
El Ministerio de Comercio Interior (MINCIN) celebró esta semana en redes sociales la inauguración de tres nuevos mercados de barrio en Ciego de Ávila, donde la viceministra Aracelys Cardoso y la directora general de Ventas de Mercancías, Marpessa O. Portal de Villiers, verificaron las condiciones de los locales y las facilidades de pago electrónico. La respuesta de los cubanos no tardó en llegar, y fue demoledora.
La publicación oficial aseguró que los productos de la nomenclatura aprobada «se deben comercializar entre un 10% y 15% por debajo de los precios de otros mercados de la comunidad», gracias a incentivos fiscales establecidos. Sin embargo, la brecha entre esa promesa y la realidad que viven los cubanos desató una avalancha de críticas en los comentarios.
«Están más caro que los mercados de la calle», escribió María E. Gutiérrez. Damarys Fernández López fue más específica: «He visto productos como el café, por ejemplo, más caro que en las Mipymes. Para mí es la misma historia con diferente nombre».
Alexander Martínez apuntó al fondo del problema con números concretos: «La idea es buena, pero en la práctica no resuelve nada. Le rebajan 10 o 15 pesos a los productos, así cueste lo que cueste. Si un producto en la calle cuesta 500 pesos, en los mercados de barrio debe costar 450, pero en realidad lo venden en 490. Se hacen los que no saben sacar por cientos». También denunció que los pagos en línea «lo hacen un día o en una fracción del día, de forma simbólica y de forma humanitaria».
Martín Del Río resumió el sentir de muchos con ironía: «Rebautizaron las bodegas como mercado de barrio, pero venden exactamente lo mismo que las mipymes, a los mismos precios, y eso los directivos del comercio en Cuba lo consideran un logro. El mercado está en el barrio, claro, pero los precios de los productos llegan directo de Dubái, con escala en el shopping. Y el salario de la clase trabajadora, bueno, eso ya es ciencia ficción que no alcanza ni para dos días».
Los datos documentados en distintos puntos del país respaldan esas quejas. En el mercado de la calle Ermita, en La Habana, el arroz se vendía a 900 pesos por kilogramo, los frijoles negros a 950 pesos y el café de 250 gramos a 2.600 pesos. En Ciego de Ávila, el aceite de cocina rondaba los 2.500 pesos, un precio similar al de otros puntos de venta del municipio.
La situación resulta especialmente grave si se considera que el salario mínimo mensual en Cuba es de 3.210 pesos desde julio de 2026. Una lista de 22 productos básicos en un mercado de barrio de Media Luna, Granma, sumaba 12.740 pesos, casi cuatro veces ese salario. Una jubilada de 82 años lo expresó sin rodeos: con una pensión de 3.000 pesos, solo podría comprar una botella de aceite.
Incluso desde la prensa estatal llegaron cuestionamientos. El periodista José Miguel Solís, corresponsal de Radio Rebelde en Matanzas durante 28 años, comentó en Radio 26 que los precios eran inaccesibles y que algunos productos se encontraban más baratos entre trabajadores por cuenta propia. Su propuesta irónica fue que los establecimientos se llamaran «Mercados de Barrio Pudiente».
El programa, amparado en la Resolución 16/2026 del MINCIN vigente desde agosto, permite que mipymes, cooperativas y trabajadores por cuenta propia gestionen locales de la red estatal mientras el Estado conserva la propiedad de los inmuebles. Arrancó como piloto el 23 de julio en Plaza de la Revolución y se expandió hasta alcanzar 62 establecimientos en 12 provincias el 21 de octubre. El gobierno había prometido originalmente rebajas de entre 15% y 30%, una cifra que en la práctica se redujo al 10%-15% anunciado esta semana en Ciego de Ávila, y que según los propios cubanos ni siquiera se cumple.
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