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Puerto Boniato: un bello mirador en Santiago de Cuba construido por los norteamericanos

A tan solo ocho kilómetros del centro histórico de la ciudad de Santiago de Cuba, posee una de las vistas más espectaculares hacia la urbe y un reto al caminante osado que no tema a los dolores en las articulaciones.


Este artículo es de hace 3 años

No es el Pico Turquino, considerado el mayor desafío de senderismo en Cuba, tampoco ofrece el aroma francés de la escalada a la Gran Piedra. Sin embargo, el Puerto de Boniato, a tan solo ocho kilómetros del centro histórico de la ciudad de Santiago de Cuba, posee una de las vistas más espectaculares hacia la urbe y un reto al caminante osado que no tema a los dolores en las articulaciones.

El singular sitio de la geografía montañosa santiaguera fue construido por los norteamericanos, así como la carretera que le da acceso. Ambas obras fueron ejecutadas bajo la iniciativa del gobernador general militar de la isla, Leonardo Wood.

Mirador en Puerto Boniato - CiberCuba / José Roberto Loo Vázquez

Se tiene la certeza de este particular origen pues en una de las curvas de la carretera, posiblemente la más peligrosa pues su inflexión es de 180°, existió una lápida de bronce que tenía plasmados los nombres de los ejecutores de la obra ingenieril Puerto de Boniato.

Dicha pieza de metal fue sustraída años después, hasta la fecha se desconoce su paradero, pero le dio nombre a ese fragmento de carretera, apodado como la Curva de la Lápida.

Curva de la Lápida - CiberCuba / José Roberto Loo Vázquez

Diferentes referencias de la época, entre ellas antiguas publicaciones, referencian que el Parque Mirador Puerto de Boniato, en la etapa republicana (1902-1958), era uno de los lugares de mayor atracción turística en la ciudad de Santiago de Cuba.

Así lo corroboran personas que hoy son de la tercera edad, quienes comentan que ir al Parque Balcón Puerto de Boniato, como también se le llamaba, era un paseo familiar. Se comía muy sabroso en uno de los varios restaurantes que existían, los niños correteaban y se disfrutaban las actividades al aire libre, mientras que contemplar de noche las luces de la ciudad era un espectáculo visual.

Puerto de Boniato - CiberCuba / José Roberto Loo Vázquez

No era un sitio elitista, pues acudían a él personas de todos los colores y estratos sociales, aunque el acceso más fácil era en automóvil, hecho que ciertamente limitaba la afluencia de todo tipo de público.

El lugar, durante décadas, acompañó a santiagueros de diferentes generaciones que han inmortalizado ahí lo mismo sus fotos de quinceañeras, su necesidad de hacer senderismo y de actividades variadas al aire libre, o más reciente en el tiempo, el deseo de la aventura parapentista en Cuba.

Puerto de Boniato - CiberCuba / José Roberto Loo Vázquez

El Espíritu de la Montaña, reina del Puerto de Boniato

Símbolo indiscutible del Puerto de Boniato, incluso en una época llegó a ser bastante reconocida más allá de las fronteras provinciales, “El Espíritu de la Montaña” es una hermosa escultura de mármol blanco en la que se representa una mujer.

La figura femenina, que con una mano se protege la cara de los intensos rayos de sol, invita a observar la belleza del horizonte y del paisaje que se muestra al visitante.

Escultura "El Espíritu de la Montaña" - CiberCuba / José Roberto Loo Vázquez

Esta es una de las obras más importantes del artista René Valdés Cedeño, el mismo que ganara el concurso de proyectos para el Monumentos a Abel Santamaría, sin embargo, es una escultura bastante desconocida en la actualidad para muchos santiagueros.

A dicha obra le acompaña una pequeña campiña, un rústico ranchón de comida criolla, un zigzagueante muro mirador y, por supuesto, la increíble vista, sin dudas la protagónica del sitio.

La propia escultura y la disposición de la mano sugieren entornar los ojos y mirar hasta donde la mirada pueda llegar: la bahía, algunas de las edificaciones emblemáticas de la urbe, el ojo aguzado descubre la Catedral, más cerca una represa y la temida cárcel de Boniato…

Puerto de Boniato en la actualidad

Quien llega al Puerto de Boniato se topa un lugar de extremos: por un lado, la naturaleza hermosa, con un verde en todo su esplendor, y vistas que enamoran; mientras que por el otro está la desidia humana.

