Sueños juveniles en la nueva película cubana “El techo”

Este artículo es de hace 4 años

Realizado en simultáneo con el despliegue de los inmensos camiones que coparon ciertos barrios de Centro Habana por Rápido y furioso, el nuevo largometraje de ficción cubano El techo, representa el debut de Patricia Ramos, y fue rodado con recursos mínimos, en las azoteas aledañas a la esquina de Soledad y Concordia.

Patricia Ramos es una de las más respetadas realizadoras cubanas entre las egresadas de la Escuela Internacional de Cine y TV, de San Antonio de los Baños. Se graduó de guionista en esa Escuela, y poco después comandó, cortos tan elogiados como Na Na (2004), sobre el dolor de la emigración; El patio de mi casa (2007) acerca del vacío de las amas de casa, y el documental sobre la relación entre religiosidad y música Ampárame (2009).

Desde hace cuatro o cinco años, Patricia se ha dedicado a tratar de filmar, a toda costa, en régimen independiente,  El techo, que representa otra victoria en la menguada cuenta de realizadoras cubanas de largometrajes, una lista que integran, entre muy pocas, Sara Gómez (De cierta manera) y Rebeca Chávez (Ciudad en rojo).

Para su debut, Patricia decidió trabajar con un trío de actores casi adolescentes, con muy poca experiencia (Andrea Doimeadiós y Emmanuel Galbán cuentan con cierta experiencia, Jonathan Navarro no tiene ninguna) y con un equipo de realización integrado, casi completamente, por jóvenes y promisorios creadores, como el director de fotografía Alan González (también realizador de cortos como La profesora de inglés), la editora Kenia Velázquez, el diseño sonoro de Angie Hernández, y el grupo Kola Loka con dos temas cedidos para la película.

Interrogada sobre los móviles particulares que la llevaron hasta El techo, Patricia responde que quiso acercarse a las aspiraciones de tres jóvenes: uno blanco, uno negro, y una muchacha embarazada. “Quise hacer esta historia de crecimiento y aspiraciones, en exteriores y casi todo filmado en espacios abiertos. Los tres protagonistas aparecen arriba, despegados del suelo, del piso. Veía la historia así, con escasos interiores y mucha luz natural”.

Sobre los referentes inevitables, Patricia Ramos se desmarcó de recientes tendencias: “Mi película no tiene nada que ver con Habanastation, Conducta o Esteban. Mis personajes ya no son niños, y preferí eludir el tono melodramático, apartarme de los acontecimientos trascendentales, y de las acciones muy físicas muy notables”.

A pesar de todo, la realizadora declara que nunca se planteó hacer una película en extremo pesimista ni optimista a ultranza, pues más bien se enfoca en retratar la realidad sin emitir criterios fehacientes ni agobiar al espectador. “Quise evitar la obviedad, y contar, con una visualidad sincera y atrayente, una historia sobre las vicisitudes para crear un negocio particular. Y la historia está narrada con sencillez y cierta sutileza, en contacto con cierto tipo de historias, muy comunes en el cine de todos los países, sobre la gente común y el arribo de la adultez”.

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Joel del Río

Joel del Río. Periodista, crítico de arte y profesor. Trabaja como redactor de prensa en el ICAIC. Colabora en temas culturales con algunos de los principales medios en Cuba. Ha sido profesor en la FAMCA y la EICTV, de historia del cine y géneros cinematográficos.

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Joel del Río

Joel del Río. Periodista, crítico de arte y profesor. Trabaja como redactor de prensa en el ICAIC. Colabora en temas culturales con algunos de los principales medios en Cuba. Ha sido profesor en la FAMCA y la EICTV, de historia del cine y géneros cinematográficos.