
Aunque lo admiraba por sus hazañas submarinas, nunca pude entrevistarlo. Han pasado los años y quién me iba a decir a mí que en Miami iba a conocer al Rey Tritón, Jorge Mario García, el mismo de los nueve récords del orbe que asombró al mundo del submarinismo.
Ahora frente a frente, un poco más viejo pero conversador y amable, Jorge Mario me permite acercarme a su vida.
¿Qué haces, desde cuándo estás en EE.UU.? Sé que mantienes relación con el mar, la pesca submarina y el buceo.
Vivo en Miami hace ya 21 años; me fui de Cuba por cuestiones personales que nada tenían que ver con política ni mi vida allí. Vine en busca de mi hijo y bueno, afortunadamente logré mi objetivo y nos reencontramos.
Desde que llegué, me puse a pescar y a vender pescado, algo que hacía en Cuba desde que era muchacho. Y aunque es una labor dura, no me fue mal; pesqué con amigos míos que tenían licencia comercial y ganaba bastante dinero.
Después hice lo que yo tenía en plan, que era comprar mi barco y empezar a llevar gente a pescar, a hacer charter, a dar cursos, enseñar a gente a pescar, y como yo tengo un nombre en este deporte, pues enseguida me fue bastante bien.
Y lograste lo que querías… ¡estar junto a tu hijo!
Pues sí. Tengo un hijo de 28 años maravilloso, Jorge Mario, estudiando medicina en Puerto Rico. Si hubiera estado en Cuba, no sé cómo hubiera sido su vida. Además, tengo una hija de cinco años, que es una niña bella e inteligente, Antonella. Es maravillosa también.
Todo me va bien aquí, en este aspecto. Vivo en un lugar bonito, al lado del mar. Tengo mi barco, mi propio negocio. La gente, cuando me busca en internet y ven que van a pescar con un campeón del mundo, pues enseguida me escogen a mí. Jajajaja.
A veces, encuentran caras mis clases y es cuando me comparo con la NBA… jajajaja... ¿No es caro asistir a un juego de ese nivel?, pues yo soy la NBA en la pesca submarina. Y nada, ya llevo muchos años aquí haciendo lo mismo, y no va mal.
Precisamente, fuiste campeón de pesca submarina y estableciste nueve récords mundiales de inmersión en apnea, pero ¿cómo fue el inicio de Jorge Mario, esos primeros pasos náuticos, a qué edad?
Yo empecé a pescar muy niño, a los nueve, 10, 11 años..., no recuerdo exactamente la fecha, empecé a pescar y desde ese momento me enamoré de la pesca y soñé ser un día campeón de pesca submarina, ser campeón del mundo.
Fíjate, no pensaba en establecer récords de inmersión ni nada parecido, pero me dediqué por completo a eso, hasta el punto de que me escapaba de la escuela para ir a pescar submarino, ya estando en la secundaria. Incluso repetí un año porque me escapaba, decía que iba para la escuela y me iba a pescar submarino… ¡y me encantaba!
Apoyado en un amigo que era mayor que yo, Fernando Morán, quien había sido un gran pescador submarino, aprendí lo que es ser pescador “profundista”, o sea, el que pesca en una profundidad donde no pesca el resto de la gente.
Así, tenía más capturas, y ya con 14 o 15 años vendía pescado y tenía dinero. A los 17 me compré una moto, por solo ponerte un ejemplo. Y es que ganarte la vida con algo que te guste es algo muy positivo; la pesca submarina aparte que es muy deportiva, muy divertida, te da tremendo aliciente cuando tú coges mucho pescado… jajaja.
Y me iba bien tan jovencito; pero, pasó el tiempo e ¡increíblemente! en la isla prohibieron la pesca deportiva, y eso que a Fidel Castro le encantaba... ¡Claro, la reservó para él nada más! Fue tal la regulación y la prohibición que, sencillamente, no se podía pescar.
Nada más que dejaban pescar los fines de semana y tuve que hacer lo que hacía el resto de la gente: ¡pescar escondido!, que era difícil. Aquello fue una historia terrible. Pusieron inspectores que detenían a la gente, le ponían multa por pescar submarino, le quitaban los equipos y después esos mismos inspectores, que eran unos corruptos, vendían los equipos confiscados a otros para pescar. Era increíble. Las cosas que pasaban en Cuba... ¡uff!, bueno las que pasan, que parece imposible, pero son aún peores.
¿Qué pasó con la pesca submarina y el submarinismo deportivo en Cuba? ¿Por qué crees que una actividad en la que el país tuvo atletas destacados terminó desapareciendo?
La pesca submarina en Cuba la hicieron desaparecer porque no era un deporte olímpico y no le interesaba el gobierno. A Cuba lo que le interesaba era ganar, como todavía es así yo creo, ganar medallas olímpicas, medallas de los Panamericanos, Centroamericanos, pero no les interesaba la pesca submarina porque no producía nada.
La pesca estaba tan, tan, tan controlada que era difícil practicar la pesca submarina. Claro, para Fidel Castro no había nada prohibido.
