APP GRATIS

Roberto Casín: "Los periodistas independientes cubanos tienen toda mi admiración y respeto"

Entrevista con el periodista y escritor cubano Roberto Casín, quien en 1991 rompió con la dictadura cuando trabajaba como corresponsal-Jefe de Prensa Latina en México.

Roberto Casín © Cortesía del entrevistado
Roberto Casín Foto © Cortesía del entrevistado

Este artículo es de hace 4 años

Roberto Casín (La Habana, 1948) se distingue por dos virtudes: la cordialidad y escribir bien. Se ganó la vida como periodista en Cuba y Estados Unidos. En 1991 rompió con la dictadura, siendo Corresponsal-Jefe de Prensa Latina en México, una plaza codiciada. Desde entonces vive en Estados Unidos donde ahora dibuja historias de piratas y corsarios con garfios, patas de palo y codicia; pero también amor, valentía, lealtad y la venganza, que moviliza a un joven capitán pirata que se cuela en La Habana de 1600.

Acabas de publicar una novela, Doiteadiós: El honor y la espada ¿qué encontrarán los lectores en ella?

La novela, disponible en Amazon, se desarrolla en 1600 y su escenario es Cuba. Como ficción histórica recrea algunos personajes reales — aunque la mayoría son obra de mi imaginación—, y describe con el mayor celo posible cómo era La Habana de la época. Se trata de la historia de un joven capitán pirata —Doiteadiós— que mantiene en permanente acoso a los navíos españoles que navegan por las aguas de la isla, convertido en una pesadilla para la Flota de Indias, que cada año se da cita en La Habana para luego partir hacia España cargada de tesoros.

Persuadido de la imposibilidad de asaltar directamente la plaza, Doiteadiós entra de incógnito a la ciudad con dos propósitos: apoderarse del oro de la corona española y cumplir un juramento de sangre, consumar una venganza que constituye el eje central de la trama, aderezada a lo largo de poco más de 300 páginas con mucha acción, en la que no faltan ingredientes como el amor, la valentía y la lealtad.

Cortesía del entrevistado

¿Qué otros libros has publicado?

Tengo publicadas otra novela que se inscribe más en el denominado realismo mágico o maravilloso, Polvos de fuego, que transcurre durante la década de 1980 en un sitio ficticio del Caribe que puede recordarnos cualquier isla o pueblo costero de la región, y una selección de mis columnas escritas durante 11 años en El Nuevo Herald, titulada Las cosas por su nombre.

¿Cuándo y cómo te fuiste de Cuba?

En junio de 1991, a raíz de la difusión del manifiesto de intelectuales cubanos pidiendo cambios democráticos en la isla, denominado Carta de los Diez, algunos de cuyos firmantes eran mis amigos. Yo era corresponsal-jefe de Prensa Latina en México y decidí romper con el régimen dando una rueda de prensa para denunciar la dictadura a propósito de que iba a celebrarse en Guadalajara la Primera Cumbre Iberoamericana con la participación de Fidel Castro.

Estuve once días escondido en México con mi hija de tres años y su mamá negociando con el gobierno mexicano, que finalmente me impidió dar la conferencia de prensa. Entonces contacté con la embajada estadounidense, que de inmediato me concedió refugio en Monterrey y me trajo con mi familia a EE.UU.

Tu vida profesional ha estado consagrada al periodismo y a la literatura; ¿qué diferencias encuentras en el periodismo que hiciste en Cuba y el que hiciste después?

Tuve la suerte de trabajar en Bohemia (1973-78), recién graduado, con lo poco que aún quedaba de la crema y nata de la prensa cubana de antes del 59. Esos reporteros y fotógrafos —no los profesores de la universidad— fueron mis mejores maestros. Pero dondequiera que ejercí la profesión en la isla fue igual: ninguna opinión que no fuese la que dictaban las autoridades gozaba de libertad para ser difundida, so pena de ir a parar a la cárcel. Y cualquier información dejaba de serlo, era un acontecimiento prohibido, si no tenía un matiz «revolucionario».

La diferencia no puede ser más abismal con la labor que luego ejercí como profesional de la prensa en una sociedad democrática, donde la libertad de expresión es un derecho constitucional consagrado y protegido por la ley, y los periodistas pueden reportar lo que sus ojos ven u opinar sobre esos hechos con total independencia.

Cortesía del entrevistado

¿Qué opinión te merecen los jóvenes periodistas cubanos?

Los periodistas independientes cubanos tienen toda mi admiración y respeto. Por su enorme valor personal, y porque han venido al rescate de una profesión que durante seis décadas ha sido institucionalmente privada de su razón de ser: dar a conocer la verdad, y solo la verdad.

¿Cómo crees que debe contribuir la prensa cubana, la de dentro y fuera, a un escenario de transición a la democracia en la isla?

Fomentando la unidad y concordia de la nación por encima de consideraciones políticas y de intereses sectarios, justamente lo opuesto de lo que ha hecho el régimen durante décadas. Sirviendo de tribuna a los cubanos hasta ahora sin voz. Y promoviendo la defensa de los derechos individuales y las libertades públicas.

¿Has vuelto a Cuba en todos estos años?

No. No he vuelto a Cuba. Ni pienso volver hasta que en la isla no haya un gobierno democrático.

¿Qué opinas?

COMENTAR

Archivado en:

Carlos Cabrera Pérez

Periodista de CiberCuba. Ha trabajado en Granma Internacional, Prensa Latina, Corresponsalías agencias IPS y EFE en La Habana. Director Tierras del Duero y Sierra Madrileña en España.


¿Tienes algo que reportar?
Escribe a CiberCuba:

editores@cibercuba.com

 +1 786 3965 689


Siguiente artículo:

No hay más noticias que mostrar, visitar Portada