
Revisando las redes esta mañana encontré el comentario de un internauta cubano indignado por el auge de la basura en La Habana, la insalubridad y la crisis económica: «Este país se fue a bolina», decía.
Si un cubano te dice que algo «se fue a bolina», se refiere a que eso se perdió, se arruinó, o quedó sin rumbo. Es una de esas expresiones que el habla popular tomó del mar y convirtió en filosofía cotidiana. Hoy resuena con una fuerza particular para describir la situación del país.
El Diccionario de la Real Academia Española señala que «bolina» es «el cabo con que se hala hacia proa la relinga de barlovento de una vela para que reciba mejor el viento».
«Navegar de bolina» o «ir de bolina» significa navegar de modo que la dirección de la quilla del barco forme con la del viento el ángulo menor posible. Es una forma de navegación exigente que, con vientos fuertes y una maniobra inadecuada, puede provocar daños en las velas e incluso la rotura del mástil, dejando la embarcación a la deriva.
Esa imagen ayuda a comprender el sentido figurado que adquirió la expresión. En Cuba la frase también está relacionada con el vuelo del papalote. Cuando se rompe o se corta el cordel que lo sostiene, el juguete queda a merced del viento y «se va a bolina». Este uso está documentado desde el siglo XIX.
Se fue a bolina: Una frase con carga histórica, política y cultural en Cuba
La expresión alcanzó su consagración histórica con el canciller y escritor Raúl Roa García, quien la usó como título de su libro La revolución del 30 se fue a bolina, publicado en 1969.
Roa describió el fracaso del proceso revolucionario que derrocó la dictadura de Gerardo Machado en 1933, pero no logró consolidar un programa transformador en Cuba. El gobierno revolucionario de los Cien Días cayó en enero de 1934 en medio de presiones estadounidenses y de las maniobras de Fulgencio Batista, entonces jefe del Ejército.
En 1977, el trovador Noel Nicola, fundador de la Nueva Trova junto a Silvio Rodríguez y Pablo Milanés, incluyó la canción «Se fue a bolina» en su álbum Comienzo el día.
La pieza refleja la tragedia de aquella generación que no logró su objetivo. Evoca la miseria del año 1933 con expresiones como «vale el café, solo un centavo, pero el centavo, no se ve». Además, menciona los anhelos frustrados de figuras históricas cubanas como Pablo de la Torriente Brau, Julio Antonio Mella y Rubén Martínez Villena.
Nicola convirtió la expresión en símbolo de un fracaso colectivo que los cubanos no querían volver a vivir. Él era una de las voces que le cantó a la revolución, a los ideales sociales que se promulgaban en su momento y a cómo las medidas políticas impactaban en la vida cotidiana de los ciudadanos.
Una versión posterior de «Se fue a bolina» fue grabada por Juan Formell y Los Van Van para el álbum homenaje 37 Canciones de Noel Nicola, publicado tras su muerte.
Lo que Nicola cantó sobre la pobreza en cada esquina, la ambición sin medida, los conflictos con Estados Unidos y la esperanza herida de una generación, resuena hoy en una nueva y dolorosa realidad.
Los cubanos en 2026, entre apagones, escasez y éxodo masivo, usan la misma expresión para describir su presente, marcado por el fracaso de la revolución que arrastró consigo los sueños de millones de personas.
Por eso, si descubres en las redes a un cubano diciendo: «Este país se fue a bolina», entiéndelo. Hay un gran dolor en su mensaje. No queda en la isla ningún cabo ni vela, ni mástil al que aferrarse. Toca esperar que el viento del norte sople con toda su fuerza para que llegue luego la mar en calma y la paz.
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