Juego de parchís comercializado por el Estado cubano en 8 CUC Foto © Nora Borges

Juguetes incosteables: Los Reyes Caros en Cuba

Tal parece que a Cuba los Reyes Magos no llegan en camellos, sino en flamantes limusinas. Al menos, esa es la impresión que se desprende de los precios de la juguetería a la venta por el seis de enero.

Bienvenidos, pues, los Reyes Caros.

Con sus precios inflamables, el Estado propicia (o lo que es peor, estimula) que los revendedores por cuenta propia se sumen a la fiesta. Un juguete cualquiera, el más elemental de los “Made in China” en el mercado, puede ser prohibitivo para un trabajador cuyo salario promedio mensual ronda los 31 dólares. Ante él, como un muro gigante, se alza la tremenda disyuntiva: juguete o comida. Hamlet nunca lo tuvo tan difícil.

En la última semana, tiendas de las más surtidas de La Habana, como las de los centros comerciales de 5ta y 42, Galerías de Paseo y Carlos III, estuvieron atestadas de un público que ha tenido que pasar largo tiempo de pie solo para comprar un regalo “medianamente decente”.

Alrededor de las dos de la tarde del viernes pasado, Elián, que había pedido permiso en el trabajo para adquirir el juguete de su hijo de ocho años, pudo entrar en la juguetería del Hotel Comodoro. “Había cientos de personas allí. Pasé más de cuatro horas parado para poder acceder a una 'boutique'. Lo que había era peluches de todo tipo, pero calentísimos. Estaban de 60 CUC (pesos convertibles) para alante”, recuerda.

“Da tremenda lástima pensar en la pila de niños que este seis de enero no recibirán ni un juguetico hecho a mano porque, por más que mamá y papá trabajen, no tendrán suficiente dinero para comprarlo. Es una tradición que merece la pena cuidar porque mantiene viva la imaginación infantil, pero cada año se hace más difícil”, expresó.

“Hay padres que dicen que su hijo está demasiado pequeño o demasiado grande para los Reyes porque es su manera de quedar bien consigo mismo, ya que no tienen ni un medio partido a la mitad para hacerse de un juguete”, indica el ingeniero civil, que pudo comprar algo gracias a la remesa que le envió su madre desde Miami.


Cientos de personas esperan fuera de la juguetería del Hotel Comodoro para comprar peluches / Foto: Nora Borges

Parecida fue la experiencia de Luis Enrique en Carlos III el último jueves. En palabras del abogado, “estuve cuatro horas esperando mientras los merolicos entraban en manada y vaciaban una y otra vez la tienda. No daban tiempo a que los juguetes llegaran a las estanterías, sino que se los arrebataban a las dependientes de las manos”.

Si no fuera porque un señor mayor llamó a la policía para que organizara la cola, este jurista no hubiera logrado comprar el juego de parchís de 8 CUC y “la espada de un peso y pico” que les compró a su hija y su sobrino, respectivamente.

De acuerdo con el residente del Cerro, La Habana, “daba pena el show en aquella tienda. El talón de Aquiles de cualquier producto que se comercializa en Cuba es el precio, pero a cualquiera le parecería mentira el trabajo que tiene que pasar uno para comprar dos o tres tarecos plásticos, por tal de que los niños aprendan y se diviertan”.

Al respecto, explica Carol, quien va de compras a México desde hace tres años, “que ya casi ni da negocio ir al D.F. a buscar juguetes porque aquí uno les gana lo mismo llevándose lo que hay en las tiendas y revendiéndolo después en la primera esquina que aparece.

“Yo siempre doy mi viajecito antes de los Reyes Magos, pero creo que no lo haré más. Está el estafador que da al cuello. Ya la gente no quiere sacarle el triple a la mercancía, sino cuatro o cinco veces más de lo que costó”, indica la también arrendataria privada.

El costo excedido de la poca oferta de la red minorista cubana es un viejo problema que arrastra el gobierno. Ni siquiera los dilatados y “críticos” debates sobre el tema en el Parlamento han mejorado la casi nula producción nacional de juguetes ni los precios ni la calidad de los importados.

Un regalo que supera el salario medio de un trabajador cubano: un bebé (20 CUC), un juego de peluquería (18 CUC) y un Lego (3 CUC) / Foto: Nora Borges

A tenor con lo que destaca Tatiana, “en unos patines y una caja de Legos, que están muy de moda ahora, se me fueron los 100 CUC que le había reunido en una alcancía a mi hija durante todo el año. Y tuve que comprarlos a través de Revolico para evitarme la matazón que hay en la calle en estos días.

“Difícilmente podemos comprar algo sin sacar la calculadora mental y decidir si nos los llevamos a casa o no. ¿Cuándo van a bajarles el precio a los juguetes en las instalaciones de TRD y de Cimex? ¿Cómo se le hace entender a un niño que si le compramos el juguete que quiere nos quedamos sin comer el resto del mes? No hacemos nada con abrir jugueterías que no están al alcance de la mayoría”, advirtió.

“Tanto los juguetes del Estado como los de los cuentapropistas están carísimos. La única diferencia es que los que traen de afuera son más bonitos y tienen mejor acabado que la porquería china que hay aquí amontonada en las tiendas y en la que uno no ve ni variedad de precios ni de productos”, asegura la trabajadora de una embotelladora de refrescos.

La lista sigue sin jugar con el billete: en tanto muchos lucran vendiendo barbies, juegos de cocina o de belleza, carritos, soldaditos y pelotas, muchos niños se quedan llorando, a la espera de que los viejos Melchor, Gaspar y Baltasar se acuerden de que ellos existen.

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