
Una bocina, una improvisación y unos hombros en movimiento bastaron para conquistar millones de pantallas. En Madrid, el creador de contenido Kevin Wai invitó al dominicano Bulín 47 a improvisar sobre una base de dembow. El cantante respondió con humor, rimas y movimientos contagiosos. Aquel encuentro callejero dio paso a «Dame hombro», una canción que ambos llevaron al estudio junto al productor Breyco En Producidera. Después, el público multiplicó la ocurrencia con bailes, parodias y montajes digitales.
El medio dominicano “El Día” informaba el pasado 8 de octubre, a solo 6 días de la improvisación, que el freestyle superaba los 72 millones de reproducciones en Instagram. Su expansión incorporó rostros conocidos: Messi, Cristiano Ronaldo, Donald Trump y Benjamin Netanyahu aparecen en recreaciones realizadas con inteligencia artificial. Eso no significa que participaran realmente. También hubo adhesiones presenciales, como el baile de la primera dama dominicana, Raquel Arbaje. Entre actuaciones auténticas y ficciones humorísticas, una escena sencilla se convirtió en un lenguaje compartido por personas de distintos países.
No es la primera vez que ocurre. En 2012, el surcoreano PSY publicó «Gangnam Style». Su baile del caballo invisible, con saltos y manos que simulaban sujetar riendas, atravesó idiomas y fronteras. Britney Spears, Ellen DeGeneres y el entonces secretario general de Naciones Unidas, Ban Ki-moon, aprendieron sus movimientos. El humor visual facilitaba disfrutarlo sin comprender coreano. El 21 de diciembre de ese año, su videoclip se convirtió en el primero de YouTube en alcanzar mil millones de reproducciones.
En 2013 llegó «Harlem Shake», con música del productor Baauer. Filthy Frank aportó un antecedente y el grupo australiano The Sunny Coast Skate consolidó la fórmula: alguien bailaba mientras los demás seguían indiferentes; al cambiar la música, un corte mostraba a todos entregados al disparate. LeBron James, Dwyane Wade y Chris Bosh participaron con los Miami Heat. Oficinas, estudiantes y equipos produjeron sus versiones. YouTube registró 1,7 millones de videos relacionados y 2.500 millones de reproducciones durante aquel año.
«Jerusalema», de Master KG con la voz de Nomcebo Zikode, encontró otro camino. En febrero de 2020, los angoleños Fenómenos do Semba difundieron una coreografía mientras sostenían platos y comían. Durante la pandemia de COVID 19, grupos de numerosos países aprendieron los pasos y bailaron juntos. Cristiano Ronaldo y Janet Jackson contribuyeron a su difusión; el presidente sudafricano Cyril Ramaphosa invitó a sus compatriotas a sumarse. El elemento central era aprender y ejecutar colectivamente una coreografía que transmitía alegría y unión.
«Dame hombro» se acerca a «Gangnam Style» por el gesto reconocible; a «Harlem Shake», por sus versiones humorísticas; y a «Jerusalema», por la invitación a bailar y reinterpretar una canción. En los tres antecedentes, como ahora, el público ayudó a construir el fenómeno.
Pero otro caso también muy famoso demuestra hasta dónde puede llegar esa participación cuando abraza una causa solidaria: el Ice Bucket Challenge de 2014, el reto del cubo de agua helada.
Consistía en grabarse recibiendo un cubo de agua con hielo, compartir el video, nominar a otras personas y promover donaciones contra la esclerosis lateral amiotrófica, ELA. Esta enfermedad destruye progresivamente las neuronas que controlan los músculos y puede impedir caminar, hablar, tragar y respirar. Las redes de Anthony Senerchia, Pat Quinn y Pete Frates ayudaron a transformar el desafío en una movilización mundial. Participaron Bill Gates, Oprah Winfrey, Mark Zuckerberg y el expresidente George W. Bush.
También participé en aquel reto. Recuerdo su sentido solidario: una acción sencilla permitía acompañar a personas enfrentadas a una enfermedad devastadora. La campaña reunió más de 115 millones de dólares para la Asociación de ELA y más de 220 millones mundialmente. La visibilidad se convirtió en recursos para investigación, atención y esperanza.
Hoy necesitamos una movilización semejante por los presos políticos cubanos. Las prisiones de Cuba pueden definirse como un infierno en la tierra. Allí se sobrevive con hambre extrema, alimentos muy escasos y en mal estado, agua insuficiente y muchas veces contaminada. Hay desnutrición, falta de medicamentos, golpizas, torturas, maltrato psicológico, tuberculosis, escabiosis, chinches y otras plagas, aislamiento y confinamiento. Organismos internacionales han documentado estas privaciones, los tratos crueles, inhumanos y degradantes y el hostigamiento contra familiares que denuncian.
Conozco ese sufrimiento. Por eso reclamo que sus nombres, rostros e historias recorran las redes con una fuerza comparable a estos cinco fenómenos. Que cada publicación invite a otra; que artistas, deportistas, políticos y ciudadanos compartan denuncias, ayuden a las familias y exijan liberaciones.
Los presos políticos necesitan impactar en la conciencia de todos los cubanos y de la humanidad. Necesitan hombros que los sostengan, que los ayuden a mantenerse con vida y alcanzar su pronta liberación.
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