Como te dije, la pesca submarina era el deporte preferido del “hombre de la piedra”. Y él en Playa Girón, tenía una zona que era de él nada más. O sea, ahí más nadie podía pescar. Eso estaba vigilado y aquello era un acuario de la cantidad de peces que había. Había locos que a veces se metían a pescar ahí, escondidos. Pobre del que cogieran: en el mejor de los casos, le arrebataban la pesca y lo expulsaban; en otros casos, lo metían preso.
A Castro no le gustaba que otros pescaran y por eso prohibió la pesca submarina en Cuba; simplemente, le molestaba. Tú que eres amiga de las anécdotas, ahí te va una:
En 1984 o 1985, no recuerdo en qué año exacto, intentaron hacer un campeonato nacional de pesca submarina por pareja en Baracoa, noticia que nos sorprendió. Como yo era campeón nacional en ese momento, escogí a mi pareja y fuimos para allá, en guagua, desde La Habana hasta Baracoa. Llegando, nos tiramos a revisar la zona.
Un lugar precioso, Baracoa. Nunca había estado allí. Estuvimos cinco o seis días esperando para que dieran la orden de empezar pero… Lo habían divulgado: periódicos, radio, televisión se habían hecho eco de la noticia. ¡Craso error! Quien tú sabes vio lo que salió en los medios y mandó a suspender la competencia: no importó con el esfuerzo que fuimos los competidores, el gasto, la ilusión perdida...
No se hizo la competencia y viramos en guagua de nuevo para La Habana. Así fue el último intento de competencia de pesca submarina en Cuba. El “señor”, el “compañero”, el “comandante” la quitó de los planes.
Imagino que con la prohibición de la pesca submarina te adentraste en otros horizontes. ¿El submarinismo fue una salida?
Yo soy diabético desde joven, desde que tenía 26 años más menos; los médicos me dijeron que olvidara la pesca submarina, la inmersión; oye, hasta montar moto me prohibieron... jajajaja.
Hice todo lo contrario, aunque viviendo aquí en Miami hace 14 años me dio un infarto porque, sin yo saberlo, tenía muchas arterias tupidas, una circulación periférica alrededor del corazón que sustituyó las arterias grandes y de verdad que no me daba cuenta… hasta que me dio el infarto y tuve que operarme.
Me volvieron a prohibir pescar submarino, pero no hice ni hago caso. Me ha invitado la compañía Merck ya en dos oportunidades a ofrecer conferencias acerca de motivar a los que han estado mal y regresan a la vida; charlas motivacionales, fíjate si estuve mal.
Y ahora te respondo tu pregunta: Sí, el submarinismo fue una salida tras no dejarme hacer lo que más me gustaba que era la pesca submarina.
En todos los deportes de alto rendimiento tiene que haber sacrificio. Mi caso no fue la excepción, lo que el sacrificio no fue solo en el entrenamiento, fue en todo. A mí me pusieron muchas obstáculos, en Cuba no le interesaba a nadie, por lo que tuve que recurrir a patrocinadores.
El INDER me ayudó, Cubanacán me ayudó y tuve patrocinadores en Italia que me pagaron no muchísimo dinero, pero sí lo suficiente, y de esa forma pude ayudar a varios amigos que siempre estuvieron ahí para mí.
Tu carrera estuvo marcada también por la rivalidad con Francisco “Pipín” Ferreras. ¿Cómo fue realmente aquella competencia entre dos cubanos que terminaron convirtiéndose en referentes mundiales de la inmersión?
A Pipín lo conozco desde que era muchacho prácticamente; yo lo enseñé a pescar, quizás lo niegue ahora. Cuando fuimos amigos, salíamos juntos, pescábamos juntos pero… un día, ya él poseedor de récords mundiales, vengo yo y rompo una de sus plusmarcas, ¿qué crees que pasó? Se peleó conmigo.
Así las cosas, uno le quebraba el récord al otro... jajajaja... Sí, fue así. Hasta que nos volvimos a hacer amigos. Él me invitó a venir a Miami en 2001, que fue la primera vez que visité la Ciudad del Sol.
En estos momentos, él está en Cuba. Yo lo respeto y admiro; él fue un deportista muy destacado en esta actividad, un grande; eso no lo duda nadie.
Después de los récords, las dificultades, la enfermedad, la emigración y toda una vida ligada al mar, ¿qué piensas hoy de tu figura en Cuba?
No sé si en Cuba me recuerden todavía. Quizás la gente mayor de edad me recuerde de cuando hice los récords mundiales. Me acuerdo que en Cuba se daba más importancia al deporte que al resto de las cosas.
He ido a veces a Cuba y, a veces, en locales nocturnos que he ido con mi esposa me han reconocido y lo han dicho por el micrófono. Ahí está, Fulano, que fue campeón del mundo. Y eso me da tremenda alegría, como es lógico. Pero no creo que entre los más jóvenes me conozcan, ha pasado mucho tiempo.
