Personas en calle Monte Foto © CiberCuba

Un sólido plan de reformas, la única estrategia de Cuba frente al mundo

Hace tan solo unos días, las autoridades cubanas conseguían un aplazamiento en los pagos de la deuda al Club de París. La situación financiera en la isla es grave, como consecuencia de la paralización de los motores externos (remesas, turismo, inversiones extranjeras, petróleo barato) y hacer frente al pago de 80 millones de dólares resultó imposible.

Si el régimen castrista no asume, de una vez por todas, que solo con seriedad, eficacia y voluntad política se puede plantear el futuro inmediato del conjunto de la economía cubana, lo que viene puede ser mucho peor, y acabar en una crisis alimentaria, como la que predijo el Programa Mundial de Alimentos de Naciones Unidas en un informe reciente.

La situación actual no está para jugar a la ideología, sino para la eficacia. Es preciso asumir que la economía cubana debe implementar una serie de reformas que suponen, en líneas generales, dar el carpetazo al modelo económico social comunista que ha imperado en el país durante 61 años. Si esto no se reconoce y no se hace lo necesario para cambiar, el futuro inmediato puede ser muy grave.

Las autoridades lo saben, y son conscientes que el aplazamiento de deuda conseguido en esta ocasión, puede haber llegado a su fin. La Unión Europea, sin Mogherini hablando de democracias de partido único, ha apostado por una nueva política hacia el régimen castrista. Nadie confía que este sistema pueda mantenerse intacto en los próximos meses o años. La pregunta es ¿por qué la obcecación de los dirigentes comunistas cubanos?

Insisto. El momento actual es especialmente crítico para la economía cubana. El deterioro acelerado de los desequilibrios internos y externos como consecuencia de la expansión fiscal provocada por la COVID19 y la reducción de las fuentes de financiación internacional arrojan un escenario complejo para la gestión económica que el modelo actual, planificación central y dirección estatal de la economía por el gobierno, no va a ayudar a sortear. Como consecuencia de ello, la posición cubana para abordar la dura y compleja negociación de la ayuda financiera externa, que se tendrá que acometer para la reconstrucción de los daños causados por la lucha contra el COVID19, será muy débil en las condiciones actuales.

Es cierto que el FMI ha diseñado un marco más relajado en sus relaciones financieras con los países altamente endeudados, entre los que Cuba no se encuentra, toda vez que no forma parte del FMI. Aspirar, como creen las autoridades cubanas, que una asociación como el Club de París puede proporcionar un tratamiento similar es una ingenuidad. Los acreedores privados, a los que debe recurrir Cuba por no aceptar, por motivos ideológicos la condición de miembro del FMI, no suelen establecer las mismas condiciones para la financiación que los públicos. Por lo tanto, en algún momento Cuba necesitará financiación, y si su récord consiste en aplazar deudas, muy complicado tendrá siquiera, ser escuchada. 

En algún momento Cuba necesitará financiación, y si su récord consiste en aplazar deudas, muy complicado tendrá siquiera, ser escuchada

Los objetivos de déficit público de la economía cubana, por encima del 10% del PIB, son insostenibles, más aún, cuando el sector estatal representa casi el 75% del PIB generado en la economía. Los cálculos no pueden salir, y si el régimen aspira en las condiciones actuales de la economía mundial, a recibir un balón de oxígeno de sus acreedores, no lo tiene fácil, y debería ir poniéndose a la cola, para ver si le toca algo de lo que pueda quedar.

En la actual situación, todos los países han sido golpeados con especial dureza por la crisis y han decidido afrontarla con una expansión fiscal que requiere financiación. Los endeudados recurren a los financieros para obtener los recursos con los que hacer frente a las necesidades de la crisis, pero para superar este trámite, deben ofrecer garantías, solvencia, credibilidad. Nada es gratis. Ni siquiera en las peores condiciones económicas que se recuerdan en los últimos años.

Las autoridades cubanas deberían ser conscientes de ello. Y por tanto, preparar las condiciones para cuando llegue ese momento presentar la idoneidad de las reformas que debe acometer para acceder a la financiación comprometida. El Club de París, como acreedor relevante de la economía cubana, debería jugar un papel fundamental en este proceso y no regalar el dinero sin más. 

Como se han encargado de mostrar los hechos, esta no es una postura razonable, especialmente a la vista del pésimo resultado mostrado por la economía cubana en sus responsabilidades. En suma, si se quiere tener de nuevo acceso a la financiación, sería conveniente que dicho proceso quede condicionado por la adopción inmediata de un conjunto de medidas y reformas capaces de reactivar la economía cubana y mejorar su competitividad y productividad.

Y esas medidas son bien conocidas por el régimen castrista, que sabe que la economía estatal cubana no funciona porque existen numerosas trabas y obstáculos que lo impiden, o que la agricultura no es capaz de alimentar a toda la población como consecuencia del marco jurídico existente. Por ello, el Gobierno de Díaz Canel debe prepararse para aprobar un plan integral de reformas estructurales que conduzcan a la economía cubana hacia la libertad, los derechos de propiedad y el mercado como instrumento de asignación de recursos. 

No hacerlo debería servir como referencia al Club de París y otros acreedores de la economía cubana para racionar el acceso a las ayudas financieras. Si el régimen castrista no aprovecha esta ocasión histórica para dar un vuelco a la situación de la economía, y apostar por un amplio diálogo social con todos los agentes económicos de la isla, sobre todo los pequeños emprendedores y cuentapropistas, cometerá un gran error. Se le acaba el tiempo para acometer con seriedad, eficacia y voluntad política los cambios que han de servir para que Cuba, su economía, vuelva al camino de la prosperidad económica.

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Artículo de opinión: Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor y no representan necesariamente el punto de vista de CiberCuba.

Elías Amor

Economista Presidente del Observatorio Cubano de Derechos Humanos Miembro del Consejo del Centro España-Cuba Félix

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