Puerto de Boniato - CiberCuba / José Roberto Loo Vázquez

A la vista, uno de los atractivos turísticos más importantes de la ciudad en el pasado siglo, se devela hoy en bancos incompletos, raídos, pedazos de lajas que extrañan las pocas personas que se sientan en ellos, pilotes de concreto donde antes hubo mesas de picnic, senderos enyerbados, restos de luminarias, cachumbambés oxidados, una pequeña casetica abandonada y cerca las huellas de una pareja que inmortalizó su amor en un muro de décadas de existencia, protegidos por la desolación del lugar.

Puerto de Boniato - CiberCuba / José Roberto Loo Vázquez

A lo lejos, con los inequívocos síntomas de una pareja furtiva, dos personas se dan de esos besos desenfrenados que sólo se sueltan cuando no hay nadie cerca. A varios metros, mimetizados por el desnivel, los árboles y las jardinerías, y completamente desapercibidos por aquellos dos, conversan algunos trabajadores del ranchón próximo.

Los parapentistas casi han vuelto a colocar al Puerto de Boniato en el mapa pues este sitio de la ofrece condiciones ideales para la práctica de dicho deporte en la isla.

Sin embargo, más allá de estos deportistas y de algunos osados que aún se interesan por conocer un poco los recovecos de su terruño, es difícil acceder a un sitio donde el transporte estatal es bastante precario y llegar a él supone pagar los precios del sector privado.

Carretera de acceso a Puerto de Boniato - CiberCuba / José Roberto Loo Vázquez

En medio de una campaña por evitar las aglomeraciones sociales, por promover el esparcimiento sano y al aire libre, uno de los miradores más importantes –por no decir el principal– de la ciudad de Santiago de Cuba se vuelve bastante inaccesible.

Un pisicorre, que no es más que la versión santiaguera del almendrón, cuesta desde la ciudad hasta el entronque del Boniato unos 5 pesos por persona. Desde este sitio, y hasta el puerto, son 10 pesos. Serían 15 por persona, 30 si es pareja, y 60 los viajes de ida y vuelta para dos, solo por concepto de transportación.

Si se decide usar otra forma popular de moverse, los motores, básicamente es pagar lo que ellos soliciten, aunque el precio oscila; para que se tenga una idea, 50 pesos sólo en la zona más montañosa, desde el entronque de Boniato hasta el Puerto. No se puede dejar de mencionar que en época de escasez de combustible esas cifras aumentan.

Mínimo 60 pesos de transporte por pareja y en el restaurante se dejan también buena parte de la billetera. Dos personas, consumiendo solo jugo, sin cerveza, agua embotellada, y tres raciones de plato fuerte, tres arroces moros y cristianos, y tres raciones de chatino, porque son muy poco generosos en las cantidades, pueden dejarse fácilmente unos 140 pesos. Al final, se necesitan unos 200 pesos para ir a conocer el Puerto de Boniato.

Incluso con un incremento salarial en el horizonte, pocas personas se pueden gastar más de 200 pesos en conocer un lugar que, por demás, tiene poca oferta gastronómica, de bebidas, precarias opciones recreativas, más allá del paisaje y de disfrutar el aire libre, y donde a la legua se perciba la desidia.

Conocer el Puerto de Boniato, lugar diseñado y creado por los americanos en Cuba y que corre el riesgo de ser poco conocido por generaciones actuales de santiagueros, pasa más por la voluntad personal que institucional o gubernamental, lo que daña a la que fuera una opción maravillosa de turismo ecológico y citadino.

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José Roberto Loo Vázquez

Periodista de graduación, y fotógrafo de pasión, dos historias que se entremezclan y atrevidamente me hacen llamarme fotoreportero. Si sumamos mi amor, por la ciudad de Santiago de Cuba, no es difícil entender mi preferencia: fotoreportero que gusta resaltar su urbe natal, la “tierra caliente”.


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José Roberto Loo Vázquez

Periodista de graduación, y fotógrafo de pasión, dos historias que se entremezclan y atrevidamente me hacen llamarme fotoreportero. Si sumamos mi amor, por la ciudad de Santiago de Cuba, no es difícil entender mi preferencia: fotoreportero que gusta resaltar su urbe natal, la “tierra caliente”.

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