Como alguien que vivió el deporte cubano de otra época y que hoy observa la realidad desde Miami, dame tu óptica del deporte en Cuba, en general.
¿Sabes? Yo nunca me hubiera ido de Cuba; mi hijo me trajo; a él lo trajo su abuela materna sin decirme nada y yo no podía vivir sin él. Tuve posibilidades de vivir en Italia, de hecho me casé con una italiana.
¡Niño, pero tu vida es una novela!
Novela no, Julita...¡Realidad! El caso fue que me invitaron a romper un récord allí y el INDER entendió que yo me iba a quedar y me impidieron salir. Pues... ¡me casé! Y fui, hice el récord en Italia, me fue bien, conseguí sponsor... ¡En fin!, que cuando nadie contaba con Jorge Mario, regresé a la Isla y le callé la boca a todos esos cabrones envidiosos que dijeron que si yo iba a Italia me iba a quedar.
Y hablando de novelas, he escrito un libro, Profundamente... mi vida. Está a la venta en Amazon. Son 35 anécdotas de mi vida; se lee muy rápido, sobre todo. Lamentablemente, la gente ha perdido la costumbre de leer. La gente lo que hace es ver televisión, meterse en las redes; no obstante, el libro ha gustado.
¿Por qué crees que haya gustado el libro?
¿Qué por qué creo que gusta mucho? Porque el libro está contado de una forma animada. Se cuentan cosas simpáticas, aunque también las hay tristes; otras, duras, pero la gente no sabe la próxima anécdota de qué va a ser y se adentran en la lectura.
Incluso, me han dicho en Netflix que a lo mejor hacen algo con el libro. Pero no me han dado una respuesta de nada todavía. Así que en cualquier momento lo harán, ojalá.
Momentos gratos que viviste en tu carrera en Cuba
Mira, te conté que viví en Italia, donde encontré patrocinadores que me pagaban, no me pagaban una fortuna, pero pagaban bastante y la vida era mucho más barata que ahora, pero yo sentía una penita y era mi Cuba.
Así que regresé y fueron muy buenos momentos la verdad. No me gustaba el gobierno, pero sí el país y decidí regresar. Fui muy bien atendido por el entonces presidente del INDER, Conrado Martínez Corona.
Además tuve a Cubanacán como patrocinador, me daba barcos para entrenar, para hacer récords mundiales. Cubanacán me patrocinó, me dio un hotel con un barco, una lancha para entrenar ahí.
El INDER, en especial el Cerro Pelado, me atendieron. Es verdad que yo tenía muchos amigos, compañeros de estudios y de esa forma, me atendían. Te cuento que yo empecé a hacer récords a los 37 años.
Han pasado lo años, las décadas y creo que coincidieron muchos factores que me ayudaron a hacer lo que hice, sobre todo teniendo en cuenta que mi deporte no le interesaba para nada al gobierno. Yo no practicaba un deporte olímpico, no le daba medallas al país... ¡No importaba! Que se unieran factores que redundaran en el éxito, fue mera casualidad, amén de amistades y buena fe por parte de algunos.
¿El deporte cubano visto desde la óptica de Jorge Mario?
El deporte cubano fue maravilloso en un momento determinado, pero poco a poco se fueron marchando, fueron huyendo por decirlo mejor, fueron buscando horizontes que les permitieran vivir y crecer en sus respectivas disciplinas.
Campeones mundiales y olímpicos, olvidados, echados a un lado, sin reconocimiento alguno. A algunos privilegiados les daban un Lada o un carro de uso, sin piezas de repuesto, ni neumáticos ni baterías ni combustible; a otros les entregaban un apartamento. ¡Esto a atletas que eran los mejores del mundo! Eso no es motivación; por eso se quedaban y se siguen quedando…
Eso, sin contar, el fenómeno que sucede en el béisbol, con adolescentes escapando hacia República Dominicana con la mirada puesta en la MLB.
Tenían que haber sido más inteligentes, haberles pagado, o dejarlos ser profesionales y que dieran una parte del dinero al Estado. Tenían que ocuparse más de ellos, pero realmente nunca lo hicieron correctamente.
Por ponerte un ejemplo que me tocó de cerca. En los años 90 fui a pescar a Pinar del Río y en una fiesta me encontré con el campeón olímpico de Barcelona 92 Héctor Milián, ¡nada menos que pidiendo botella! Una verdadera vergüenza, el mejor del planeta haciendo autostop en medio de una autopista. Y como él, la mayoría. Esto fue hace 30 años; imagínate ahora que todo está peor... ¡En bandada tienen que huir!
Jorge Mario García estableció su primera plusmarca mundial en 1989, cuando tenía 37 años, una edad en la que muchos deportistas ya piensan en retirarse. A partir de ahí eslabonó una cadena de nueve récords mundiales, fue cinco veces campeón nacional de Caza Submarina y Campeón Nacional de Natación con Aletas en 1974.
Toda esa experiencia la vuelca hoy en su diario hacer, en aquellos que quieren pescar en las profundidades marinas y a la vez, “jugar en la NBA de los Cazadores Submarinos”.
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