
La epidemia de ébola que azota la República Democrática del Congo (RDC) desde mediados de mayo cruzó este martes una barrera crítica: 10.060 casos confirmados y 4.887 fallecidos, según el informe más reciente del Instituto Nacional de Salud Pública (INSP) del país, con datos recabados hasta el 25 de octubre y recogidos por EFE.
La tasa de letalidad se sitúa en 48,6%, lo que significa que casi la mitad de quienes contraen la enfermedad mueren. Solo 2.684 personas han logrado recuperarse hasta la fecha, y la tasa de seguimiento de contactos alcanza el 81,6%.
El brote, declarado oficialmente el 15 de mayo y causado por la cepa Bundibugyo del virus, se ha convertido en el segundo más mortífero y contagioso de la historia a nivel global, superando ya al registrado en la misma región congoleña entre 2018 y 2020, que dejó 3.481 casos y 2.299 muertos.
Las provincias orientales de Ituri y Kivu del Norte concentran la mayor parte de la transmisión activa, con 32 y 58 nuevos casos respectivamente en las últimas 24 horas previas al informe. Según el INSP, «la transmisión se mantiene particularmente marcada en las zonas de salud de Beni (35 casos), Mandima (11 casos) y Bunia (8 casos)».
En total, la epidemia se extiende por 66 zonas de salud distribuidas en ocho de las 26 provincias del país: Ituri, Kivu del Norte, Tshopo, Bas-Uélé, Haut-Uélé, Kivu del Sur, Ubangui del Sur y Ubangui del Norte.
Un dato que alarma a los expertos es que casi seis de cada diez personas fallecidas murieron fuera de centros sanitarios, lo que evidencia detección tardía y serias dificultades de acceso a la atención médica.
La cepa Bundibugyo carece de tratamientos específicos aprobados. La Organización Mundial de la Salud (OMS) trabaja en dos vacunas que han iniciado ensayos de fase 1 en humanos y que, por ahora, se han mostrado seguras, aunque su desarrollo podría llevar varios meses.
A finales de agosto, la RDC inició una campaña de inmunización con la vacuna Ervebo —la única disponible a gran escala, diseñada para la variante Zaire—, que ha mostrado indicios positivos contra Bundibugyo en animales pero sin confirmación en humanos.
El brote también se ha extendido más allá de las fronteras congoleñas. Uganda declaró el fin de su propio brote el 26 de agosto, tras 20 contagios y dos muertos. Kenia y Nigeria también han registrado casos vinculados al foco de la RDC.
La OMS mantiene el riesgo como «muy alto» para el Congo, «alto» para los países limítrofes y «bajo» a escala mundial, sin clasificarlo como emergencia pandémica, aunque sí lo declaró Emergencia de Salud Pública de Importancia Internacional el 16 de mayo.
Ante la expansión del brote, Estados Unidos exigirá desde el 3 de noviembre una declaración sanitaria a todos los pasajeros de vuelos internacionales —incluidos los procedentes de Cuba— que certifique no haber estado en la RDC en los 21 días previos al embarque. La medida estará vigente hasta el 18 de diciembre de 2026.
El único brote que supera en magnitud al actual sigue siendo la epidemia de África Occidental entre 2014 y 2016, que causó unos 11.000 muertos y 28.000 contagios en Guinea, Liberia y Sierra Leona, y desencadenó una respuesta internacional sin precedentes.
El INSP congoleño advirtió que «la situación subraya la necesidad de reforzar la detección temprana, el seguimiento de contactos, los entierros dignos y seguros, y la seguridad de los equipos de respuesta».
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