Diseñador cubano relata avatares de supervivencia: «Fuimos a parar, de golpe, al Paleolítico»

Vista de La Habana apagada con el Memorial de la Plaza de la Revolución en lontananza (imagen mejorada con IA) © Facebook / L Eduardo Domínguez
Vista de La Habana apagada con el Memorial de la Plaza de la Revolución en lontananza (imagen mejorada con IA) Foto © Facebook / L Eduardo Domínguez

Un diseñador cubano que apostó por el trabajo independiente describió este viernes, con una ironía afilada como pedernal, cómo la crisis energética e hídrica de la isla convirtió su rutina profesional en una odisea de supervivencia prehistórica.

L Eduardo Domínguez publicó en Facebook un extenso relato en clave irónica que arranca con una confesión y termina ofreciendo sus servicios previo contacto por «señales de humo o paloma mensajera».

«Cuando decidí retirarme de mi trabajo estatal hace más de un año, lo hice para entregarle el 100% de mi tiempo a mi proyecto independiente de diseño. Desde enero, sin embargo, mi vida dio un vuelco total», escribe Domínguez. Para él, la conectividad no es un lujo sino algo esencial en el oficio: «recibir información, enviar pruebas, intercambiar archivos y entregar proyectos terminados no es un capricho: es la materia prima». Pero esa materia prima escasea tanto como la corriente eléctrica.

El resultado es una jornada laboral que comienza cuando la mayoría duerme. «Ahora mismo, por ejemplo, trabajo de madrugada. Casi siempre entre las 12:00 a. m. y las 4:00 a. m. Es el único tramo donde hay un hilo de conexión suficiente como para abrir WhatsApp, enviar un PNG de prueba o mandar un comprimido con originales y archivos PDF».

La foto que acompaña la publicación —tomada a las cuatro de la madrugada desde lo que él llama irónicamente «su cueva»— muestra una ciudad a oscuras, con la silueta del Memorial José Martí en la Plaza de la Revolución en lontananza.

Terminar la jornada no significa descansar. La ausencia de refrigeración continua conlleva una extenuante labor de «cacería» permanente: «La falta de refrigeración continua te obliga a salir a cazar animales a diario para que no se te pudran dentro del refrigerador. La caza se ha vuelto una odisea debido a los tributos que imponen los recolectores, tras pasar por las manos de otros revendedores, y siempre calculada al tipo de cambio de la tasa del oro».

Lavar la ropa exige la misma táctica de guerrilla: «Si ya habías pegado la cabeza a la almohada y salta la aplicación avisando que llegó la luz, sales disparado con dos lagañas, la palangana y el detergente en la mano a poner la lavadora». La conclusión es lapidaria: «Tú no planificas: la contingencia planifica todas tus rutinas».

Domínguez reconoce que su situación, con todo lo agotadora que es, no es la más extrema. En algunas comunidades, vecinos cargan agua en cubos desde el río o la compran en carretas traídas desde lugares lejanos —un panorama que los datos confirman: alrededor de 2,7 millones de cubanos, no reciben agua en sus hogares o la reciben de forma intermitente. El precio del carbón para cocinar, entre tanto, ha escalado hasta los varios miles de pesos cubanos.

El relato se vuelve más sombrío cuando aborda a los más vulnerables. «Los ancianos [...] son hoy los sacrificados principales. Estamos viviendo en carne propia esa antigua tradición de los pueblos del hielo, donde los ancianos marchaban en silencio hacia la ventisca para no ser una carga en tiempos de escasez», se duele el diseñador.

Asimismo, medita que los niños tampoco escapan del desastre: trabajan desde temprana edad para aportar al hogar, «tal como le tocó hacer a mi padre allá en tiempos de Batista». Para Domínguez, «la vida en esta isla parece un ciclo interminable que se repite bajo las mismas promesas vacías».

El contexto eléctrico que enmarca este testimonio es brutal. Este viernes, la disponibilidad de generación en Cuba era de apenas 1,030 MW frente a una demanda de 2,850 MW, con una afectación máxima estimada de 1,850 MW. Durante 2026 se han registrado ocho apagones nacionales totales, y los déficits diarios de generación muchas veces sobrepasan los 2,000 MW.

La crisis energética arrastra consigo a las telecomunicaciones: ETECSA ha admitido que los apagones prolongados pueden dejar fuera de servicio hasta el 45% de las radiobases móviles y más del 55% de los gabinetes de telecomunicaciones.

Domínguez cierra su publicación con el aplauso envenenado que la sostiene de principio a fin: afirma haber adquirido «nuevo conocimiento»: «megavatios, radiobases, mangueras de presión, calderas, termoeléctricas y «técnicas primitivas de conservación de alimentos, extracción de agua y combustibles alternativos».

El diseñador remata con una dedicatoria a la cúpula del régimen: «Nuestros dirigentes deberían sentirse satisfechos y orgullosos: han logrado que el pueblo pase al siguiente nivel evolutivo. Gracias por tanto».

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