
La escritora cubana Wendy Guerra publicó este miércoles una reflexión en Facebook sobre el altercado protagonizado por la delegación cubana en la ONU el martes, en la que traza siete décadas de confrontación diplomática del régimen para concluir que la agresividad de sus funcionarios no es fortaleza sino señal de debilidad.
El detonante fue la escena del martes 27 de octubre en la Asamblea General: el canciller Bruno Rodríguez Parrilla se levantó de su asiento y avanzó hacia el podio mientras hablaba el embajador estadounidense Mike Waltz, en un intento de interrumpir su discurso. La delegación cubana golpeó mesas y presentó al menos tres mociones de orden rechazadas. El presidente de la Asamblea General, Khalilur Rahman, tuvo que suspender brevemente la sesión. Simultáneamente, Richard Tur de la Concepción, primer secretario de la misión cubana ante la ONU, intentó arrebatar el teléfono al portavoz estadounidense J. P. Freire mientras este grababa la confrontación.
Guerra sitúa el episodio dentro de una larga tradición de retórica agresiva cubana en foros internacionales. Recuerda que Raúl Roa declaró ante la ONU en noviembre de 1960: «Si alguna gran Potencia es indigna de pertenecer a las Naciones Unidas, esa es Estados Unidos». Que Ernesto Guevara, en diciembre de 1964, proclamó desde el mismo podio: «Fusilamientos, sí, hemos fusilado; fusilamos y seguiremos fusilando mientras sea necesario». Y que el propio Rodríguez calificó el embargo en 2022 de «acto deliberado de guerra económica con el propósito de impedir los ingresos financieros al país, destruir la capacidad del Gobierno».
Pero la escritora distingue entre aquella retórica y lo ocurrido el martes: «Cada uno de ellos encarnó, con voz, gestos y vestuario, el lenguaje de su época: antes, diplomáticos de carrera que se adaptaban al tono rebelde de la Revolución; hoy, los 'aseres de la diplomacia', con los ademanes, la violencia y el aliento dictatorial, vulgar, desenfrenado de su tiempo».
Guerra establece además un paralelo con un episodio doméstico: el manotazo del ministro de Cultura Alpidio Alonso al periodista independiente Mauricio Mendoza durante una protesta pacífica frente al Ministerio de Cultura en La Habana, en enero de 2021. Para la escritora, ambos gestos revelan el mismo patrón: funcionarios que, ante la imposibilidad de refutar argumentos, recurren a la violencia física para silenciar el registro de sus actos.
«Este tipo de acto de repudio, tan poco diplomático, solo evidencia, aquí o allá, el desespero de los improvisados funcionarios cubanos, denotando que todo se ha salido de control. No existen normas; no hay dignidad ni mesura en ninguna esfera de los estratos políticos cubanos», escribió Guerra.
«¿Por qué Bruno Rodríguez tuvo que caminar hasta el proscenio para intentar detener el discurso del embajador estadounidense? ¿Qué verdad había que frenar si, supuestamente, todas eran 'mentiras del imperialismo yanqui'? ¿Tan frágiles siente hoy sus argumentos?», cuestionó Guerra.
La respuesta de Washington ante lo ocurrido en la ONU fue inmediata: el secretario de Estado Marco Rubio firmó la orden de expulsión de Tur, quien debe abandonar Estados Unidos en un plazo de 24 horas. Waltz advirtió que habría consecuencias si alguien volvía a poner las manos sobre un diplomático estadounidense.
Pese al show de los diplomáticos cubanos en la ONU, quedó en evidencia que La Habana pierde apoyo cada año. La Asamblea General aprobó este miércoles la resolución cubana contra el embargo con solo 130 votos a favor, frente a 165 en 2025 y 187 en 2024, el peor resultado desde que Cuba comenzó a impulsar esa resolución en 1992.
Vídeos relacionados:
Archivado en: