2026.
Rosales fue trasladado durante tres días en autobús desde la frontera hasta Tapachula, Chiapas, sin que le devolvieran sus documentos, su teléfono ni ninguna de sus pertenencias. «No me entregaron mis propiedades ni mi teléfono, nada», relató.
En Tapachula pasó cuatro meses gestionando su situación migratoria. Por su edad, las autoridades mexicanas le concedieron una visa humanitaria en lugar de la residencia. Pero la espera fue dura: describió la ciudad como un lugar donde los cubanos viven «casi secuestrados».
«Tapachula está bien duro para los cubanos. Allá es como si estuviéramos secuestrados, porque sin papeles legales no puedes moverte de allá», explicó. «Si no tienes dinero, vas a dormir en los parques. Yo he visto muchos cubanos durmiendo allá».
Su caso no es aislado. Según un informe de Human Rights Watch publicado en mayo de 2026, entre enero de 2025 y marzo de ese año Estados Unidos deportó a 4,353 cubanos a México, el grupo nacional más numeroso entre los enviados a ese país. El 55% tenía condena penal previa; el 26% no tenía antecedentes de ningún tipo. Activistas estimaron que unos 800 cubanos permanecen varados en Tapachula y cerca de 3,000 en Villahermosa, Tabasco.
Otros cubanos han vivido situaciones similares. Julio Borrell, de 72 años y con 46 en Miami, fue deportado a Tapachula tras una cita rutinaria con ICE. Otros relatan haber sido tratados sin ninguna consideración durante el proceso de deportación.
Raúl Hernández, quien realizó las entrevistas, es él mismo un deportado cubano que llegó a México en agosto de 2025 tras pasar meses detenido en Miami. Desde su cuenta en Instagram documenta sistemáticamente estos testimonios, convirtiéndose en una referencia sobre la crisis que enfrentan sus compatriotas.
El mensaje final de Rosales fue directo: «El consejo que les doy es que vayan a la escuela y estudien. El estudio es lo principal. Estudien para que puedan tener un buen trabajo y no se metan en problemas con las leyes, porque no van a poder hacer más nada».
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