Alejandro Gil Fernández Foto © Trabajadores

Cuba se queda atrás y el ministro de Economía miente

Durante su intervención, en la IX Legislatura de la Asamblea Nacional, el ministro de Economía Alejandro Gil Fernández lanzó un mensaje de “sangre, sudor y lágrimas” en su análisis y perspectivas de la economía cubana a finales de 2019. Realmente, es difícil encontrar alguna referencia positiva en las largas seis páginas que le dedica el diario oficial comunista Granma.

Vayamos por partes. Cierto es que el entorno internacional no está para fiestas. Y si se atiende a los datos de CEPAL no conviene hacerse ilusiones con el crecimiento económico en la región. Pero es que ese 1,3%, que se prevé para los países de América Latina en 2020 es más del doble que el 0,5% que se pronostica para la economía cubana, de modo que los motores de funcionamiento se apagan, sin que nada pueda volverlos a encender. Cuba se queda atrás, sin que nadie ponga solución.

Pues bien, la respuesta a ese “complejo escenario internacional” según el ministro, debe venir de la “unidad”, las típicas arengas castristas, rechazando públicamente la aplicación de lo que denominó “medidas neoliberales”, ni “cerrar escuelas ni hospitales, ni incrementar los precios del combustible ni de la electricidad para disminuir el consumo”. Puede ser cierto, pero los cubanos han observado un notable deterioro de los servicios, y lo malo es que la tendencia irá a peor. La obcecación ideológica con lo que llama “políticas neoliberales” explica porqué la economía Cuba no funciona, ni puede funcionar.

Shock de oferta

Dejando de lado las referencias eternas al bloqueo y los obstáculos a que llegue el combustible a Cuba, que aumentaron desde abril obligando a las autoridades a actuar, lo cierto es que el impacto recesivo de la falta de petróleo ha acabado por trastocar a la mayoría de sectores y actividades económicas, desde la agricultura, la zafra; la red minorista de tiendas, a la actividad portuaria. El ministro dice, “hemos vivido un año muy tenso”. Los economistas califican una situación como la descrita como “shock de oferta” y la política económica, cuando se acierta, sirve para matizar los efectos de esa tensión.

En ese sentido, se puede afirmar que las medidas de política económica adoptadas en 2019, como el aumento salarial en el sector presupuestado, o las “28 medidas” para fortalecer la empresa estatal socialista, o la autorización de las ventas en divisas para drenar la liquidez en divisas y obstaculizar la salida de las mismas del país, no son las adecuadas para afrontar un “shock de oferta” y, además, van justo en la dirección contraria del objetivo citado de “destrabar las fuerzas productivas, eliminar trabas, y consolidar de la empresa estatal”. Ni lo uno ni lo otro. En definitiva, suponen más gasto público, más expansión fiscal para sostener una economía que no exporta, y por tanto, no obtiene ingresos en el exterior.

En este punto, las contradicciones del discurso empezaron a aparecer. Para el ministro, “está en nuestras manos que la economía aporte más riquezas”. Riquezas, ¿para quién? Tal vez para el estado comunista, porque la constitución que han aprobado este año proscribe el enriquecimiento personal. Sin esa motivación, mal vamos, y desde luego, no se saldrá del profundo agujero.

Turismo

Entrando en otras cuestiones, el ministro reconoció que nada de 5 milones de turistas. La cifra se ha rebajado, con malestar de los dirigentes del sector hotelero, a 4,3 millones de visitantes, muchos de ellos cubano americanos que realizan otro tipo distinto de gasto cuando viajan a la isla. No se puede reconocer esfuerzo alguno en este ámbito, porque la política turística es un fracaso, y debería provocar cambios en el departamento cuanto antes. Hay que mover el turismo del control estatal a la iniciativa privada libre. El modelo actual, simplemente no funciona.

Máxime porque se sigue incrementando la planta hotelera por parte del estado, destinando inversiones de las pocas que tiene el presupuesto del gobierno, en tanto que la necesaria construcción de viviendas se queda en una cifra de 43.700 insignificante si se compara con la media de 61.517 del período 2000 a 2010. Metidos en atender las “afectaciones” a las viviendas por los efectos de la meteorología, olvidan que el sector de la construcción es un motor del crecimiento económico en cualquier país cuando se lidera por empresas privadas libres.

El ministro ofreció datos, olvidando algunas cuestiones importantes. Por ejemplo, dijo que el empleo se incrementó en 32.500 personas, que representa un modesto 0,7% con respecto al año anterior, pero no sabemos cuántos empleos pertenecen al sector privado emergente y cuántos al presupuestado estatal. Tengo la impresión que este último se ha mostrado más expansivo, y lo comprobaremos cuando ONEI publique las estadísticas.

También habló de los avances en la informatización de la sociedad, las plataformas de comercio electrónico como Transfermóvil y Enzona y las 600.000 nuevas líneas y las 6 millones de líneas activas en el país. Pero nada dijo del precio de los servicios del monopolio de telefonía, ETECSA, que día sí y otro también suscita numerosas críticas de los usuarios del servicio por la calidad y las condiciones de prestación. Además, tampoco dijo que el origen de este servicio de la sociedad de la informatización depende en buena medida de las remesas procedentes de los cubanos en el exterior. Ya habrá ocasión para ello.

