Tanques del Pacto de Varsovia en Praga Foto © Wikimedia Commons

¿En que se parecen Fulgencio Batista y Donald Trump?

1968 fue un año crucial en el siglo XX porque la izquierda ganó la guerra cultural, pese a la brutal invasión del Pacto de Varsovia a la entonces Checoslovaquia, que intentó desmarcarse de Moscú; pero aquel mayo en París y la matanza de Tlatelolco, en México, sirvieron para tapar la violencia comunista, que usó el mito del Che Guevara para afianzar su dominio de masas.

Por si fuera poco, los americanos estaban embarcados en Viet Nam y los hippies enarbolaban su bandera de paz, amor y libertad. Fermento de movimientos populares en las ex colonias francesas, británicas y portuguesas y el coqueteo -paradójico, pero real- de amplios sectores de la cultura y el pensamiento con las revoluciones violentas.

Escenario propicio para que el comunismo avanzara posiciones; aún en medio de la guerra sin cuartel entre Moscú y Pekín, que vivía su trágica "Revolución cultural". Pero quizá nadie contempló la opción de que un checoslovaco renovador y sus compañeros se levantaran contra Moscú, que los aplastó sin miseria.

Viajemos a 2020. La primera hipótesis es que Cuba tuviera su propia Primavera de Praga y para ello se necesita recordar que ambiente reinaba en el mundo en aquel momento.

Es posible que el teléfono rojo, que comunicaba el Kremlin con la Casa Blanca y viceversa, haya timbrado incesantemente y los grandes se hayan puesto de acuerdo. Todo quedó más o menos como estaba y una gran parte de la intelectualidad de dientes para afuera dio la espalda a Castro y a la URSS.

¿Es algo de esto aplicable a Cuba? ¿Cuenta la isla con un Dubcek? ¿Le saldrá respondón Díaz-Canel a un Raúl Castro en retirada; aparecerá de la nada un Jaruzelski cubano?, aunque el jefe militar de Polonia salió a la palestra mucho después del 68 y cuando la oposición anticomunista de Lech Walesa amenazaba el poder real.

Si bien el régimen cubano se ha desmerengado, nadie parece haberse enterado; desde las cancillerías europeas hasta los corredores de Washington la apuesta parece ser a algún general descontento o a un grupo de la nomenclatura dispuesta a correr el riesgo. No hay Kremlin ni PCUS, pero tampoco parece existir un Alexander Dubcek, el checoslovaco que intentó librar a su patria de los designios moscovitas.

Para algunos analistas, este es el momento más débil de régimen cubano, para otros el castrismo, como tal, ya no existe, pero en lo que coinciden muchos es que de cambio nada y ahí están los agentes de la junta y sus amigos en todo el mundo para martillar la narrativa de la inmovilidad.

Fidel utilizaba el espejismo del paraíso terrenal, Raúl se conforma con un empate; mientras, el cuartico está peorcito.

No creo que haya timbrado ningún teléfono rojo ni de ningún otro color; el criterio del poder parece apuntar a una lenta, larga y costosa agonía (la cuenta la pagará el pueblo cubano). Que todo caiga por su propio peso pero más bien que se desintegre. Que no se desplome; eso no.

Viajemos a Estados Unidos, donde estos meses de primavera y verano se me antojan muy parecidos a los del otoño del 1958 en Cuba.

Los astros parecen haberse alineado para perpetrar el eclipse total. Nadie con sentido común puede estar de acuerdo con este loco de Donald Trump; es racista, es misógino, es imbécil, es ignorante, es un genio del mal, está vendido a los rusos, está vendido a los chinos, está destruyendo el país; fue el que trajo el virus. 

Las comparaciones son siempre desafortunadas. Fulgencio Batista Zaldívar y Donald J Trump no se parecen en casi nada; prefiero enumerar las pocas cosas en que se semejan y la encrucijada que se le presenta a cada uno.

