Cartel promocional de "Hercai" Foto © www.sensacine.com

Telenovelas turcas demuestran misoginia, machismo y violencia doméstica

Imagino que muchísimas espectadoras cubanas, consumidoras del Paquete Semanal, sentirán que las telenovelas turcas contradicen todo lo que se tienen bien sabido respecto a la igualdad de género y la necesidad de que acabe la discriminación. Porque la mayor parte de tales productos evidencian niveles francamente indignantes de machismo, justificación de la violencia doméstica, y desprecio por las mujeres ll

El caso es que las series turcas, en especial las telenovelas, son cada vez más más populares, a pesar de su distribución subterránea, o alternativa, que a lo mejor permite pensar en que tampoco son vistas por tanta gente. Y es probable que los espectadores cubanos las disfruten críticamente, pero también es posible que siembren la semilla para el regreso, o el sustento, de actitudes machistas, misóginas y violentas.

Por hablar solo de que las están saliendo ahora: Hercai sucede en un pequeño pueblo de apariencia medieval (por las costumbres) pero los celulares y los carros último modelo nos avisan que ocurre ahora mismo. La protagonista, Reyyan, nieta del clan Sadoglu, es abofeteada y maltratada en repetidas ocasiones por su abuelo, líder de la familia, aunque el primo, el tío y el novio también encuentran oportunidad para sojuzgarla, maltratarla y humillarla, e incluso el pueblo la repudia por haber sido secuestrada, como si nos encontráramos en plena Edad Media.

Lo más irritante es la repuesta de Reyyan, pues la muy idiota solo llora y llora, o se rebela con la persona más inadecuada y en el momento menos oportuno. Porque las heroínas de las telenovelas turcas suelen tener problemas de inteligencia, y las que son sagaces y asertivas son malas, como ocurre en la superproducción El gran sultán, que justifica con la distancia de la época, la existencia de un macho dominante, cruel y maltratador, que elige y desprecia a su amante de una sola noche entre un grupo grande de concubinas anhelantes, deseosas de ser la elegida por lo menos una vez.

Algo similar, mucho más encubierto, se percibe en Kuzey-Guney Dos hermanos y un amor, porque ambos hermanos ejercen la violencia, concreta o simbólica contra las mujeres. El hermano bueno la ejerce contra la muchacha mala, y el hermano malo la ejerce contra la muchacha buena, y contra su esposa, y contra la mala, y contra todo lo que se le pare por delante del sexo femenino, porque es simplemente un abusador, y parte de su abuso lo justifica con la fuerza de su pasión.

La misma justificación tácita de la violencia doméstica ocurría en Amor en blanco y negro, en la cual un matarife de corazón blando se ve precisado a casarse con una doctora, y a lo largo de la trama, se repite el canon de La bella y la bestia, o La fierecilla domada, hasta que el macho violento y poderoso contamine con su detestable filosofía, de gritos e intimidación a la inocente y frágil doctora. Aunque por lo menos la mujer era inteligente y determinada, aunque termine cediendo a la ordenanzas del macho déspota.

Se pudiera continuar citando ejemplos, pero casi todas siguen una línea medio parecida. Una de las mejores, y menos convencionales, La novia de Estambul, presentaba un nuevo tipo de heroína, una mujer músico, civilizada ella, que se enamora de un potentado pueblerino. El desenvolvimiento de la trama solo conduce a que la emancipada Sureya comprenda que la verdadera felicidad es parir y criar hijos, renunciar a su carrera, a su profesión, y cuidar la casa y la familia de su amantísimo esposo.

El exotismo de las costumbres, el vestuario y el romanticismo ha encantado a los cubanos, acostumbrados a telenovelas brasileñas o colombianas más próximas culturalmente, y que si bien distan de los ideales feministas, tampoco es que se desatienen a recrear de forma impudorosa las virtudes del machismo, como lo hacen las turcas.

También puede ser que en algunas pocas de estas telenovelas simplemente se esté mostrando aquel país tal como es. Se ha sabido que en 2014, en Turquía, murieron asesinadas por violencia machista 281 mujeres. En dos de cada tres casos, el asesino era su pareja presente o pasada, o un pretendiente.

Entre un 15 y un 20 por ciento de los crímenes fueron verificados por un familiar masculino, reflejo de la tradición de los denominados “crímenes de honor” en los que la propia familia, o más bien los miembros masculinos de esa familia, asesinan a una hija o hermana. En fin, una vez más, los medios simplemente reflejan una realidad atroz. Pero el aviso es importante para los padres cubanos de los numerosos niños y adolescentes que probablemente las están viendo, ahora mismo, sin entender la incongruencia entre lo que ven en el paquete y lo que le enseñan en la escuela.
 

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Joel del Río

Joel del Río. Periodista, crítico de arte y profesor. Trabaja como redactor de prensa en el ICAIC. Colabora en temas culturales con algunos de los principales medios en Cuba. Ha sido profesor en la FAMCA y la EICTV, de historia del cine y géneros cinematográficos.

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