
Una residente de la Isla de la Juventud describió este viernes en Facebook cómo, pese a trabajar los siete días de la semana, debe cocinar con carbón y enfrenta dificultades para acceder a alimentos y servicios básicos.
Idaneris Aguirre publicó un texto en el que expresó el agotamiento físico y emocional que le provoca vivir en esas condiciones. "Nunca imaginé que el futuro me encontraría cocinando con carbón, como en un siglo que no me tocó vivir. Pero aquí estoy, a estas alturas de la vida, con el nudo en la garganta tan permanente que ya casi lo confundo con mi propia voz", escribió.
Su relato también recogió las consecuencias de la falta de electricidad sobre la vida doméstica, la desaparición de medicamentos que antes formaban parte de la rutina y la inseguridad que, según describe, condiciona actividades tan cotidianas como sentarse en un parque.
A ese panorama se suma la pérdida de familiares y amigos que emigran o mueren. "Voy perdiendo gente como quien pierde monedas en un bolsillo roto", escribió Aguirre, antes de resumir su situación con una pregunta: "No sé si esto es vivir o solo resistir".
Aguirre cerró su publicación con una pregunta que muchos cubanos sienten sin respuesta: "¿Hasta cuándo?".
Las respuestas a la publicación reflejaron experiencias similares. Una persona residente en el exterior describió la situación de la isla como especialmente difícil por el aislamiento, las averías del transporte marítimo y el encarecimiento de los productos. Otra cuestionó la distancia entre el discurso político y las condiciones de vida de la población: "Ninguno de los que pregona el comunismo cocina con carbón".
Una tercera persona hizo una distinción sobre el uso de ese combustible: "Cocinar con carbón no es malo, estar de campismo y cocinar con carbón se acepta, lo malo es que sea la única opción del día a día y en condiciones críticas".
La Isla de la Juventud atraviesa una crisis agravada por las dificultades de comunicación con el resto del país. El ferry Perseverancia quedó fuera de servicio días atrás por una avería en el motor principal de babor y todavía no tiene fecha de reparación. Un catamarán de menor capacidad asumió temporalmente el traslado de pasajeros, con restricciones para el equipaje.
La crisis energética también ha golpeado con fuerza al territorio. En julio, los residentes reportaron apenas dos horas diarias de electricidad y, en agosto, el servicio quedó prácticamente suspendido en toda la isla, con suministro reservado para el hospital y el bombeo de agua. La capacidad de generación efectiva cayó a 18 megavatios frente a los 48 instalados.
La precariedad se extiende a la alimentación. En julio, la denuncia de una persona residente en ese territorio indicó que un paquete de pollo pasó de 3,130 pesos a más de 7,000 en pocos días, el litro de aceite llegó a 6,000 pesos en el mercado informal y el pan alcanzó los 110 pesos por unidad. El salario estatal promedio, de unos 6,930 pesos mensuales, resulta insuficiente para afrontar esos precios.
Semanas después, el gobierno pinero estableció nuevos precios máximos minoristas para alimentos y artículos básicos, entre ellos pollo, arroz, azúcar, frijoles, aceite, huevos y leche en polvo, para tratar de contener la escalada de precios sobre los consumidores.
El testimonio coincide con los datos del IX Informe del Observatorio Cubano de Derechos Humanos, según el cual 94 % de los cubanos vive en pobreza extrema. El estudio, basado en más de 1,300 entrevistas en 79 municipios, también señala que ocho de cada 10 encuestados dejaron de desayunar, almorzar o cenar al menos una vez durante los seis meses anteriores por falta de dinero o alimentos.
A ese escenario se suma la previsión de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), que proyecta una contracción del producto interno bruto cubano de 10,3 % en 2026, la peor de América Latina.
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