1- Si bien Trump no trae la historia de hombre fuerte primero, gobernante democrático después y luego golpista, lo cierto es que ambos cuentan con un período precedente en el que fueron mimados por la opinión pública; hasta los Castro eran amigos de Batista; y Trump se mezclaba y era adulado por numerosos afroamericanos que hoy lo tildan de racista.

2- Para Batista y Trump la prensa es enemigo mortal; en ambos casos se crea una narrativa en la que no puede traslucir nada positivo, lo que en otros es verde en ellos es púrpura; como aquellos 20 mil muertos que se inventó Bohemia y aún le duelen a Cuba.

3- Para Trump y Batista la mayor parte del poder creó la inevitabilidad; se tiene que ir, “cualquier cosa con tal de salir del negro”, se decía en aquel fresco otoño del 58 y “cualquier cosa con tal de salir del colorao” se repite en altavoces en este tardío y virulento verano de 2020.

4- Para muchos expertos el 1957, bajo Batista, fue el mejor año de la economía cubana, por lo menos se logró producir unos siete millones de toneladas de azúcar y la propiedad en manos americanas había descendido al 30%; nadie niega que el general era corrupto, pero los números no mienten.

Bajo Donald Trump se alcanzaron índices de empleo jamás vistos, el bienestar entre minorías aumentó en gran medida y la confianza en nuestra economía, más allá de pandemias y revueltas, se resiste a ceder.

Y aun así se habla de una Cuba muerta de hambre y analfabeta entonces y un Estados Unidos pobre y a la deriva en el que los “blancos andan sueltos cazando negros” ahora.

No importa lo que pueda ocurrir después; hay individuos que deben desaparecer. A Batista se lo cargaron por la fuerza y al controversial magnate de Queens se lo están tratando de cargar de cualquier modo. Y, en el caso de un presidente elegido democráticamente, debíamos y aún estamos a tiempo de reaccionar.

Algunos han caído en la tentación de comparar este momento tan poco americano con la "Revolución Cultural" maoísta, que duró de 1966 a 1976; pero no, aquello fue un brutal ataque de la cúpula para perpetuarse en el poder; mientras que ahora estamos ante un salvaje intento de la Cuarta Internacional, mediante sus operativos dentro y fuera de Estados Unidos, para borrar el rostro, el espíritu y la esencia de occidente.

La ofensiva totalitaria de Mao Zedong fue despiadada, pero limitada a China, mientras que en Estados Unidos nos estamos jugando el presente y el futuro de la humanidad y los demócratas del mundo tenemos la obligación de protegernos, proteger a Occidente y proteger a nuestros hijos y nietos.

¿Cómo alguien sensato puede aceptar que quienes escamotean y silencian la tragedia de Cuba pretendan erigirse en la vanguardia política en la nación más poderosa del mundo? Incluso insistan en presentar a nuestra pequeña isla en un potencia en los ámbitos médicos y sociales.

Muchos estudiosos afirman que los imperios implosionan y que sucumben víctimas de sus propias contradicciones orgánicas; yo estoy de acuerdo, como creo que -en algún momento me debo apear de la guagua; pero me temo que ESTA no sea la parada y que, bajándome aquí, corra el riesgo de quedar solo en medio de un campo baldío a merced de las fieras, las inclemencias del tiempo y mis propios demonios.

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Andrés Alburquerque

Andrés Albuquerque (La Habana, 1956). Se crío en una familia miembro del Partido Socialista Popular. Profesor universitario de Lingüística y Lengua Inglesa. Analista político de America TV y las emisoras Radio Caracol y Radio Actualidad, todas en Miami. Miembro del Partido Republicano de EE.UU.

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Andrés Alburquerque

Andrés Albuquerque (La Habana, 1956). Se crío en una familia miembro del Partido Socialista Popular. Profesor universitario de Lingüística y Lengua Inglesa. Analista político de America TV y las emisoras Radio Caracol y Radio Actualidad, todas en Miami. Miembro del Partido Republicano de EE.UU.