
El subsecretario de Estado de Estados Unidos, Christopher Landau, agradeció al Gobierno de Trinidad y Tobago su voto contra la resolución de la ONU que exige el fin del embargo a Cuba, una decisión que interpretó como un respaldo a una transición democrática en la isla.
En un mensaje publicado en X, Landau expresó su reconocimiento a la primera ministra Kamla Persad-Bissessar, cuyo Gobierno rompió con más de tres décadas de respaldo a la resolución presentada anualmente ante Naciones Unidas.
«Primera ministra, Estados Unidos reconoce y agradece a su Gobierno por votar a favor de una transición democrática en Cuba en la ONU este año», escribió el funcionario, según recogió el diario Trinidad Guardian.
«Estamos orgullosos de estar junto a Trinidad y Tobago y otras democracias de la región denunciando al represivo régimen cubano», agregó.
Landau también cuestionó a los países que mantienen su respaldo a La Habana y lanzó una pregunta directa: «¿Cómo pueden los países votar a favor de un régimen que no ha permitido a su propio pueblo votar en casi 68 años?».
La primera ministra respondió al agradecimiento estadounidense reafirmando su posición sobre los derechos políticos de los cubanos.
«El Gobierno de Trinidad y Tobago defiende la democracia, la libertad, la dignidad humana y el derecho de todos los ciudadanos, incluido el pueblo de Cuba, a determinar libremente su futuro político», afirmó Persad-Bissessar.
El intercambio se produjo después de que Trinidad y Tobago votara el miércoles 28 de octubre junto a Estados Unidos contra la resolución que pide el levantamiento del embargo económico, comercial y financiero a Cuba.
Fue el único país de la Comunidad del Caribe (CARICOM) que votó en contra de la resolución, mientras otras naciones de la región, como Jamaica y Guyana, optaron por abstenerse.
La iniciativa fue aprobada por la Asamblea General con 130 votos a favor, 17 en contra y 25 abstenciones.
Trinidad y Tobago se había abstenido en 1992, cuando comenzó a debatirse la resolución, y desde 1993 había votado a favor de su aprobación.
La decisión provocó un giro significativo en su política exterior hacia La Habana.
Tras la votación, Persad-Bissessar defendió públicamente su postura y afirmó que su Gobierno no apoyaría lo que calificó de «dictadura militar» en Cuba.
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