Autos nuevos y neveras vacías en el mercado 3ra y 70 Foto © Transtur / CiberCuba

Cubanos sobre la venta de carros: “Lo que debieran vender es comida y aseo”

El reciente anuncio del gobierno de la Isla sobre la venta de automóviles en dólares estadounidenses y otras divisas extranjeras no ha tenido buena acogida entre los cubanos.

La noticia no tiene nada de ventajosa para ciudadanos que hacen maravillas para llegar a fin de mes sin que les falta el bocado elemental y un techo, y que saben que ni teniendo siete vidas podrían aspirar a adquirir uno de esos autos.

Aunque aún no se han revelado los precios oficiales de la comercialización que comenzará el próximo 24 de febrero, en internet circula una lista con cifras que especulan sobre lo que habrá que pagar para adquirir un carro, casi siempre usado, y que mantiene predispuesta a las tres cuartas partes de la población.

Al ser encuestado sobre los cambios impulsados para fomentar dicha compra con una rebaja del 10%, Leonardo, quien se dedica a la renta de autos al turismo en Playa, La Habana, llama la atención sobre el hecho de que prácticamente no hay rebaja ninguna. “El auto que antes costaba 100 mil pesos convertibles (CUC), ahora no valdrá 90 mil (USD) porque es casi imposible que uno pueda coger USD ‘al pelo’.

“Si uno adquiere USD en la calle es a 1.10 o 1.15 por lo que necesitaría por lo menos 108 mil 900 CUC para comprarlos y que, luego de depositarlos en el banco aplicándole el 10% de gravamen, me quedaran finalmente 90 mil USD en la cuenta. ¿Dónde coño está la rebaja en eso?”, explica insultado el experimentado chofer.

Por otro lado, el taxista Lino apunta “que los dirigentes de este país nos ven como extranjeros y no como cubanos. Se están riendo de nosotros. Los que comprarán autos en moneda libremente convertible (MLC) son los mismos que lo han hecho hasta ahora: casi nadie. ¿Quiénes, si no los propios ‘hijitos de papá’, van a poder comprarse un carro que cuesta alrededor de un cuarto de millón de dólares?

“Argumentan que nos hacen falta divisas desesperadamente, ¿pero a qué costo? Están buscando que nos desangremos. ¿Hasta cuándo este país va a seguir subsistiendo con las remesas si hasta para comprar carros las necesitamos?”, inquiere.

Por más que las propias autoridades han reconocido que es un legítimo derecho del cubano el comprar un carro particular, la afirmación no podía ser más cínica. El mecánico Ismael, que heredó de su padre un viejo Chevrolet, confirma que “los autos siempre han sido ‘incomprables’. Los precios de su venta han sido siempre astronómicos y lo seguirán siendo.

“Además, la oferta que ha habido hasta ahora es bastante pobre. Siguen volviéndose loquitos por los dólares, pero sin hacer nada verdaderamente eficiente para ganárselos. Es una falta de respeto seguir vendiendo al mismo desorbitante precio los autos, da lo mismo si es en CUC que en dólares. Nos seguimos quedando sin palabras”, acota el trabajador por cuenta propia.

En ese sentido, Humberto, propietario de un Moskovich, considera que “la compra en divisa no tiene un respaldo de materias primas y, en la mayoría de los casos, depende de equipos chinos que son ensamblados aquí y que se acaban en unas horas el mismo día que llegan a la tienda.

“Si la idea es captar divisas que salen del país y retenerlas, ¿por qué el desabastecimiento? Ni refrigeradores, ni lavadoras automáticas económicas, ni cocinas ni splits son fáciles de resolver, y están inventando con los carros”.

“Yo no veo un beneficio para la mayoría de la población en nada de eso porque cada vez hay menos de todo. Lo que debieran vender es comida y aseo, que es lo que pide a gritos el cubano. Quisiera saber si en algún plan de recaudación de dólares han tenido en cuenta la escasez que hay porque están mandando a comprar carros cuando muchos que ya tenemos llevamos semanas sin conseguir combustible”, indica con una sonrisa sarcástica.

De acuerdo con la arrendataria privada Yaritza, de 33 años, “la inmensa mayoría de los cubanos no cuenta con fondos o ahorros de ningún tipo para pagar al contado, ni un auto ni una casa ni nada. No hay un sistema de crédito que nos permita tener mayor bienestar porque el banco cubano es un desastre, vive ‘al día’ y no puede dar garantías a sus clientes. Encima, quieren pasarnos gato por liebre y vendernos carros cuyas tarifas están súper infladas, no valen ni remotamente lo que piden por ellos”.

Tal como deja claro Reinaldo en el sitio oficial Cubadebate, “¡no dejo de asombrarme, más de lo mismo, los precios de los autos salvajemente altos! ¡Y que no son capaces ni de ponerles gomas nuevas ni baterías y los venden cochinos, sin chapistear, con los asientos sucios y manchados! Y lo tomas o lo dejas, no hay opción; los autos nuevos, igual, la burla del mundo entero, ¡un Peugeot a más de 250 mil dólares! Caballero, de verdad que cada día me siento más decepcionado”.

Igual de mordaz es el comentario de Rey en esa página: “Según el Ministro de Transporte, un ómnibus articulado cuesta 200 mil dólares; si comparo precios, un auto nuevo costaría más de 250 mil dólares, entonces yo creo que preferiría comprarme en vez de un auto una guagua. ¡Así podría sacar licencia y dedicarme al transporte público! ¡Nada, si no fuera cierto, sería de risa! ¿No sería mejor poner un precio justo y vender más autos y no querer en uno solo ganarlo todo?”.

La opinión de Migdalia, quien maneja un Lada destartalado, destaca que si realmente buscaran renovar el parque automotor de la isla y resolver la precaria situación del transporte público, “preferirían vender más carros a menor precio o permitir que las personas naturales los importen. ¿Por qué no podemos salir al exterior e importar el auto que queramos en vez de optar por el que las comercializadoras estatales eligen?”.

Asimismo, la arquitecta de 43 años resalta que se recaudarían cifras millonarias si se autorizara la reposición de los carros más viejos, que tienen más de medio siglo de explotación. “Los carros nuevos y los de uso se mantienen fuera del alcance de la media de un país donde todos no tenemos acceso al dólar.

“La venta liberada de vehículos a las personas naturales es inútil si pretenden comercializar un Peugeot como si fuera un Ferrari. Con un costo tan absurdo el gobierno no podrá comprar ni un ómnibus al año. Quieren ganar más que los fabricantes de los vehículos y por eso hasta hoy no se ha recaudado lo suficiente para solucionar ningún problema”, agrega al referirse a la norma que entró en vigor en 2014.

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