
Para los cubanos que amamos la libertad y la democracia, el triunfo de Luiz Inácio Lula da Silva no es buena noticia. Respeto el resultado real de las elecciones si se demuestra limpio y legítimo. Tras la primera vuelta, donde el Partido Liberal (PL) de Flávio Bolsonaro obtuvo resultados muy positivos en el Senado y la Cámara y el Partido de los Trabajadores (PT) quedó rezagado, y ante la diferencia inicial que Flávio lideraba, no me queda claro el vuelco ocurrido.
Un juez del Supremo Tribunal Federal, Cristiano Zanin —exabogado de Lula—, ordenó extender el horario de votación dos horas. Si el proceso se demuestra transparente, respeto la decisión del pueblo brasileño. Si quedan nubes y se comprueba fraude, lo condeno sin ambages.
Lula, de 80 años, aseguró un cuarto mandato no consecutivo con cerca del 51,8 % de los votos válidos frente al 48,2 % de Flávio Bolsonaro, una diferencia de unos 4,4 millones de votos. Fue la primera vez desde 1989 que el segundo de la primera vuelta (Flávio lideró el 4 de octubre con 47,03 % frente a 45,16 % de Lula) ganó la segunda. Lula habló de “derrota del negacionismo” y de “democracia” ante sus seguidores en São Paulo. Sus partidarios celebraron la remontada.
Aliados latinoamericanos de izquierda lo felicitaron con entusiasmo: Claudia Sheinbaum (México) proclamó “¡Viva la democracia, ganó el pueblo de Brasil!”; el dictador Miguel Díaz-Canel (Cuba) lo llamó “victoria histórica” que asegura “paz, soberanía y justicia social”; Yamandú Orsi (Uruguay) lo saludó como cercano amigo.
También lo hicieron líderes de otros signos, como José Antonio Kast (Chile), Santiago Peña (Paraguay), Rodrigo Paz (Bolivia) y Daniel Noboa (Ecuador), en tono de continuidad institucional. Quienes critican o mantienen reservas son principalmente el propio Flávio y su entorno; no hay un frente amplio de presidentes que cuestionen abiertamente el resultado, aunque la polarización interna es evidente.
El efecto económico del anunciado triunfo fue inmediato y negativo. Los mercados, que habían apostado por Flávio tras su ventaja en la primera vuelta y esperaban mayor disciplina fiscal, reaccionaron con fuerza. Un Fondo Cotizado en Bolsa (ETF) del Ibovespa en Tokio cayó cerca del 15% (hasta 16% en picos); futuros del real se debilitaron alrededor del 10 % (hacia 5,55-5,60 por dólar); el EWZ en Nueva York retrocedió con fuerza en el pre-market.
Especialistas y mesas de operación en São Paulo anticipan caídas fuertes en el Ibovespa (proyecciones de hasta 11 % en la primera hora, con riesgo de circuit breakers), depreciación del real y subida de tasas de interés a corto plazo, ante la percepción de que Lula priorizará el gasto social sobre el ajuste fiscal. El panorama de los próximos días dependerá de señales de política económica y de si la disputa judicial se prolonga.
El PL no acepta el resultado. Flávio declaró “imposible reconocer” las elecciones por la extensión horaria de Zanin (“exabogado de Lula”), que “cambió las reglas en medio del juego” y rompió la isonomía, y anunció que pedirá la anulación. Sus partidarios en Brasil lo respaldan en esa vía legal; algunos más radicales hablan de movilización, aunque no hay reportes de violencia generalizada a gran escala en las primeras horas.
El sur, bastión bolsonarista, mantiene ánimos tensos, y circulan ecos de malestar regional. El diputado estadual por Santa Catarina anunció su intención de promover un plebiscito para separar el sur del resto del país. El Partido Liberal, fortalecido en el Congreso nacional, se perfila como oposición dura.
Hay quienes esgrimen que Lula, aunque amigo de dictaduras criminales como la cubana, es un verdadero demócrata. Pensar que un admirador y viejo amigo de Fidel Castro es un demócrata sincero, es como pensar que un fanático de Lionel Messi no ha soñado con ser un futbolista estrella y echar el gol del siglo en un campeonato mundial.
Si Lula no ha avanzado más en la radicalización hacia la izquierda en Brasil, ha sido porque las condiciones no le han sido favorables. El historial es claro: en 1990, junto a Fidel Castro, fundó el Foro de São Paulo en la ciudad homónima (Hotel Danubio), reuniendo a partidos y organizaciones de izquierda latinoamericana tras la caída del Muro de Berlín. El objetivo era coordinar estrategias para avanzar electoralmente y promover una agenda anti-neoliberal e integracionista favorable a los intereses del régimen cubano y la izquierda antidemocrática.
Antes de que Hugo Chávez se convirtiera en el principal referente y aliado de los Castro, Lula fue el agente predilecto de Fidel para extender esa influencia por el continente. La amistad y la coordinación ideológica no son un detalle menor.
Hoy los comunistas de La Habana respiran aliviados, temían quedarse solo con Sheimbaum en México y con el Frente Amplio en Uruguay. El apoteósico recibimiento de María Corina Machado ayer en Venezuela, les hace sentir que no podrán meter nunca más las manos en el petróleo venezolano. Claro, son conscientes de que alivio no significa salvación. Lula no podrá hacer mucho por ellos.
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