La Milagrosa, El Cerro, La Habana. Foto © Julita Osendi

¿Hasta cuándo aguantará en pie "La Milagrosa" habanera?

No. No voy a comentarles de religión; no es mi estilo. Me atrevo a escribir de este escabroso tema porque, en el mejor de los casos mis queridos vecinos pasarán un buen susto y perderán el techo; en el peor, ¡están condenados a perecer!.

Llevo viviendo en Vista Hermosa, una muy corta calle del municipio Cerro en La Habana, desde los 4 años; o sea, hace 62 primaveras. A partir de 1989, habitamos en mi actual dirección, que queda enfrente del edificio conocido por “La Milagrosa”.

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Más que vecinos, los que viven en esa edificación de principios del siglo pasado, son mi familia; familia que desde hace muchos pero muchos años vienen denunciando el cada vez más deplorable y decadente estado en el que se haya.

Esta periodista ha divulgado la situación por varios medios; el último a través de mi querido colega Pepe Alejandro. O sea, televisión, prensa escrita, no recuerdo si en tanto tiempo, la radio, han difundido la situación.

Se trata, como ven en las fotos, de un inmueble de 2 pisos, que no ve pasar un día sin que se caiga una piedra, una losa, un pedazo de techo. De sus 2 escaleras originales, una ya no existe.

Hace una década, dos de los cinco núcleos familiares que habitaban el segundo piso, fueron beneficiados con viviendas provisionales que aún no han sido entregadas con sus respectivas propiedades, pues era una casa de embarazadas de riesgo.

A otra familia, la tercera, se le asignó un local en la bodega de Lombillo y Vista Hermosa, donde construyeron con medios propios. De esa parte, dos familias están auto albergadas. O sea, la parte superior de "La Milagrosa" ya no la habita nadie.

Entre mis múltiples acciones en pos de precaver lo que se avecina, conversé hace años con las más altas esferas del gobierno y partido en la capital, que tomaron parte en el asunto, y enviaron primero a una brigada para apuntalar y luego a otra para derribar la planta alta y así salvar a los de abajo: ¡Salvar su techo y sus vidas!

Foto / Julita Osendi

Sin embargo, nada sucedió. Se esgrimieron varias razones: que si los del segundo piso no habían recibido casas; que si demolían  iban a afectar la edificación vieja de los bajos, que si esto, que si lo otro. ¡Nada, la misma desunión que caracterizó la Guerra de Independencia del 68, el caudillismo, el regionalismo. En fin!

Ahora, un montón de años después, causa pavor caminar por debajo de esos balcones; escuchar cuando llueve, la caída de pedazos de losas, paredes; las grietas abriendo espacio a verdaderos bosques de plantas parásitas.

Mis vecinos ven en mi a la persona capaz de hablar, de escribir, de vociferar por ellos…¡y créanme que ya no soy la de antes, el cansancio llega, los objetivos de vida cambian, la tranquilidad toca más a mis puertas!

Pero, ¡nunca! voy a perdonarme, si no hago nada, que Cris, con sus apenas 2 añitos, amanezca un día aplastado; o que Sandra, muy mal de los nervios por la situación en la que vive, quiera matarse y de hecho pueda hacerlo por lo mal que está; o que Miguelito, que me dice mamá, desde que era un adolescente, pierda su vida.

Fui a entrevistar a mis vecinos, quienes primero, me enseñaron lo que ustedes van a ver en este reportaje; y después, cada cual opinó.

Así Miguelito afirma que ya no hay lugar al que recurrir, que ningún delegado de circunscripción ha hecho nada, incluyendo a la actual, mi tocaya Julia. La mamá de Sandra sólo me mira con ojos tristes y cansados y me muestra cómo ha tenido que cambiar su cocina de lugar tres veces pues las filtraciones del piso superior no la dejan en paz.

Foto / Julita Osendi

Viviana, la abuelita de Cris, fue la más expresiva: “Mira Julita, esto es una falta des respeto, una burla, ¿qué decirte? A finales del mes pasado nos citaron 3 veces; primero, vinieron a decir ¨mañana estamos aquí para demoler".

O sea, además de la demolición de hace años, ¿volvieron a decir que venían a hacerlo?

Claro, ya van 2 veces aparte de aquella; vienen, miran, llenan formularios, retratan, dicen Ahora sí y para nada. Te reitero, es una burla. De las 3 veces que nos reunieron a finales de año, cuando no faltaba el que venía por vivienda, faltaba el arquitecto .Todo eran largas.

Viviana / Foto Julita Osendi

A Roberto, uno de los que no le han dado nada del piso superior, le ofrecieron un local. ¿Tú te imaginas con lo viejo que está, cómo alza ahora una pared? ¿Por qué no se lo dieron entonces?

Pero además, aquí mismo donde habitaban las ratas en la antigua fábrica miel, dijeron que iban a hacer viviendas; en la otra cuadra, en el terreno de Materias Primas también, y no se mueve un ladrillo por la comunidad. Promesas y más promesas pero en la concreta…¡nada!

De las casas que visité observé que la de Viviana estaba más arreglada, pintada.

Sí, quise levantar el ánimo por Navidades y al menos, lechada con color le dí a las paredes y traté de arreglar el techo un poco y…¡mira! Le cayó una losa encima a Ernestico (su hijo con retraso mental) en medio de la cama. Si llega a estar ahí, me lo mata. ¿Qué hago? ¡dime!

Foto / Julita Osendi

A esta situación añadan el peligro que corren las casas circundantes, pues si en lugar de caerse por su peso, de derrumbarse sobre su propia estructura carcomida, va hacia los lados o para el frente, la destrucción se multiplicaría.

En relación con esto, Ibis, una vecina colindante, gesticula cuando habla señalando a "La Milagrosa"

“Oye, pon ahí sin miedo. Que me vengan a ver a mí. Partida de descarados es lo que son. Asamblea de la jurisdicción Poder Popular tras asamblea; pretexto tras pretexto. Mentiras tras mentiras. ¿Esto es justo?"

Esto viene desde el 1976 y ahora que dicen que están analizando los del 2000 para acá, afirman que se perdieron los expedientes originales de aquella fecha.

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Yo recuerdo una de esas asambleas que el funcionario que vino resultó que no sabía nada del tema y sólo dijo: “eso no tiene solución”. Yo quise morirme, nos lo comimos vivo. Eso lo viví yo, hace ya más de 3 años, si mi mente no me traiciona.

Yo sé que la situación de la vivienda no es del Cerro, ni de La Habana ni de Cuba…¡es del planeta! Pero hay casos y casos, y cuando peligra la vida; cuando se esgrimen tantos argumentos falsos, cuando no se ve una salida. ¡Algo hay que hacer!

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Julita Osendi

Graduada de Periodismo en la Universidad de La Habana 1977. Periodista, comentarista deportiva, locutora y realizadora de más de 80 documentales y reportajes especiales. Entre mis coberturas periodísticas más relevantes se hallan 6 Juegos Olímpicos, 6 Campeonatos Mundiales de Atletismo, 3 Clásicos

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