Inversión, PIB y culeros desechables

Justificó la inversión de la economía, 10 mil millones de pesos, algo menos del 9% del PIB, con lo que Cuba, una vez más, sigue estando muy por debajo de los recursos que destinan los países de América Latina a este capítulo (por encima del 24% de media) necesario para actualizar las infraestructuras. Básicamente obras hidráulicas, la industria mixta para la producción de pañales desechables -¡increíble que el estado se dedique a estas cosas!- reanimación de ciudades y poblados en la recuperación de inmuebles y servicios, fundamentalmente en La Habana, por motivo del 500 aniversario, y poco más en la agenda inversora. Alguna referencia a la lucha contra el cambio climático, por ir a la moda, que en Cuba “comprende inversiones para garantizar la conservación de más de 21 mil hectáreas de superficie agrícola, se fomentaron 26 mil hectáreas de bosque y se sincronizaron 63 parques solares fotovoltaicos”.

Expuestas estas cuestiones generales, y otras menos, el ministro afirmó que “la economía cubana no va a decrecer en el 2019”, y tiene razón. CEPAL ha establecido una estimación del 0,5% que parece hacer suya el ministro. Pero no conviene ser feliz con este dato, porque para 2020 se estima el mismo ritmo de crecimiento; y 2018, después de algunos ajustes estadísticos de última hora, el crecimiento fue solo del 2,2%.

Por lo tanto, alguien debería señalar a los sucesivos ministros que en los últimos seis años, la economía cubana ha crecido solo a un mísero 1,1% anual, una tasa insuficiente para mejorar el nivel de vida y prosperidad de todos los cubanos (tasa estimada en un 5% anual). Desde esta perspectiva, no se puede calificar de “resultado meritorio” como dice el ministro, y que el efecto de las sucesivas expansiones de gasto público que han llevado el déficit en porcentaje sobre el PIB al nivel del 10%, están siendo un obstáculo para que la economía progrese. Esa no es la fórmula para resolver situaciones de “shock de oferta”. Hay una política económica alternativa, y eso deben saberlo los cubanos.

El ministro miente

Además, el ministro miente a la Asamblea Nacional, cuando dice que “la economía está dando señales de vitalidad”. Eso no es cierto. Si el pasado año crecía a un 2,2% y este año se desploma a solo un 0,5% es obvio que en algunos trimestres la economía lejos de crecer, disminuye su crecimiento. Esa contracción debió ser especialmente intensa a partir de abril, cuando el petróleo de Venezuela empezó a escasear. Además, esas “señales de vitalidad” ni están, ni tampoco se esperan, y ello porque las decisiones de política fiscal expansiva de los últimos años tienen poco margen para conseguir resultados de mayor crecimiento económico. Hay que decir a los cubanos que se tiene que apostar por otra política económica, y ponerse realmente a trabajar.

Por eso, una reflexión antes que se pongan a trabajar en eso que llaman el “plan de la economía”. Un instrumento inútil, porque rara vez se cumplen sus previsiones y que crea una camisa de fuerza para que los agentes económicos privados, los más productivos de la economía y que mejores servicios ofrecen, puedan crecer libremente y aumentar su escala. La economía cubana es una economía de startups que nunca van a aumentar su escala. Ese modelo de microempresas controlado por el estado intervencionista, no tiene recorrido.

Por eso, en vez de preocuparse en el “plan” por la recaudación de divisas, lo que se tiene que hacer es poner a todo ese sector privado emergente a captar divisas del exterior. Autorizar libremente a los emprendedores cubanos a exportar e importar, a establecer acuerdos libremente con los inversores extranjeros, a detectar oportunidades de negocio en el exterior y traerlas a la isla con socios capitalistas y tecnológicos.

Ministro, esta es la única posibilidad de enderezar ese paquidermo ineficiente que es el estado comunista cubano. Si de verdad quieren incrementar las exportaciones de bienes y servicios y aumentar los ingresos en divisas, confíe en los emprendedores cubanos privados. No es cierto que en el socialismo no pueda existir economía privada de hombres y mujeres libres. El socialismo es una ideología más, que busca cumplir sus objetivos en lo político.

Pero una economía es ante todo, un espacio de vitalidad humana, donde la iniciativa privada, los derechos de propiedad, la motivación y el riesgo se encargan del éxito, o fracaso, de los proyectos emprendedores. Como dice el ministro, hay que dejar que la “industria se desarrolle trabajando”, pero hay que dar libertad y flexibilidad para ello. Y confianza. Nadie mejor que los emprendedores cubanos, cuyos negocios sobreviven cuando atienden de forma adecuada las necesidades de los consumidores, para saber lo que el país necesita. Confíe en ellos ahora que todavía está a tiempo.

Hay que olvidarse del plan, de las directivas específicas, y dejar libertad a los trabajadores por cuenta propia, los agricultores arrendatarios, las cooperativas, los emprendedores con negocios de paladares, hoteles, etcétera, etc. para que desarrollen libremente sus acuerdos sin la injerencia del estado. Eso no es “neoliberalismo”, sino atender a la razón humana. La economía no es una estructura mecánica que se mueva por medio de palancas, sino un ser vivo que necesita espacio.

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Elías Amor

Economista Presidente del Observatorio Cubano de Derechos Humanos Miembro del Consejo del Centro España-Cuba Félix

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